Las alteraciones provocadas por el coronavirus pueden dar tiempo a los educadores para replantearse el sector.

• La tecnología está llenando un vacío y seguirá desempeñando un papel decisivo en la educación de las generaciones futuras.

• En un mundo en el que el conocimiento está a un clic, la función del educador también debe cambiar.

Habría que remontarse a la Segunda Guerra Mundial para ver a tantos países del mundo echar el cierre a las escuelas y las instituciones educativas a la vez y por el mismo motivo. Aunque sabemos que el impacto de este virus va a tener gran trascendencia, ¿qué podría suponer, a largo plazo, para la educación?

Los educadores hablan desde hace un tiempo de la necesidad de replantearse el modo de educar a las generaciones futuras. Esta podría ser la alteración que necesitaba el sector para que todos nos pongamos a rediseñar los métodos educativos y a preguntarnos qué tenemos qué enseñar y para qué estamos preparando a nuestros alumnos. Así, ahora que los educadores tenemos que lidiar con métodos nuevos para comunicarnos con nuestros alumnos, lejos de las aulas, es un buen momento para pensar en cómo esta crisis tan dañina podría ayudarnos a definir cómo debería ser el aprendizaje para las Generaciones Z, Alfa y posteriores.

Actualmente, la mayor parte de los alumnos de nuestras instituciones educativas pertenecen a la Generación Z, una generación que ha crecido en un mundo totalmente globalizado. Es previsible que esta generación, cuyos miembros de mayor edad acaban de cumplir los 25 años, reflexione sobre su educación como resultado de una pandemia mundial, enfrentándose muchos de ellos a la cancelación de exámenes, eventos deportivos o incluso su graduación. Esta generación se caracteriza por la tecnología, y conceptos como el miedo a estar solo (FOBA, por sus siglas en inglés) y el miedo a perderse algo (FOMO, por sus siglas en inglés) reflejan sus expectativas de comunicación y retroalimentación instantáneas, colmadas a través de aplicaciones como Instant Messenger, Snapchat y WhatsApp. Esto incluye también a los padres y los educadores, algo que se está intensificando actualmente con el aprendizaje a distancia.

También es una generación que ve la capacidad del trabajo colaborativo para resolver los mayores desafíos a los que se enfrenta el mundo, con el cambio climático y la salud mental entre las primeras prioridades de su agenda, y, en estos momentos, su responsabilidad colectiva de autoaislarse para proteger a los miembros de la comunidad de mayor edad.

La Generación Alfa, los hijos de los millennials, es la generación con más diversidad racial, para la que la tecnología no es más que la extensión de la conciencia de uno mismo y de la propia identidad y las redes sociales, una forma de vida. Estos jóvenes preescolares son también la generación con las estructuras familiares menos tradicionales, a menudo con «padres bulldozer» que retiran los obstáculos con el fin de despejar el camino para sus hijos. Aunque es posible que la Generación Alfa viva en estos momentos ajena al impacto que tendrá la pandemia mundial en su educación, no cabe duda de que ese impacto va a afectar incluso a nuestros alumnos más jóvenes en los próximos años.

En medio de esta crisis del COVID-19, estamos seguros de que nuestros colegas educadores se preguntan, al igual que nosotros, para qué tendremos que preparar a nuestros estudiantes en el futuro. De acuerdo con un informe de Dell Technologies, el 85 % de los trabajos a los que se dedicarán las Generaciones Z y Alfa en 2030 todavía no se han inventado. Este informe del Foro Económico Mundial apunta a que el 65 % de los alumnos matriculados actualmente en la escuela primaria desempeñarán trabajos que todavía no existen.

La crisis del COVID-19 puede cambiar nuestro mundo y nuestro panorama mundial; también puede enseñarnos cómo tiene que cambiar la educación con el fin de preparar mejor a nuestros jóvenes estudiantes para lo que les pueda deparar el futuro. Estas enseñanzas incluyen:

1. Educar a los ciudadanos de un mundo interconectado

El COVID-19 es una pandemia que demuestra que estamos muy interconectados a escala mundial: las acciones o los problemas aislados son cosas del pasado. Los triunfadores de las próximas décadas tienen que ser capaces de comprender esta interconexión y cruzar las fronteras para aprovechar sus diferencias y trabajar de una forma globalmente colaborativa.

2. Redefinir la función del educador

La idea del educador como el dueño del conocimiento que imparte sabiduría a sus alumnos ya no encaja con el propósito de la educación del siglo XXI. Ahora que, para acceder al conocimiento, e incluso adquirir competencias técnicas, los estudiantes solo tienen que hacer clic en sus teléfonos, tabletas y ordenadores, tendremos que redefinir la función del educador en el aula. Esto puede pasar por modificar la función de los educadores para que faciliten el desarrollo de los jóvenes como miembros contribuyentes de la sociedad.

3. Enseñar las competencias para la vida necesarias para el futuro

En este contexto mundial tan cambiante, los jóvenes necesitan resiliencia y adaptabilidad, dos competencias que se está demostrando que son esenciales para lidiar eficazmente con esta pandemia. De cara al futuro, algunas de las competencias más importantes que van a buscar los empleadores son la creatividad, la comunicación y la colaboración, junto con la empatía y la inteligencia emocional; y la capacidad de superar las diferencias demográficas para aprovechar el poder de lo colectivo con un trabajo en equipo eficaz.

4. Liberar la tecnología para impartir educación

La pandemia del COVID-19 ha obligado a instituciones educativas de todo el mundo a aprovechar y utilizar sin previo aviso el paquete de herramientas tecnológicas que existen para crear contenidos de aprendizaje a distancia dirigidos a estudiantes de todos los sectores. A escala mundial, los educadores están probando nuevas opciones para hacer las cosas de otra forma y con mayor flexibilidad, lo que redunda en beneficios potenciales de accesibilidad a la educación para los estudiantes de todo el mundo. Se trata de métodos docentes nuevos que apenas se habían aprovechado hasta ahora, sobre todo, desde la escuela infantil hasta el último curso de secundaria.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

Es más, nosotros esperamos que para las Generaciones Z, Alfa y las generaciones venideras, estas experiencias de aislamiento y aprendizaje a distancia, lejos de sus compañeros, profesores y aulas sea un prudente recordatorio de la importancia de nuestra necesidad humana de una interacción social cara a cara.