El Informe Global de Competitividad 2019 es una brújula económica necesaria, que se apoya en 40 años de experiencia de análisis comparativo de los impulsores de la competitividad a largo plazo e integra los últimos aprendizajes sobre los factores del futuro de la productividad.

El Índice Global de Competitividad 4.0 está organizado en 12 pilares: instituciones, infraestructuras, implementación de las TIC, estabilidad macroeconómica, salud, habilidades, mercado de productos, mercado laboral, sistema financiero, volumen de mercado, dinamismo empresarial y capacidad de innovación. El índice tiene un sistema de puntuación que varía del 0 al 100, siendo la “frontera” (100) el estado ideal para cada indicador.

Singapur es una de las naciones más cercanas a la “frontera de competitividad”. Entre las grandes economías, Estados Unidos puntúa la más alta y continúa siendo motor de la innovación. De las BRICS, China se clasifica por encima. Las puntuaciones más bajas en el ranking las ocupan economías africanas que no han cruzado todavía la mitad del camino para llegar a la frontera de la competitividad.

Los resultados del Índice y el sistema de puntuación de los países están diseñados para ayudar a evaluar su desempeño comparándolo con su propio historial y el de otros de su misma zona o ingresos. Igualmente, el informe también explica el desarrollo en la economía global que los actores políticos, empresarios e individuales deberían entender y gestionar de forma proactiva.

¿Cuáles son las 5 tendencias en la economía global que ha revelado el Índice de Competitividad Global 4.0 en 2019 y cuáles son las implicaciones para los actores políticos?

1. Los últimos 10 años los líderes mundiales han tomado acciones rápidas para mitigar lo peor de la crisis financiera, pero esto de manera individual no ha sido suficiente para impulsar el crecimiento de la productividad.

Desde la Gran Recesión, los actores políticos han mantenido la economía global a flote principalmente a través de políticas monetarias flojas y poco convencionales. Pero a pesar de la masiva inyección de liquidez - los cuatro bancos centrales más importantes inyectaron 10 billones de dólares entre 2008 y 2017 - el crecimiento de la productividad ha continuado a estancarse durante la última década.

Un exceso de confianza en las políticas monetarias ha contribuido a reducir el crecimiento de la productividad alentando la asignación de capital, con los bancos cada vez menos interesados en préstamos a las empresas, favoreciendo a las firmas que no tienen restricciones de crédito y priorizando las actividades comerciales que generan comisiones. No hay compensación entre los 12 pilares de la competitividad, un notado sistema financiero no puede compensar por una pobre infraestructura física, al igual que la adopción de las TIC no pueden compensar la falta de un ecosistema de emprendimiento e innovación. Los países tienen que perseguir los 12 medios y crear su propia estrategia secuencial para equilibrar y enfocar sus esfuerzos, tomando ventajas de los capitales baratos y la tecnología. Como dice el dicho, “arregla el tejado mientras brille el sol”, los actores políticos tienen una estrecha ventana antes de un receso pronosticado.

2. Con las políticas monetarias perdiendo fuerza, los actores políticos deberían sacar y expandir sus herramientas para incluir una serie de políticas fiscales, reformas e incentivos públicos.

La exclusiva - y tal vez excesiva - confianza en las políticas monetarias ha significado también que las políticas fiscales hayan dejado de usarse tanto, como reflejo de un declive constante en la inversión pública global. A pesar de los bajos costes de los préstamos, el sector público no ha avanzado en las inversiones (los gastos del gobierno como parte de una formación capital fijo en los Estados Unidos fue de 18,3% en 1995 y 15,7% en 2016, en Francia fue del 21% en 1995 y del 15,4% en 2016) en parte debido, en algunas economías avanzadas, a la preocupación por la sostenibilidad de la deuda pública (la deuda pública para el ratio del PIB ha alcanzado el 237% en Japón, 121% en Portugal y 132% en Italia).

Si la “histérisis” ha disminuido constantemente la ruta de crecimiento, entonces los estímulos liderados por la inversión podrían ser la acción apropiada para recomenzar el crecimiento de las economías avanzadas estancadas, especialmente las políticas fiscales que priorizan la inversión en infraestructuras, capital humano, I+D y la contratación ecológica, complementados por reformas estructurales que facilitan la innovación y permiten prosperar a las empresas comprometidas e inclusivas.

3. La adopción de las TIC promoviendo la integración de la tecnología es importante pero los actores políticos deben invertir en paralelo en habilidades de desarrollo si quieren ofrecer oportunidades para todos en la era de la Cuarta Revolución Industrial.

Mientras muchos mercados aventajados y emergentes están abrazando las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, encontrar un equilibrio entre la integración tecnológica, la inversión en capital humano y el ecosistema de innovación será crítico para mejorar la productividad en la próxima década. Con las herramientas y la formación adecuadas, los trabajadores serán los agentes que adopten, conduzcan y realcen el potencial de la tecnología, en vez de verse desplazados por ella. Invertir en las personas no puede ser una idea tardía, es fundamental construir un bloque de crecimiento y resilencia a la Cuarta Revolución Industrial. De todas formas, aunque las publicaciones científicas, solicitudes de patentes, el gasto en I+D y las instituciones de investigación son aspectos bien establecidos para el desarrollo de la innovación, no son suficientes.

Para que las buenas ideas lleguen a la comercialización, un número de factores más “suaves” es igual de importante, como la habilidad de las compañías para adoptar ideas rompedoras (en este aspecto, Alemania es el séptimo con 63,1 puntos mientras que Italia está en el puesto 98 con 39,6 puntos), la actitud hacia el riesgo del emprendimiento (Estados Unidos es la segunda con un 75,9 mientras que Francia está en el puesto 55 con 52,9 puntos), diversidad de la fuerza laboral (Canadá es el quinto con 76,4 puntos mientras que Japón ocupa el puesto 106 con 50,7 puntos) y las estructuras jerárquicas horizontales en las empresas (Dinamarca ocupa el primer lugar con 82,4 puntos y Corea del Sur está en el puesto 85 con 53).

4. La competitividad es clave para mejorar las condiciones de vida, pero los actores políticos tienen que observar la velocidad, dirección y calidad del crecimiento juntos para el comienzo de los años 2020.

El crecimiento económico sostenido sigue siendo crítico para la salida de la pobreza y un conductor principal para el desarrollo humano y las condiciones de vida. Aún así, no es suficiente si buscamos las soluciones para los retos más grandes de la próxima década: construir una prosperidad compartida y gestionar la transición hacia una economía verde. Los datos en el informe muestran un crecimiento notable en la concentración del mercado en las economías emergentes y avanzadas (las evaluaciones de los líderes empresariales de la competencia del mercado en los últimos 10 años ha descendido un 15% en los Estados Unidos y un 12% en Alemania).

Cuando se trata del clima, de los 10 factores ecológicos que pueden desestabilizar el ecosistema del planeta, tres han excedido sus “límites”. La visión tradicional y predominante ha sido que la igualdad y sostenibilidad llega a expensas del crecimiento. Creemos que la verdad está en lo contrario, una falta de prosperidad compartida y sostenibilidad medioambiental corroe el crecimiento de la productividad. Es más, es un deber moral enfocarse no sólo en la velocidad del crecimiento, sino también en su dirección (sostenibilidad medioambiental) y calidad (generar prosperidad compartida).

5. Es posible que una economía crezca de forma inclusiva y sostenible con el medio ambiente, pero necesitamos que más líderes visionarios posicionen las economías en esta trayectoria win-win-win.

Los aparentes intercambios entre factores económicos, sociales y medioambientales pueden emerger por un punto de vista a corto plazo del crecimiento pero ser mitigados al adoptar un enfoque del crecimiento holístico a largo plazo. Algunas economías ya están consiguiéndolo, como Suecia, Dinamarca y Finlandia que no sólo se han convertido en las economías más avanzadas tecnológicamente, innovadoras y dinámicas en el mundo, además ofrecen mejores condiciones de vida y protección social, están más unidas y son más sostenibles que sus pares en niveles similares de competitividad.

De todas formas, la mayoría de países tiene resultados muy diferentes en cuanto a factores sociales y medioambientales aún teniendo niveles parecidos de competitividad actual. Por ejemplo, en el frente medioambiental, mientras Suecia y Estados Unidos tienen una puntuación por encima del 80/100 en competitividad, Suecia aumentó su confianza en las energías renovables en un 13% en los pasados 15 años mientras que los Estados Unidos solo en un 3%. De forma parecida, en el frente de políticas sociales, mientras que Dinamarca y Reino Unido tienen niveles similares de competitividad, lleva dos generaciones de bajos ingresos individuales para alcanzar el ingreso promedio en Dinamarca y cinco años en Reino Unido. La baja puntuación de la mayoría de economías en las medidas de “orientación futura del gobierno” indican que los actores políticos económicos están por debajo de las expectativas de sus poblaciones cuando se trata de construir nuevas economías y sociedades.

El último Informe de Competitividad Global nos muestra cómo la transición a una economía más verde e igualitaria no es sólo posible sino obligatoria para recuperar la productividad. Las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial nos ofrecen las herramientas para alcanzar esta visión. Pero no hay nada determinante en este giro. Los actores políticos, líderes empresariales y los sistemas multilaterales internacionales tienen que trabajar juntos hacia una nueva dirección y tienen que tomar oportunidades visionarias y valientes para liderarnos hacia una trayectoria win-win-win del crecimiento, la prosperidad compartida y la sostenibilidad.