En noviembre de 2019, los residentes en Quito comenzarán a viajar en la primera línea de metro de la ciudad, tres años después de que comenzara su construcción. Se espera que la línea traslade al menos a 300.000 personas diariamente, convirtiéndose en la columna vertebral de lo que se denomina como un "sistema integrado de transporte multimodal" para la capital ecuatoriana. Es la respuesta a lo que ha sido uno de los desafíos más acuciantes de Quito: mejorar las condiciones de movilidad para sus más de dos millones de habitantes.

Ubicada dentro de la compleja topografía de la cordillera de los Andes, Quito se encuentra en medio de montañas y profundos valles. Está atravesada por cuatro fallas tectónicas, 192 desfiladeros y rodeada por 20 volcanes. La ciudad se ha extendido mucho más allá de sus límites geográficos, con el 70 % de su población considerada urbana.

Los residentes de más bajos ingresos se han asentado en áreas en los extremos norte y sur de la ciudad, y en las laderas de las montañas circundantes. Las familias que solían vivir en la meseta central del norte se han mudado a proyectos de vivienda en los valles orientales, que hace apenas dos décadas solían ser zonas rurales.

Restringida por montañas y desfiladeros, el área urbana de Quito ocupa una meseta larga y estrecha. Sesenta por ciento de los trabajos de la ciudad se concentran allí. Más de la mitad de todos los viajes diarios tienen lugar en la meseta, causando graves problemas de tráfico. La congestión, junto con la topografía de la ciudad, ha aumentado drásticamente los tiempos de viaje, incluso los de distancias cortas.

Alrededor del 70 % de los habitantes de Quito usan el transporte público. Esto incluye el sistema de transporte municipal y una red de autobuses gestionada por empresas privadas, así como taxis. El otro 30 % de la población viaja en automóviles privados que ocupan el 60 % de la infraestructura vial de la ciudad. La mayoría de las veces, estos automóviles están ocupados por una sola persona.

La construcción de la primera línea de metro ha sido considerada por la Municipalidad de Quito y los proveedores de los fondos (el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Banco Europeo de Inversiones) como una oportunidad única para desarrollar sistemas más eficientes y tránsito masivo inclusivo para todos los ciudadanos. El objetivo es crear un sistema multimodal, lo que significa que además de las instalaciones actuales de líneas de autobuses, el sistema de bicicletas compartidas y el nuevo metro, se están planeando dos líneas de teleféricos para conectar a las personas de los barrios más altos en las montañas.

Desde 2014, Quito también ha estado trabajando para mejorar la calidad de sus trolebuses. Los nuevos autobuses ayudaron a reducir la cantidad de personas abarrotadas en un metro cuadrado de autobús de 15 a nueve. La seguridad también ha sido clave: las nuevas paradas de autobuses tienen suelo de goma e información en Braille. Las 15 estaciones de metro incluirán ascensores y carriles para sillas de ruedas. En un intento por combatir el acoso sexual, el municipio ofrece "Bájale al Acoso", una plataforma móvil para informar sobre conductas antisociales.

La construcción de la primera línea de metro de la ciudad y su integración con los sistemas de transporte público existentes representan una oportunidad histórica para repensar el desarrollo urbano y su dinámica. Este sistema multimodal cambiará la forma en que las personas se mueven por la ciudad, mejorando la calidad y la eficiencia de sus viajes. También construirá una ciudad más resiliente, adaptando los patrones del crecimiento urbano hacia un entorno metropolitano más sostenible.