Cómo la infraestructura compartida impulsa una IA soberana

Infraestructura compartida para una IA soberana: un modelo que solo tendrá éxito si logramos cimentarlo en la confianza técnica y legal. Image: Usplash/Getty
Florian Mueller
Senior Partner and Head, AI, Insights and Solutions for Europe, Middle East and Africa, Bain & Company Inc.- El debate sobre la inteligencia artificial (IA) se centra cada vez más en las realidades de la infraestructura: el acceso limitado al cómputo, la energía y la conectividad segura, además de modelos de financiamiento que pueden profundizar las dependencias y limitar la participación.
- Una infraestructura de IA compartida tiene el potencial de expandir el acceso global a datos y capacidad de cómputo. Esto ayudaría a más economías, especialmente a las que están en desarrollo, a fortalecer su propia capacidad de IA sin perder un control significativo sobre el proceso.
- Aquí, la confianza será el factor decisivo: la claridad jurídica, los mecanismos sólidos de gestión de datos y las garantías técnicas y operativas determinarán si la infraestructura compartida genera una verdadera inclusión global o simplemente nuevas formas de dependencia.
La infraestructura de inteligencia artificial (IA) es cada vez más crítica: hoy influye directamente en la productividad, los servicios públicos y la seguridad nacional. Por eso, las economías buscan control y resiliencia en la forma en que se construyen, acceden y gobiernan estas capacidades.
No fue sorpresa que la soberanía de la IA fuera un tema central en la reciente Reunión Anual del Foro Económico Mundial 2026 en Davos. Sin embargo, esta ambición suele reducirse a un solo indicador: quién puede construir más rápido centros de datos a hiperescala en su propio territorio.
En enero de 2026, el Foro y la consultora Bain & Company publicaron un informe titulado "Repensar la soberanía de la IA", donde proponen una visión más realista: la soberanía entendida como una interdependencia estratégica.
Esto es vital porque la infraestructura de vanguardia ya está extremadamente concentrada. Solo unos pocos países lideran el acceso a chips avanzados, energía confiable y centros de datos de alta seguridad; de hecho, EE. UU. y China concentran por sí solos cerca del 65% de la inversión global en IA.
Sin nuevos modelos de infraestructura, muchas economías —especialmente las que están en desarrollo— corren el riesgo de perderse los beneficios totales de la IA. La infraestructura compartida puede democratizar el acceso, pero solo si se diseña desde la confianza.
Por qué la soberanía de la IA se está volviendo una crisis de infraestructura
El informe prevé que la inversión en infraestructura dedicada a la IA —como centros de datos equipados para procesar cargas de trabajo avanzadas— crecerá entre un 10% y un 15% anual, superando los 400 000 millones de dólares para 2030.
El despliegue de la IA se acelera y la demanda de cómputo es ahora una limitación estratégica. No se trata solo de tener GPUs, sino también de capacidad en la red eléctrica, instalaciones de máxima seguridad y redes de alta velocidad que conecten los datos con los usuarios.
Para muchas economías, el verdadero cuello de botella son los tiempos de ejecución. Mientras que un centro de datos se planea en meses, conseguir los permisos de uso de suelo y energía puede tomar años. En el Reino Unido, por ejemplo, la espera para conectarse a la red eléctrica llega a ser de ocho a diez años, lo que obligó al gobierno a crear zonas de crecimiento de IA para acelerar los permisos de construcción.
Además, los chips avanzados siguen escaseando, y recursos como el agua, el talento y el capital están distribuidos de forma muy desigual. Además, la disponibilidad de capital depende cada vez más de la capacidad financiera y de los compromisos energéticos a largo plazo.
Incluso cuando las condiciones están dadas, los sacrificios son evidentes. Ir rápido suele implicar una mayor dependencia de unos pocos proveedores. Construir a gran escala mejora los costos por unidad, pero concentra el riesgo operativo y cibernético. Además, apostar hoy por una infraestructura fija puede limitar la capacidad de maniobra a medida que la tecnología y la geopolítica evolucionan.
En resumen, alcanzar la soberanía de la IA implica decidir qué infraestructura se debe anclar localmente, a qué se debe acceder mediante socios de confianza y cómo mantener la resiliencia de esas decisiones a través del tiempo.
En resumen, lograr la soberanía en IA no es solo construir; es decidir qué se queda en casa, a qué se accede mediante socios de confianza y cómo mantener esa resiliencia en el tiempo. Estas decisiones se analizarán a fondo en una próxima publicación en la Reunión sobre Crecimiento y Colaboración Global del Foro, que se celebrará en Yeda, Arabia Saudita, en abril de 2026.
Lo novedoso en la era de la IA es la necesidad de gobernar no solo dónde residen los datos, sino también dónde se procesan.
”Lo que la infraestructura compartida es (y lo que no)
La infraestructura compartida abarca acuerdos que amplían el acceso al cómputo, almacenamiento y conectividad bajo salvaguardas exigibles. Así, las economías pueden ampliar sus capacidades sin ceder el control sobre cómo se gobiernan sus datos y cargas de trabajo críticas.
Esto puede tomar distintas formas: desde capacidad regional compartida hasta el uso de proveedores socios que operan bajo controles técnicos y contractuales específicos. También incluye a las "embajadas digitales", que permiten alojar datos y procesar cargas de trabajo en el extranjero bajo protecciones legales y requisitos de seguridad acordados (como el acuerdo de embajada digital entre Estonia y Luxemburgo).
Lo novedoso en la era de la IA es la necesidad de gobernar no solo dónde residen los datos, sino también dónde se procesan.
Cabe destacar que la infraestructura compartida no es automáticamente más barata ni más segura. Si bien puede acelerar el acceso y reducir la inversión de capital inicial, también puede introducir complejidad jurídica, riesgos operativos y nuevas formas de dependencia.
Por lo tanto, la pregunta práctica es: ¿cómo pueden las economías aprovechar estos modelos compartidos sin comprometer la confianza?
Para responder esto, durante una sesión en Davos titulada "Embajadas digitales para una IA soberana", el Foro anunció un esfuerzo multisectorial para diseñar un marco global que identifique los principios fundamentales y los retos de este modelo en la era de la IA.
3 preguntas que definen la confianza en la infraestructura compartida
La infraestructura compartida de IA solo puede preservar el control si la confianza se integra desde el diseño —legal, técnica y operativamente— y si esta se mantiene frente a los cambios tecnológicos, sociales y geopolíticos.
Antes de firmar o ampliar acuerdos de este tipo, las economías deberían considerar estas tres preguntas críticas:
1 ¿Qué reglas se aplican y qué pasa si las leyes entran en conflicto?
Hay que ser explícitos sobre la jurisdicción, la resolución de disputas y cómo funcionará el acuerdo si las regulaciones divergen o si se invocan poderes de emergencia.
2. ¿Qué hace que las protecciones sean exigibles en la práctica?
Es necesario definir controles concretos: desde quién tiene acceso físico a las instalaciones hasta cómo se protegen los datos confidenciales y las cargas de trabajo durante su procesamiento, no solo cuando están almacenados o en el papel.
3. ¿Cómo se demuestra la confianza de forma continua?
Se requieren garantías constantes, como auditorías, protocolos de respuesta a incidentes y opciones de salida viables para evitar quedar atrapados en una dependencia regional o de un solo proveedor.
La inclusión es la meta y 2026 es el punto de inflexión
Resolver estas dudas sobre la confianza es vital porque, al final, la infraestructura compartida busca fomentar la inclusión: ampliar la participación en las capacidades de IA en lugar de concentrarlas.
Por eso fue tan relevante la Cumbre sobre el Impacto de la IA 2026 en India, celebrada recientemente en Nueva Delhi. El evento puso el foco en el impacto y en una IA inclusiva y, por extensión, en las decisiones necesarias para que los beneficios de esta tecnología lleguen a todos. Las decisiones tomadas este año definirán si la soberanía de la IA se convierte en una brecha cada vez más profunda o en una base compartida.
Si la soberanía de la IA está en auge, la infraestructura compartida puede ayudar a que sea inclusiva, pero solo si la diseñamos para que sea digna de nuestra confianza.
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