Opinión
Cómo impulsar una década de crecimiento en Europa

En las últimas décadas, un laberinto de normas locales, nacionales y de la Unión Europea ha mermado severamente la capacidad del continente para consolidar campeones globales. Image: REUTERS/Yves Herman
- Europa necesita un giro radical hacia un marco ágil y orientado a resultados para superar el estancamiento sistémico que hoy impone la burocracia.
- Priorizar la velocidad de ejecución y reducir la complejidad normativa permitirán al continente competir con el acelerado crecimiento industrial de otras regiones.
- Pasar de esquemas de subsidios complejos a contratos de adquisición basados en el mercado será clave para impulsar a la próxima generación de empresas líderes europeas.
Las estadísticas son contundentes: desde 2022, solo en Alemania se han creado 325 000 nuevos puestos de trabajo dedicados exclusivamente a gestionar el aumento de la burocracia.
Prácticamente no existe un sector en Europa que no esté exigiendo una reducción drástica de la regulación para que las empresas puedan enfocarse en el crecimiento y no solo en el cumplimiento normativo. Estos reclamos cobran fuerza mientras el continente lucha contra un crecimiento lento, fricciones comerciales y la intensa competencia industrial de China.
En las últimas décadas, un laberinto de normas locales, nacionales y de la UE ha mermado la capacidad de Europa para consolidar campeones globales o ejecutar proyectos de infraestructura en los plazos y presupuestos previstos. No siempre fue así: en los años 70 y 80, Francia construyó 34 reactores nucleares en poco más de una década como parte del famoso Plan Messmer.
Hoy, la realidad es otra: el costo ajustado por inflación de construir un megavatio nuclear en Francia ha subido un 245% desde 1978, y su reactor Flamanville-3 tardó 17 años en completarse. En contraste, los costos de construcción nuclear en China han caído significativamente en las últimas dos décadas.
La capacidad de China para construir a gran escala y con rapidez no se limita a la energía nuclear. En 2024, el país instaló 329 GW de energía solar —equivalente a 329 reactores nucleares— y planea agregar otros 2 TW para 2030.
Hacia un enfoque ágil y orientado a resultados
En las últimas décadas, la toma de decisiones en la UE se ha regido por dos pilares: la regulación proactiva y exhaustiva de las nuevas industrias, y la movilización de grandes inversiones públicas hacia sectores estratégicos. Sin embargo, ninguna de estas apuestas ha logrado que emerja un líder mundial.
Para combatir el estancamiento y ofrecer una década de crecimiento a sus ciudadanos, la UE necesita un marco de acción fundamentalmente distinto: uno que acelere tanto la toma de decisiones como la ejecución de políticas, y que se guíe por las fuerzas del mercado en lugar del enfoque de "mando y control" que suele aplicarse a nivel nacional y de la Unión. En particular, tres principios deberían regir las futuras políticas de la UE:
1. Reducir la complejidad
La UE debe priorizar la reducción de la carga regulatoria y la burocracia que asfixian a los ciudadanos, a las empresas y a los proyectos estratégicos. La regulación debería ser "bajo demanda" y no "siempre activa"; los legisladores solo deberían intervenir cuando exista una falla de mercado evidente que amenace a los consumidores o afecte la libre competencia.
Esto representa un giro radical frente a la tendencia actual de un enfoque regulatorio agresivo y altamente prescriptivo, que cada vez genera más fallas de mercado en lugar de corregirlas. Según el informe State of European Tech 2025, la proporción de fundadores tecnológicos que consideran favorable el entorno normativo es de apenas un 18%, una cifra incluso menor que la de 2024. En tecnologías críticas e industrias clave donde Europa está perdiendo terreno, la carga regulatoria no debería superar significativamente los estándares de EE. UU. y China, una brecha que hoy existe en todas las tecnologías esenciales, desde la IA y la fusión hasta las baterías.
2. Rapidez de ejecución por defecto
Las crisis recientes han demostrado que la velocidad de ejecución es una cuestión de voluntad, no del destino. El caso de la empresa alemana Rheinmetall, que logró abrir una nueva planta en Europa en solo 14 meses —un proceso que suele tomar hasta cuatro años—, demuestra que la burocracia puede superarse cuando hay sentido de urgencia y voluntad política.
Europa necesita una modernización radical: debemos ampliar nuestra producción energética, modernizar la infraestructura física y digital, y reconstruir rápidamente nuestra base industrial y de defensa. Un referente para esta transición debería ser la propuesta de la Comisión Europea de limitar a 60 días la concesión de permisos para proyectos de defensa, lo que contrasta drásticamente con los retrasos de varios años que hoy son la norma en el continente.
Estos cuellos de botella no se limitan a la infraestructura física; también afectan a la tecnología y la innovación. Actualmente, la adjudicación de fondos de Horizonte Europa tarda un promedio de 273 días. En el vertiginoso mundo de la IA, eso es una eternidad. Debemos eliminar este "impuesto burocrático" sobre la ciencia; deberíamos ser capaces de hacerlo en un mes. Además, reducir en un 70% la carga administrativa —que hoy consume un tercio del tiempo de los investigadores— impulsaría de inmediato la capacidad científica de Europa sin gastar un solo euro adicional.
Debemos priorizar la rapidez como principio rector, en lugar de esperar a que otra crisis fuerce regímenes de permisos de emergencia.
3. De los subsidios a los contratos comerciales
Especialmente en el sector tecnológico, las empresas prefieren generar ingresos antes que recibir subsidios. Un enfoque de la UE más orientado al mercado implica apoyar a las startups actuando como su cliente, en lugar de tratarlas simplemente como gestoras de complejos esquemas de subvenciones.
Los acuerdos de compra para soluciones futuras —como los Compromisos de Mercado Avanzados— ayudan a crear mercados reales e impulsan a las empresas de Deep Tech con ciclos de I+D prolongados. Estos contratos garantizan flujos de ingresos predecibles que facilitan la atracción de capital de riesgo y de crecimiento.
Como parte de este cambio, los gobiernos europeos también deberían priorizar las soluciones soberanas y a las pymes en sus procesos de contratación pública. Actualmente, aunque las pymes representan el 99% de todas las empresas, solo reciben el 30% del valor total de las compras estatales.
Un llamado urgente a los resultados
Quienes dictan las políticas ya no pueden ignorar el llamado urgente a entregar resultados. Ejemplos tanto en nuestro continente como en el exterior demuestran que es posible lograr grandes hitos con rapidez: Polonia ha construido 4000 kilómetros de nuevas autopistas desde su ingreso a la UE en 2004; Ucrania digitalizó toda su administración pública en tiempo récord; y la planta de Tesla en China se levantó en solo 168 días. En esta carrera global, subestimar a los demás corre por nuestra cuenta y riesgo.
Existe una enorme energía en el continente con el deseo de construir el futuro. Hoy en día, Europa compite con EE. UU. en la creación de startups, con miles de nuevas empresas de alto crecimiento que se lanzan cada año. Sin embargo, este potencial solo se traducirá en "campeones globales" y en la creación de riqueza duradera si la UE redescubre sus raíces de mercado, reduce la complejidad y adopta la rapidez como su principio operativo clave. Hacerlo permitiría ofrecer resultados claros y tangibles, desbloqueando así una década de crecimiento europeo.
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