El ciclismo está experimentando un renacimiento en la congestionada capital mexicana, la metrópoli más grande de Norteamérica y hogar de más de 20 millones de habitantes, mientras los residents buscan distancia social y evitan el transporte público en medio de la pandemia del coronavirus.

Una caótica red de metro y autobuses forma la columna vertebral del sistema de transporte público de Ciudad del México. Antes de la epidemia, millones de viajeros se trasladaban a sus casas y trabajos, a menudo apretujados.

“Mucha gente ha optado por comprar su bici y usarla como medio de transporte para ir al trabajo, para pasear, para estar activo”, dijo Valentín Nájera, dueño de una tienda de bicicletas en la capital. “Ha habido (un aumento en las ventas) desde (que estalló) la pandemia”.

Un hombre pasa en bicicleta por el Monumento de la Revolución mientras continúa el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19) en Ciudad de México, México, el 28 de agosto de 2020.
Un hombre pasa en bicicleta por el Monumento de la Revolución mientras continúa el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19) en Ciudad de México, México, el 28 de agosto de 2020.
Imagen: REUTERS/Carlos Jasso - RC2VPI9UJY8B

El gobierno de Ciudad de México ha tomado nota del cambio e implementó nuevos proyectos de planificación urbana, incluido un anuncio reciente de más de 64 kilómetros de ciclovías.

Esperan que el cambio entre los viajeros se Mantega mucho después de que la pandemia sea solo un mal recuerdo.

“Prefiero andar en la bici que andar en el metro para no exponerme tanto por la situación que estamos viviendo”, confesó el abogado Iván Pastor. “Y también por un habito de salud”.

Moverse en bicicleta por la ciudad, situada en un valle a 2,240 metros sobre el nivel del mar, es un buen ejercicio y también podría ayudar a reducir la contaminación agravada por el enorme parque automotor.

Si bien en otras latitudes la pandemia ha traído una mejora de la calidad del aire, la contaminación de las plantas de energía cercanas, los generadores a diésel y los frecuentes incendios forestales se han encargado de que Ciudad de México permanezca llena de esmog.