La crisis mundial de salud mental podría costarle al mundo 16 billones de dólares para 2030. Con el aumento de los trastornos mentales en todos los países del mundo, ningún lugar es inmune.

La mala salud mental impide que los empleados alcancen su máximo potencial y los obliga a tomarse más días de licencia por enfermedad, lo que retrasa la productividad y el crecimiento económico. Este es también un desafío con consecuencias en toda la sociedad. La soledad y el aislamiento afectan a muchas de las personas más vulnerables entre nosotros. Las personas con enfermedades graves, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, son especialmente propensas a ser marginadas por sus comunidades. Aquellas personas que sufren las enfermedades más graves pagan con sus vidas, y mueren prematuramente, hasta dos décadas antes de su tiempo.

Afortunadamente, al llegar a Davos este año, estamos ante un cambio radical en la manera en que el mundo aborda la salud mental.

En los niveles más altos del gobierno, el sector privado y la sociedad civil, los líderes están dando un paso al frente y se están comprometiendo a promover diálogos positivos sobre la salud mental. Esto significa cambios culturales en nuestros espacios compartidos: en el lugar de trabajo, en las escuelas y en las comunidades. Y este impulso proviene tanto del hemisferio sur como del norte.

En el transcurso de 2018, una iniciativa de salud mental de Zimbabue, Friendship Bench (el Banco de la Amistad), se abrió camino desde Harare a conferencias en el Reino Unido y Qatar. El programa Friendship Bench capacita a las abuelas para ayudar a las personas con problemas de salud mental y hablar sobre cómo encontrar soluciones a sus problemas. Esta solución relativamente simple y altamente eficaz es un ejemplo inspirador de la transferencia de conocimientos del sur al norte: la ciudad de Nueva York ha adaptado el concepto para sí misma. El Banco de la Amistad se presentará en la reunión anual del Foro Económico Mundial de este año, y acogerá a los líderes para que se sumen a él y examinen su compromiso para mejorar la salud mental en sus organizaciones y en todo el mundo.

Una de las escalas en los viajes del Banco fue la primera Cumbre Mundial de Salud Mental Ministerial en Londres, que generó recomendaciones para los ministros y una declaración mundial sobre el logro de la igualdad para la salud mental. La Cumbre también puso en marcha la Comisión Lancet sobre Salud Mental Global y Desarrollo Sostenible, que sostuvo de manera sistemática que los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU no se pueden lograr sin hacer grandes mejoras en el tratamiento, la prevención y la promoción de la salud mental. No fue algo pasajero; hoy la cumbre es anual y tendrá lugar nuevamente en 2019, esta vez en los Países Bajos.

La salud mental también fue un tema clave en otra reunión mundial aún más grande en 2018: la Asamblea General de las Naciones Unidas. El tema se trató como tema destacado durante la reunión de alto nivel sobre enfermedades no transmisibles, celebrada durante la Asamblea. Además, los Gobiernos de Canadá, Ecuador, Bélgica, Baréin y los Países Bajos se reunieron con United for Global Mental Health en un evento paralelo histórico, unidos bajo la consigna de que era “Hora de actuar sobre la salud mental mundial”. Para hacer del evento una realidad, los gobiernos colaboraron con organizaciones filantrópicas; el día fue copresidido por los jóvenes y dio una plataforma destacada a las personas con experiencias vividas.

Este tipo de esfuerzo de múltiples interesados es exactamente lo que necesitamos ver más en 2019 y los años subsiguientes. En la reunión anual de este año, el Foro Económico Mundial llevará a cabo un ambicioso programa de salud mental que esperamos influya en los sectores público y privado, así como en la sociedad civil. Fundamentalmente, queremos ayudar a liderar un cambio en la forma en que las sociedades en general evalúan y gestionan la salud mental para lograr los objetivos ya acordados por los líderes como parte del Plan de acción mundial sobre salud mental de la OMS desarrollado en 2013, y la visión establecida por la Comisión Lancet.

Los problemas de salud mental son comunes en todo el mundo.
Imagen: Nuestro mundo en datos

Para lograrlo, proponemos los siguientes objetivos generales:

El tratamiento de las enfermedades mentales debe seguir siendo un pilar de las respuestas a nivel mundial, pero debemos esforzarnos por prevenirlas. Para detener los trastornos como la depresión y la ansiedad antes de que se arraiguen será necesario una recalibración de las culturas de todo el mundo. Dado que la evidencia muestra que la intervención en la juventud está vinculada a un mayor bienestar durante toda la vida, los mecanismos preventivos que abordan la enfermedad mental en forma temprana son cruciales.

El desarrollo de habilidades para una mejor comprensión y manejo de la salud mental debería ser una prioridad para todos. Este desarrollo de habilidades puede llevarse a cabo en las escuelas y en el lugar de trabajo. Por ejemplo, debemos reconocer que las habilidades como la empatía, la escucha activa, la resiliencia y la inteligencia emocional son fundamentales para el éxito en el siglo XXI. En el lugar de trabajo, los líderes corporativos deben intentar terminar con el estigma al hablar sobre la salud mental y poner en marcha estructuras a través de las cuales sus empleados puedan acceder a los servicios de apoyo.

La colaboración mundial multisectorial es clave para el éxito en 2019. La reciente Comisión Lancet proporciona orientación sobre los principios y acciones que deben seguir los líderes mundiales y menciona a las asociaciones como un factor clave de éxito. Iniciativas como City Mental Health Alliance, One Mind Initiative at Work, el desafío ‘Mental Health in the Workplace’ de la Unión Europea y ‘Mental Health At Work’, dirigida por la organización benéfica de salud mental Mind y con el apoyo de The Royal Foundation en el Reino Unido, están trabajando para mejorar la salud mental en el trabajo y establecerla como un “problema serio”. Debemos respaldar iniciativas como esta, aprender de ellas y desarrollarlas para que las organizaciones de todas las formas y tamaños puedan perfeccionar sus propias maneras de promover la salud mental.

El impulso mundial en torno a la salud mental ofrece oportunidades emocionantes, aunque también es necesario que se aproveche de manera adecuada. Las metas principales del calendario 2019 se deben tratar como plazos, no solo eventos. La reunión anual de este año sirve como un taller para crear mecanismos de rendición de cuentas, de modo que el mundo sepa exactamente qué deberían haber logrado empresas, países, organizaciones internacionales y demás sectores en la Asamblea Mundial de la Salud en mayo, en la Asamblea General de la ONU en septiembre y en la reunión anual del 2020.

Confiamos en que los objetivos comunes elaborados por la comunidad mundial de salud mental continúen perfeccionándose en Davos. Dada la gran cantidad de compromisos, estos objetivos continuarán ampliándose aún más durante 2019, a medida que se acuerden los objetivos, se establezcan canales de responsabilidad y se alineen los recursos.

Se han sentado bases sólidas para un cambio radical en 2018. Más allá de eso, esperamos que la salud mental cobre un mayor impulso en 2019 y alcance un primer momento de acción en 2020: aprovechando todo lo que ya se ha logrado y acercándose a un mundo donde todos, en todas partes, tengan a quién recurrir cuando la salud mental necesite apoyo.

Es hora de actuar sobre la salud mental.