Hace cuarenta años, alrededor de uno de cada 100 niños era obeso. A nivel mundial, ahora cerca de seis cada 100 niños son obesos. ¿Y en el Reino Unido? 20.

Trabajo en una de las fundaciones benéficas más grandes del Reino Unido. Trabajamos en un barrio pobre de la ciudad de Londres con complejos desafíos de salud urbana. Nuestro modelo de trabajo es probar y explorar ideas, y compartir lo que descubrimos con otras personas que trabajan en áreas urbanas similares, en el Reino Unido y otros países.

Estamos en los comienzos de un programa de diez años de duración que aborda la obesidad infantil en nuestros vecindarios locales. Nos enfocamos en la obesidad infantil porque Londres tiene las tasas más altas de cualquier ciudad importante en el mundo, porque afecta de manera desproporcionada a las comunidades más desfavorecidas y porque sus efectos se prolongan durante toda la vida.

Para buscar información para nuestro trabajo, durante todo el año pasado investigamos qué hay detrás de las tasas de obesidad infantil en las zonas urbanas desfavorecidas y, lo que es igualmente importante, cómo se puede abordar este problema con éxito. Y las conclusiones, extraídas de la ciencia del comportamiento, la experiencia vivida y los profesionales más renombrados, son fascinantes. Nos dicen que tenemos que replantear y repensar el problema

Cómo se enmarca el problema

En la opinión pública se ha instalado una historia muy clara sobre la obesidad infantil: que es un problema relacionado con las personas, con la poca fuerza de voluntad y con la mala toma de decisiones. Y si el problema se plantea de esa manera, la respuesta es simple: enséñele a las personas cuál es la opción correcta y deje el resto en sus manos.

El problema es que esta narrativa simple pasa por alto gran parte de la evidencia de la ciencia del comportamiento de que la obesidad infantil es una respuesta normal a entornos anormales. A menudo, la forma de consumir alimentos no es una decisión consciente. Es más bien una respuesta automática a las señales de nuestro entorno, y los entornos de los barrios pobres nos bombardean cada vez más con una abrumadora cantidad de oportunidades que incitan a comer alimentos de alto valor energético y a ser, además, poco activos.

Pero quizás lo que es más fascinante es la respuesta de las personas con experiencia a la pregunta sobre qué causa obesidad en estos entornos a menudo pobres y en las zonas urbanas deprimidas. ¿Su respuesta? Que es un problema de las personas, de la poca fuerza de voluntad y de las malas decisiones.

Esto es significativo. Muestra que este encuadre de la obesidad infantil como un problema de las personas, independientemente de los entornos en los que viven, es la norma. Por lo tanto, tenemos que cambiar la historia si queremos hacer un progreso significativo.

Imagen: MoreLife

El problema de la desigualdad

La obesidad infantil es un problema en todas partes, pero lo que a menudo resulta contradictorio es cuán estrechamente se relaciona con la privación. En el Reino Unido, por ejemplo, los niños de las áreas más pobres tienen el doble de probabilidades de ser obesos que los de áreas más ricas. Esta "brecha de privación" relacionada con la obesidad infantil ha crecido un 50 % en los últimos 10 años.

Y es especialmente pronunciada en los entornos pobres de la ciudad. Tomemos como ejemplo Dulwich Green, un barrio próspero en el sur de Londres. Tiene un ingreso familiar promedio de £ 60.000, uno de cada cinco residentes pertenecen a minorías étnicas y uno de cada 10 niños son obesos. Compare esto con Camberwell Green, otro vecindario cercano. Aquí, los ingresos medios del hogar son de £ 30.000, tres de cada cinco residentes son de origen étnico minoritario, y uno de cada tres niños son obesos, la tasa más alta de Europa.

Esto es importante porque la evidencia de la ciencia del comportamiento sugiere que las malas decisiones se ven agravadas por la escasez, y las familias en áreas desfavorecidas tienen menos defensa cognitiva contra los entornos insalubres. La enorme presión que implica tratar de sobrevivir simplemente no deja espacio libre para pensar en tomar decisiones saludables. Entonces, si queremos lograr un progreso significativo, debemos romper este vínculo entre la privación y la obesidad, y centrar los esfuerzos donde más se necesitan.

Acción acumulativa, coordinada y a largo plazo

Pero debemos ser positivos, porque muchas ciudades del mundo han logrado avances considerables en la lucha contra la obesidad infantil.

La lección consistente que se destaca en todos los casos es la cantidad de actores diferentes que deben participar. Los entornos en los que viven nuestros hijos, hogares, escuelas y calles, reciben influencia de todos nosotros. Ahora esto puede parecernos abrumador, o podemos verlo de manera más positiva: que cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar. Y la evidencia demuestra que, si bien el problema es complejo, las soluciones no tienen que serlo.

Lo más importante es ponerse en marcha, centrarse en los cambios pequeños pero sostenibles, y ser lo más amplio posible al abordar los muchos factores diferentes que influyen en el peso no saludable.

Por ejemplo, en los últimos cinco años, Ámsterdam ha construido más carriles para bicicletas, cambiado los servicios de catering escolar, prohibido anuncios de comida chatarra dirigidos a niños, cambiado la ubicación de algunos productos en las tiendas y nombrado a más de 300 embajadores de salud voluntarios. ¿El resultado? Casi el 10 % de reducción de los niveles de obesidad.

Punto de inflexión

Este es un momento importante para enfrentar la obesidad infantil y una oportunidad real para hacer lo que se necesita en todo el mundo. Nuestra esperanza es que estos tres puntos: que debemos centrarnos en los entornos; que debemos concentrar esfuerzos adicionales en abordar la brecha de la privación; y que el progreso es posible, pero solo con el esfuerzo colectivo y acumulativo, pueden marcar un punto de inflexión significativo no solo en lo que debemos hacer, sino en cómo debemos hacerlo.