Opinión

Transición energética

Por qué las empresas estatales son clave para el éxito del cero neto

Turbinas eólicas y paneles solares conectados por una red digital que representa la transición hacia el cero neto.

Como motores políticos y fuentes de emisiones, las empresas estatales se sitúan en el centro de la carrera global por el cero neto. Image: Getty Images/iStockphoto

Abhinav Jindal
Senior Faculty, Power Management Institute
Sandeep Pai
Senior Lead, International Energy Transitions at the Nicholas Institute for Energy, Environment & Sustainability, Duke University
Este artículo es parte de: Centro de Energía y Materiales
  • Las empresas estatales son piezas clave del sistema energético mundial y producen casi el 50% de los combustibles fósiles del mundo.
  • Como grandes emisores e instrumentos políticos de los gobiernos, tienen un papel fundamental en la transición hacia el cero neto.
  • El futuro de las grandes estatales está ligado a las ambiciones climáticas globales y al desarrollo sostenible.

La carrera mundial hacia las emisiones netas cero normalmente se cuenta como una historia de empresas emergentes "verdes", inversores privados y audaces objetivos climáticos de las multinacionales. Pero falta un protagonista y se pasa por alto una potencia que se encuentra en el centro del sistema energético mundial y de la transición: las empresas estatales.

Estas empresas tienen la doble misión de asegurar la rentabilidad comercial y cumplir objetivos sociales más amplios, como la generación de empleo, el desarrollo regional y la prestación de bienes públicos. Operan infraestructuras nacionales esenciales, garantizan la seguridad energética y proporcionan empleo en regiones donde la inversión privada puede ser escasa.

Dado su tamaño, muchas de estas empresas constituyen una parte considerable del producto interno bruto nacional. No son solo actores comerciales, sino que actúan como brazos del Estado y son fundamentales para las estrategias de desarrollo nacional.

Un papel clave en las economías nacionales

Las empresas estatales desempeñan un rol fundamental en muchas economías al proveer bienes y servicios en sectores estratégicos como energía, recursos naturales, infraestructura y finanzas. Desde las empresas de servicios públicos chinas hasta los gigantes petroleros saudíes y las carboneras de la India, estas entidades son la columna vertebral de sus naciones y, a su vez, algunos de los mayores emisores de gases de efecto invernadero.

En casi todo el Sur Global, las estatales dominan la energía, la minería, el transporte y las finanzas, gestionando infraestructuras críticas y cadenas de valor completas. De hecho, en el sector energético, son responsables de aproximadamente la mitad de la producción de combustibles fósiles.

Al ser tanto una fuente mayor de emisiones como un instrumento político poderoso para los gobiernos, estas empresas son una parte esencial de la solución y no solo del problema. Los objetivos de cero emisiones netas son inalcanzables sin ellas; su transformación no es opcional, sino un requisito previo para el éxito de la transición climática global.

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Muchas de estas empresas estatales son líderes nacionales y suelen servir de referencia para que otras sigan su ejemplo. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre 2000 y 2023, el número de estatales entre las 500 empresas más importantes del mundo por ingresos se multiplicó por cuatro.

Sus acciones influyen considerablemente en la viabilidad, el ritmo y la equidad de las rutas nacionales —y, por tanto, mundiales— hacia el cero neto. En resumen: el camino hacia las cero emisiones netas pasa por las salas de juntas de las grandes empresas estatales del mundo.

La diplomacia climática ha ignorado durante mucho tiempo las alianzas globales de empresas estatales y, en ocasiones, incluso las ha demonizado. Ha llegado el momento de reconocerlas como actores económicos clave e instrumentos de la política estatal. Por ello, la diplomacia climática debe ir más allá de los gobiernos y las empresas privadas para incluir a estos gigantes estatales en la mesa de negociaciones.

Una transformación compleja pero fundamental

A mediados de siglo, es probable que las empresas estatales se parezcan muy poco a los gigantes que hoy dominan el sector de los combustibles fósiles. Las que apuesten por la diversificación lograrán transformarse, sobrevivir y crecer; las que se queden ancladas en tecnologías y modelos de negocio del pasado, probablemente desaparecerán.

Transformar estas empresas es un reto debido a la cultura burocrática arraigada, la interferencia política y los mandatos contradictorios que priorizan los ingresos o el empleo a corto plazo sobre la sostenibilidad a largo plazo. Sin embargo, ya existen ejemplos excelentes de rutas de cambio exitosas.

Muchas estatales también enfrentan estructuras de gobernanza débiles y una rendición de cuentas limitada. En aquellas que dependen de los combustibles fósiles, los grupos de presión suelen resistirse a la diversificación, frenando la inversión en nuevos sectores. Además, las restricciones financieras y la deuda heredada pueden limitar su capacidad para dar el giro hacia infraestructuras verdes.

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Estos desafíos estructurales implican que, sin reformas deliberadas, muchas estatales corren el riesgo de convertirse en obstáculos para la transición al cero neto en lugar de impulsarla. Si bien tienen el tamaño y la capacidad para acelerar este proceso, sus estructuras de gobernanza y cultura organizativa podrían frenar el progreso a menos que atraviesen una reforma fundamental.

La primera categoría de empresas estatales incluye aquellas que se transforman por completo desde adentro. Por ejemplo, la Red Eléctrica de China (State Grid Corporation), la mayor del mundo, invierte fuertemente en redes inteligentes, digitalización y almacenamiento para integrar 1200 GW de capacidad de energía renovable para 2030.

Por su parte, la noruega Equinor (antes Statoil) se ha reinventado como una energética diversificada con grandes proyectos eólicos en el mar del Norte. Esto requiere un liderazgo visionario del consejo de administración y una ejecución que sepa navegar la economía política del país.

La segunda categoría implica cambios estratégicos en la cartera más que una transformación total. La singapurense Temasek Holdings ha trasladado inversiones clave a start-ups de tecnología climática y energías renovables, integrando la sostenibilidad en su filosofía de inversión.

Los vehículos principales para estos cambios suelen ser nuevas empresas conjuntas o filiales. Por ejemplo, NTPC Ltd, la mayor eléctrica de la India, ha creado varias firmas para invertir en energías renovables, energía nuclear e hidrógeno verde.

Integrar las empresas estatales en la diplomacia y las finanzas climáticas

Dada la importancia estratégica de las estatales para la acción climática y la transición hacia el cero neto, el multilateralismo y la política exterior deberían integrarlas como actores centrales. Esto implica incorporarlas a la diplomacia climática, alinear el financiamiento con su transformación y fomentar alianzas globales entre ellas.

Para lograrlo, los acuerdos bilaterales y multilaterales deben abordar explícitamente a las empresas estatales. Los foros climáticos, desde el G20 hasta el proceso de la COP, deben desarrollar métricas específicas para su descarbonización y gobernanza.

Por ejemplo, un compromiso del G20 para que las estatales informen de forma transparente sobre sus emisiones e inversiones generaría una presión efectiva sobre las empresas públicas más contaminantes del mundo.

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Para alinear el financiamiento climático con la transformación, los bancos de desarrollo, fondos soberanos y agencias de crédito deben convertir la condicionalidad verde en la norma para las estatales. Instituciones como el Banco Europeo de Inversiones ya exigen evaluaciones de riesgo climático; este modelo debería replicarse. El financiamiento condicional es muy eficaz, ya que estas empresas dependen mucho de préstamos y garantías en condiciones favorables.

Por otro lado, una coalición de estatales líderes —desde State Grid de China y Coal India EDF, hasta Equinor y Petrobras— podría coordinar inversiones en renovables, hidrógeno, energía eólica marina y redes inteligentes. Estas alianzas no solo acelerarían la difusión tecnológica, sino que crearían una presión entre pares para que las empresas rezagadas se reformen. Es vital que los gobiernos aprovechen estas plataformas como herramientas diplomáticas, alineando la política industrial nacional con las metas climáticas internacionales.

Empresas estatales como Equinor, Enel y Ørsted demuestran que se puede liderar la transición energética siendo comercialmente viables. Los foros internacionales deberían destacar estos modelos y brindar asistencia técnica para replicarlos. Los gobiernos también pueden fomentar intercambios de conocimientos Sur-Sur, permitiendo que las estatales de India, Sudáfrica o Brasil aprendan de los pioneros.

Las empresas estatales como catalizadoras del cero neto

En resumen, las grandes estatales jugarán un papel fundamental en el camino global hacia el cero neto, pero su supervivencia y éxito dependen de su capacidad para transformarse a fondo.

Mientras las empresas que sigan arraigadas en industrias intensivas en carbono podrían perder relevancia, surgirán nuevas entidades respaldadas por el Estado. Estas nuevas potencias, enfocadas en energías renovables, infraestructura verde y resiliencia climática, serán las encargadas de cubrir los vacíos críticos en la transición.

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¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en el ámbito de la transición a una energía limpia?

Cuando el mundo alcance el objetivo de cero neto, las grandes estatales se habrán transformado en entidades que priorizan la sostenibilidad en todos sus niveles. Recordemos que estas empresas poseen ventajas únicas —escala, respaldo estatal e influencia estratégica— que las posicionan como catalizadoras de un cambio sistémico.

Al operar en sectores sostenibles y adoptar prácticas transparentes, las estatales que sirven de modelo pueden inspirar a otras en todo el mundo a acelerar la transición.

Por ello, los gobiernos y diversos actores clave deben priorizar el apoyo a estas transformaciones, reconociendo que el futuro de las grandes estatales está entrelazado con las ambiciones climáticas globales y el desarrollo sostenible.

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