Desafío de 106 billones de dólares: cómo la inversión privada puede construir la infraestructura del futuro

La inversión en infraestructura es fundamental para garantizar servicios que no solo sean seguros y confiables, sino también asequibles y adaptables a las nuevas tecnologías. Image: Getty Images/metamorworks
- En la era digital, la infraestructura ya no se limita a puentes y caminos; ahora incluye tecnología para vehículos eléctricos e inteligencia artificial.
- Todo proyecto, desde una red de alcantarillado hasta una torre de telefonía, debe ser ante todo seguro, confiable, accesible y adaptable.
- La construcción del futuro depende de la colaboración entre los sectores público y privado para enfrentar un desafío de 106 billones de dólares.
Al mencionar la palabra "infraestructura", probablemente nos vengan a la mente carreteras, puentes, sistemas de alcantarillado y otras estructuras de hormigón.
Todo eso es correcto, pero dista mucho de describir la realidad del siglo XXI, que también debe incluir elementos como la fibra óptica para la transmisión de datos, la energía renovable y la tecnología para vehículos eléctricos (VE). Dada la creciente importancia de la inteligencia artificial (IA), los servicios en la nube y la automatización, los países que no logren construir una infraestructura digital sólida estarán en una posición desfavorable para competir.
Sin embargo, ya sea una red de drenaje o una torre de telefonía celular, todo tipo de infraestructura debe ser segura, confiable, asequible y adaptable. Esto último es particularmente importante porque la infraestructura necesita evolucionar continuamente. Tanto la inversión pública como la privada tienen un papel fundamental que desempeñar en la construcción de la infraestructura del futuro.
Satisfacer las necesidades futuras de infraestructura
Más allá de los aspectos fundamentales, la escala presenta otro desafío. Una investigación reciente de McKinsey muestra que satisfacer la demanda mundial de infraestructura requerirá 106 billones de dólares en inversión para 2040, no solo para construir, sino también para la modernización, la resiliencia y la integración de sistemas.
La mayor categoría individual de demanda de infraestructura será el transporte y la logística, con 36 billones de dólares, seguida de la energía y la electricidad (23 billones de dólares) y el sector digital (19 billones de dólares). Asia representará alrededor del 65% de este gasto proyectado, seguida de América (alrededor del 15%) y Europa (10%).
Estas cifras son astronómicas y la situación es compleja porque las necesidades de infraestructura pueden superponerse. Los centros de datos, por ejemplo, son necesarios para la economía digital y funcionan con energía. Los vehículos eléctricos requieren estaciones de carga (transporte), energía (electricidad) y plataformas de pago (digital) para adquirir esa energía.
O consideremos las conexiones entre los residuos, la agricultura y la energía. Los residuos agrícolas, como el estiércol del ganado y los restos de alimentos, pueden convertirse en gas natural renovable, que luego se devuelve a la red para alimentar los equipos in situ. Pero eso solo sucederá si la granja, el convertidor y el sistema eléctrico están coordinados.
Los ferrocarriles son formas clásicas de infraestructura que se remontan al siglo XIX. Sin embargo, los proveedores ferroviarios más avanzados del siglo XXI integrarán redes de fibra de alta capacidad, centros de datos periféricos y tecnología 5G. No solo buscarán reducir los costos de mano de obra mediante la optimización en la programación de las tripulaciones, sino que también aspirarán a lograr una mayor confiabilidad para los clientes a través del mantenimiento predictivo impulsado por IA.
Inversión público-privada en infraestructura
Para satisfacer estas necesidades, lo mejor es que los sectores público y privado trabajen de la mano. Un punto de partida es reutilizar partes de la infraestructura existente. En EE. UU., el gobierno federal posee alrededor del 28% de las tierras del país y recientemente ha tomado medidas para adaptar parte de esta superficie para el desarrollo de centros de datos.
El sector privado también ha dado un paso al frente. Los activos bajo gestión en fondos de infraestructura especializados se han triplicado desde 2016, hasta alcanzar 1,5 billones de dólares. Además, casi la mitad (46%) de los inversionistas del mercado privado encuestados por McKinsey en 2024 afirmaron que planeaban aumentar sus asignaciones a infraestructura, citando los flujos de efectivo predecibles del sector y la protección contra la inflación.
Sin embargo, las intenciones no siempre se convierten en acciones y, como saben los empresarios, el rendimiento pasado no garantiza resultados futuros. En este sentido, varias tendencias —tasas de interés más altas, plazos de salida más largos, una competencia más dura y el aumento en los costos laborales— podrían frenar el entusiasmo de los inversionistas.
Encontrar valor en la inversión en infraestructura
Para seguir encontrando valor, es posible que los inversionistas tengan que cambiar la forma en que evalúan las oportunidades. Muchos están buscando sectores de infraestructura crítica, como el aeroespacial y el de defensa. También están yendo más allá de los ecosistemas tradicionales hacia áreas como la reutilización de instalaciones gubernamentales o industriales subutilizadas, o el desarrollo de infraestructura de doble uso.
Por último, vale la pena explorar cómo se pueden implementar la IA y otras tecnologías para mejorar los márgenes y la productividad del capital. La última ola de innovación en IA ya está mostrando resultados en todo el ciclo de vida de los activos de infraestructura, desde la programación de la construcción que reduce los plazos de los proyectos, hasta un mejor mantenimiento predictivo y prácticas de adquisición más eficientes.
¿Encontrará el mundo el dinero y el compromiso necesarios para construir la infraestructura que necesita? Eso depende, en parte, de que los inversionistas se replanteen qué es la infraestructura, sean más creativos y exploren nuevas oportunidades, incluso las más complejas. Los líderes que actúen con decisión posicionarán a sus empresas para la competitividad a largo plazo, al tiempo que ayudarán a construir una sociedad para las generaciones venideras.
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