Opinión
Por qué es hora de poner la ciencia en el centro de la política climática

No es hora de resignarse, sino de actuar con máxima urgencia. Image: Unplash/Katie Rodriguez
- El consenso científico indica que el calentamiento global ha alcanzado el umbral de 1,5°C, lo que exige pasar de inmediato de los compromisos a la implementación de una eliminación rápida de los combustibles fósiles en consonancia con la ciencia.
- Un Panel Científico sobre la Transición Energética Global podría proporcionar un recurso de respuesta rápida dedicado a equipar a los responsables de la toma de decisiones con marcos normativos pragmáticos y basados en evidencia.
- Diversos líderes se reúnen en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial 2026 para impulsar la acción climática y garantizar que la protección del medio ambiente y el crecimiento económico vayan de la mano.
El año pasado fue uno de los tres años más cálidos registrados: a la par de 2023 y apenas por debajo de 2024, impulsado por El Niño. El promedio de tres años superó los 1,5°C por primera vez en la historia, empujando al mundo al límite de los 1,5°C establecido en el Acuerdo de París de 2015. Superar los 1,5°C en el promedio de 10 a 20 años previsto por el Acuerdo de París es ahora una cuestión de cuándo, no de si ocurrirá.
No obstante, el límite de 1,5°C sigue siendo tan clave como lo era hace 10 años; solo que ahora nos enfrentamos, como mínimo, a varias décadas de calentamiento global por encima de los 1,5°C.
No es momento para la resignación; es un momento de mayor urgencia. Desde que el Acuerdo de París entró en vigor, la ciencia ha sido aún más clara sobre los riesgos, cada vez más inmanejables, de los fenómenos meteorológicos extremos más allá de los 1,5°C. El calentamiento está provocando un aumento de las olas de calor, incendios, sequías, escasez de agua, inundaciones, ráfagas de viento y degradación del suelo, lo que afecta las vidas y el sustento de miles de millones de personas.
Cada décima de grado hará que estos extremos climáticos y naturales sean aún más mortíferos, costosos e incontrolables. Para muchos sistemas y comunidades, la capacidad de adaptación ya llegó a su límite. Por encima de los 1,5°C, el riesgo de cruzar muchos puntos de inflexión críticos aumenta drásticamente, amenazando la estabilidad de procesos fundamentales para la vida en la Tierra.
4 factores decisivos
El nivel que alcancemos y si podremos volver a estar por debajo de 1,5°C depende, en esencia, de los cuatro factores siguientes:
1. La rapidez para alcanzar las emisiones netas cero: lo cual requiere una eliminación casi total del uso de combustibles fósiles antes de mediados de siglo y reducciones anuales inmediatas de al menos el 5%.
2. La transformación de la agricultura y el uso de la tierra: pasando de ser una fuente neta a un sumidero neto de gases de efecto invernadero.
3. La escala y el ritmo de la eliminación de dióxido de carbono: factor esencial para volver a bajar las temperaturas después de alcanzar el cero neto, pero que no puede sustituir a la reducción rápida de emisiones.
4. La protección y el fortalecimiento de los sumideros naturales de carbono en los ecosistemas terrestres y oceánicos.
Estos hitos, aunque son más difíciles de alcanzar con cada año de retraso, no son nada nuevo. Pero tras una década de que los países presentaran sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) para alcanzarlos, debemos admitir que los números simplemente no cuadran. En la actualidad, si se implementaran todas las promesas contenidas en esas metas, el mundo se encaminaría hacia un calentamiento global de más de 2,5°C.
De los compromisos a la acción
La ambición de la COP30 en Belém era ser la "COP de la verdad y la implementación", donde los líderes del mundo, con un espíritu de Mutirão, pasaran de negociar compromisos a centrarse en formas de acelerar la transición global para alejarse del peligroso cambio climático causado por el hombre. La Presidencia de la COP propuso dos hojas de ruta: una sobre la transición energética global y la eliminación ordenada de los combustibles fósiles en consonancia con la ciencia; la segunda, sobre la urgente necesidad de detener la deforestación para 2030.
Aunque no se pudo alcanzar un consenso entre los 195 países miembros de la COP para seguir las dos hojas de ruta, el presidente de la COP demostró un notable valor y liderazgo en su compromiso de convocar una coalición de voluntarios para seguir la hoja de ruta sobre la transición energética global. Junto con los Países Bajos, Colombia se ofreció a organizar una reunión ministerial a finales de abril de 2026, invitando a todos los países del mundo que se han comprometido a acelerar la transición energética global hacia un futuro seguro, justo y alineado con los 1,5°C.
Para nosotros, los científicos, esta iniciativa no podría haber llegado en mejor momento. Las alarmas del consenso científico son cada vez más ensordedoras y no tenemos tiempo que perder.
La buena noticia es que estamos listos para apoyar esta transición con una guía respaldada por la ciencia que considera la necesidad, la viabilidad y la equidad. Contamos con los cálculos más recientes sobre la trayectoria que podría seguir una eliminación global de los combustibles fósiles que sea ambiciosa y esté alineada con la ciencia; también disponemos de una gran riqueza de conocimiento científico sobre nuevos mecanismos de política y estrategias concretas para catalizar y gestionar dicha eliminación.
Aquí presentamos solo dos ejemplos: implementar un mecanismo financiero para compensar, kilovatio-hora por kilovatio-hora, la producción de energía libre de emisiones en lugar de la producción basada en combustibles fósiles; o vincular un precio global al carbono con el costo real que la quema de combustibles fósiles representa para nuestras sociedades (es decir, el Costo Social del Carbono).
Apoyar una hoja de ruta concreta
Por lo tanto, proponemos crear un Panel Científico sobre la Transición Energética Global (SPGET) para apoyar el desarrollo de una hoja de ruta concreta que tenga posibilidades de proporcionar seguridad y justicia. El origen de esta idea es un desafío que nos planteó la CEO de la COP30, Ana Toni, durante las deliberaciones en Belém. Las tareas clave de este grupo serían:
- Establecer indicadores de vanguardia para las rutas de mitigación (comenzando a escala global para avanzar hacia la nacional) con el fin de "mantener el objetivo de 1,5°C al alcance". La atención debe centrarse en los logros necesarios, año tras año, durante los próximos 5 a 10 años.
- Trazar y desarrollar las políticas, regulaciones, acuerdos financieros y dimensiones de justicia más prometedoras para apoyar una transición energética acelerada y evitar el peligro climático.
El panorama climático está repleto de iniciativas destinadas a orientar a quienes toman las decisiones, desde el Informe sobre la Brecha de Emisiones del PNUMA y el Climate Action Tracker, hasta el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero, los informes del IPCC o el propio Balance Global de la CMNUCC. Todos ellos serán recursos valiosos para el Panel Científico sobre la Transición Energética Global (SPGET). El aporte distintivo del Panel será ofrecer un recurso científico de respuesta rápida y con enfoque en políticas públicas para los encargados de diseñar y ejecutar la hoja de ruta. Integrado en el proceso de dicha hoja de ruta, pero preservando su independencia científica, el SPGET participará en los debates clave, construyendo relaciones y tendiendo puentes a largo plazo.
Cuando el mundo de la ciencia y el de la toma de decisiones convergen, es innegable que los límites disciplinarios pueden volverse difusos y que las perspectivas culturales y geográficas cobran mayor relevancia. Por ello, el SPGET debe ser representativo de todas estas dimensiones, apoyándose en las comunidades científica, técnica y de ciencias sociales, y abarcando todos los continentes y realidades económicas.
Es momento de romper el estancamiento impuesto por los intereses particulares y evitar que se profundicen los desequilibrios históricos de poder. Debemos buscar soluciones pragmáticas, respaldadas por la ciencia, que sean justas y eficaces. No tenemos tiempo que perder.
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Tim Christophersen
20 de enero de 2026




