• Si bien la invasión rusa en Ucrania avivó el fuego inflacionario, la región de América Latina y el Caribe ha estado experimentando aumentos en los precios desde el año pasado.
  • Los países viven la inflación de diferentes maneras, pero las tasas más altas se observan en Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Venezuela.
  • Es preocupante el impacto negativo sobre los hogares más pobres y vulnerables que dedican un porcentaje grande de su ingreso total a adquirir alimentos y otros recursos básicos.
  • Los autores afirman que es un buen momento para encarar reformas a favor del crecimiento que promuevan la inversión y generen puestos de trabajo.

Justo cuando América Latina y el Caribe (ALC) estaba recuperando los niveles de actividad económica previos a la pandemia, emerge una nueva y preocupante amenaza: la inflación creciente.

La región viene experimentando un período dramático de retrocesos desde marzo de 2020, cuando comenzó a sentir los efectos de la pandemia. Esta golpeó a ALC más duramente que a cualquier otra región del mundo, tanto en términos de muertes per cápita como de contracción económica. La pobreza también creció como consecuencia de la crisis de salud.

América Latina y el Caribe alcanzó una recuperación significativa a lo largo de 2021, gracias al agresivo despliegue de vacunas y a la ampliación de programas diseñados para mitigar el impacto sobre las poblaciones más afectadas. No obstante, el rápido aumento en el precio de los alimentos y combustibles podría significar otro duro revés para los ciudadanos de la región.

Si bien la invasión rusa de Ucrania avivó el fuego inflacionario, la mayoría de los países de la región han estado experimentando aumentos en los precios desde el año pasado. El combustible, medido en función del precio mundial del petróleo, y los precios internacionales de los alimentos subieron a lo largo de 2021, como muestra la Imagen 1.

De hecho, para finales de 2021 la inflación promedio de precios al consumidor en la región se había prácticamente duplicado, saltando a 7 % desde un promedio de 4 % entre 2015 y 2019. Claro está que la inflación afecta de forma diferente a cada país, pero todos están experimentando un aumento, y las tasas más altas se observan en Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Venezuela.

En ALC, los alimentos y la energía fueron las principales causas de la inflación en 2021. Representaron más del 90 % de la inflación en Costa Rica, 75 % en Paraguay, 66 % en Brasil y casi 60 % en Colombia. Un análisis empírico confirma que la inflación en la región se correlaciona estrechamente con presiones por el lado de la demanda originadas en políticas expansivas, además de presiones sobre la cadena de producción, precios de la energía y depreciación de la moneda.

Se prevé que la inflación aumente aún más en 2022, debido en buena medida al alza en el precio de las materias primas y a interrupciones en las cadenas de suministro global. Por ejemplo, se espera que Surinam y Haití experimenten dos dígitos de inflación. Los países importadores de alimentos sentirán más rápido los efectos de los continuos aumentos en los precios internacionales de los alimentos.

¿Por qué debemos preocuparnos por el impacto de la inflación en la región?

Una razón importante es que la inflación ejerce una presión significativa sobre el ingreso disponible de los hogares. En ALC, el porcentaje que representan los alimentos y la energía en la canasta de consumo es de alrededor de 40 %, observándose sus niveles más altos en Perú, México, Brasil y Paraguay, como muestra la Imagen 2.

Especialmente preocupante es el impacto negativo sobre los hogares más pobres y vulnerables ubicados en áreas urbanas, que dedican un porcentaje grande de su ingreso total a adquirir alimentos y otros recursos básicos. Ellos son los que más sufren los efectos de la escalada de precios. (Para una visión global del impacto de la inflación y el alza en el precio de los productos primarios sobre la pobreza, así como una opinión sobre la coyuntura económica en general, eche un vistazo al reciente discurso del presidente del Banco Mundial David Malpass en la Escuela de Economía de Varsovia).

La inflación en otros bienes y servicios, como aquellos relacionados con el precio del combustible, también impacta a consumidores de todo el mundo. Estas alzas de los precios también contribuyen a una pérdida importante en el nivel de bienestar a través de mayores costos de transporte. Peor aún, las personas en América Latina y el Caribe ven cómo el precio de los alimentos y los combustibles se dispara, mientras que los salarios en general permanecen por debajo de sus niveles prepandémicos.

Pobreza creciente, inseguridad alimentaria

En una región donde la mitigación de la pobreza se revirtió abruptamente durante la pandemia, una de las mayores preocupaciones es que la recuperación que comenzó en 2021 no ayude a las familias a superar la línea de pobreza.

La pobreza, definida como vivir con menos de $5,5 al día, aumentó de 24 % a 26,5 % entre 2019 y 2021, si bien comenzó a descender lentamente en 2022. Ahora, análisis preliminares estiman que los niveles de pobreza permanecerán por encima de 26 % en 2022, en lugar de regresar a los niveles prepandémicos. Según este cálculo, aproximadamente 13 millones de ciudadanos de ALC perderán la oportunidad de ver una mejora significativa en su bienestar.

Asimismo, en 2022 muchas otras familias podrían correr el riesgo de inseguridad alimentaria y de caer en la pobreza debido al aumento de la inflación y el precio de los alimentos.

La inseguridad alimentaria durante la pandemia fue más notoria en naciones insulares caribeñas como Santa Lucía, Jamaica, Haití y Dominica. Lamentablemente, en este momento esto podría volver a suceder dado que los países caribeños dependen en buena medida de la importación de bienes alimenticios y no alimenticios.

También podría afectar de forma desproporcionada a los pobres urbanos de toda la región, así como a las recientes poblaciones migrantes —incluidas las venezolanas— que siguen teniendo dificultades para poder subsistir en sus nuevos hogares. La creciente inseguridad alimentaria probablemente empeore la pobreza y la vulnerabilidad económica de muchos en ALC.

Una preocupación adicional importante es la desigualdad. Los pobres suelen ser los más golpeados por la inflación, mientras que las familias con más recursos tienen varios instrumentos a disposición para evitar lo peor de este impacto. Es por esto que la inflación probablemente agrave la desigualdad. Según algunos indicadores, ALC ya es la región más desigual del mundo. Desafortunadamente, el alza de precios que estamos observando podría exacerbar esta situación, empeorando las tensiones sociales existentes.

Muchos países están respondiendo al pico inflacionario tratando de influir directamente sobre los precios -limitando las exportaciones de alimentos o manteniendo el precio de los combustibles por debajo de su precio internacional. Esta estrategia puede atenuar las tensiones a nivel interno, pero tiene un impacto negativo en el bienestar mundial.

La experiencia histórica indica que las restricciones comerciales suelen exacerbar las crisis de alimentos internacionales. A corto plazo, pueden mantener los precios dentro de un país más bajos y elevar el precio en los mercados internacionales, pero esto empeora la situación de los demás. Mantener bajos los precios de la gasolina y el diésel puede ayudar a contener las demandas sociales, pero es una táctica costosa que muchas veces beneficia a grupos menos necesitados. Asimismo, mantener bajos los precios de los combustibles fósiles impacta negativamente sobre el clima y menoscaba el objetivo a largo plazo de ALC de una transformación verde.

¿Qué hacer?

Para amortiguar el impacto de la inflación sobre los más pobres, los gobiernos deben incrementar su asistencia a través de programas de protección social correctamente focalizados. Dichos programas han sido un componente clave de la respuesta a la COVID-19 y protegieron a millones de latinoamericanos de lo peor de la crisis.

El uso de este tipo de programas para aliviar el sufrimiento causado por el alza en el precio de los alimentos y los combustibles es más efectivo que las alternativas. No obstante, priorizar la protección de los más pobres y vulnerables debe ser congruente con una buena gestión fiscal, dados los niveles más elevados de deuda pública en la región tras la pandemia.

Francamente, no sabemos cuándo terminará el actual pico inflacionario. No sabemos cuánto durará la guerra en Ucrania o qué tan rápido podemos esperar que entren en funcionamiento suministros alternativos de granos, combustibles y fertilizantes.

Lo que sí sabemos es que los bancos centrales de toda la región han estado aumentando los tipos de interés para frenar la demanda, algo que impactará de forma negativa sobre unas tasas de crecimiento de por sí bajas (ahora se prevé que ALC crezca apenas 2,2 % este año, uno de los indicadores más bajos del mundo).

Dado el nivel de incertidumbre, es importante mantener un enfoque flexible que proteja a los pobres al tiempo que se reduce la presión general sobre los recursos fiscales. Y también podría ser un buen momento para encarar reformas a favor del crecimiento que promuevan la inversión y generen los puestos de trabajo tan necesarios para hacer de nuestra región un lugar más igualitario y próspero para todos.