El número de muertes en el mundo causadas por la efermedad COVID-19 alcanzó el domingo las 500.000, según un recuento de Reuters, un hito sombrío en una pandemia que parece resurgir en algunos países, mientras otras regiones todavía lidian con la primera oleada de la enfermedad.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

El nuevo coronavirus ha sido particularmente letal entre los ancianos, aunque personas de menor edad y niños también están entre el medio millón de decesos y los más de 10 millones de casos registrados.

Si bien la tasa general de mortalidad se ha aplanado en las últimas semanas, expertos en salud han expresado su preocupación por un número récord de casos nuevos en países como Estados Unidos, India y Brasil, así como por rebrotes en partes de Asia.

Más de 4.700 personas mueren cada 24 horas debido al COVID-19, según cálculos de Reuters basados ​​en un promedio del 1 al 27 de junio. Eso equivale a 196 personas por hora, o una persona cada 18 segundos.

Alrededor de una cuarta parte de todas las muertes hasta ahora han sido en Estados Unidos, según los datos de Reuters. El aumento reciente en los casos ha sido más pronunciado en un puñado de estados del sur y oeste que reabrieron antes y de manera más agresiva sus actividades comerciales.

El número de casos en Latinoamérica superó el domingo a los diagnosticados en Europa, lo que ubica a la región como la segunda más afectada por la pandemia, después de América del Norte.

La primera muerte registrada por el virus fue el 9 de enero, un hombre de 61 años de la ciudad china de Wuhan que compraba habitual en un mercado que ha sido identificado como la fuente del brote.

En solo cinco meses, el número de muertes de COVID-19 ahora es igual a la cifra de personas que mueren anualmente de malaria, una de las enfermedades infecciosas más mortales.

La tasa de mortalidad promedio es de 78.000 por mes, en comparación con las 64.000 muertes relacionadas con el SIDA y los 36.000 fallecidos por malaria, según cifras de 2018 de la Organización Mundial de la Salud.

Mayores en riesgo

El alto número de muertos ha llevado a cambios en los ritos tradicionales y religiosos en todo el mundo. Las morgues y empresas de servicios fúnebres están mayormente colapsados y los seres queridos frecuentemente no se han podido despedir en persona de sus difuntos.

Especialistas en salud pública están observando sobre cómo la demográfica afecta a las tasas de muerte en diferentes regiones. Algunos países europeos con poblaciones más viejas han reportado mayores tasas de mortalidad, por ejemplo.

Un reporte en abril de parte de los Centros Europeos para el Control y la Prevención de Enfermedades observó a más de 300.000 casos en 20 países y encontró que cerca de un 46 por ciento de todas las muertes estaban por encima de los 80 años.

En Indonesia, se cree que cientos de niños han muerto, un hecho que los responsables sanitarios han atribuído a la desnutrición, la anemia e instalaciones sanitarias inadecuadas.

Expertos en salud advierten que los datos oficiales probablemente no cuentan toda la historia. Muchos creen que tanto el número de casos como de muertes informado por algunos países es inferior a las cifras reales.