La lucha contra la desertificación y la sequía, cuyo Día Mundial se celebra el 17 de junio, busca combatir la pérdida de biodiversidad, el cambio de usos de la tierra, el calentamiento global y la falta de agua, en un momento en el que una pandemia por la destrucción de la vida salvaje ha paralizado el planeta.

La meta número 15 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas busca la conservación de los bosques y la biodiversidad y luchar contra la desertificación, así como promover el uso sostenible de los ecosistemas, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de diversidad biológica.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el cambio climático?

El cambio climático representa una amenaza urgente que exige una acción decidida. En todos los países del mundo ya se están observando efectos cada vez más importantes del cambio climático, como sequías, inundaciones y el aumento del nivel del mar. Según el informe global de riesgos que elabora el Foro Económico Mundial, estas amenazas ambientales se sitúan sistemáticamente en la parte superior de la clasificación.

Para limitar el aumento global de la temperatura a un valor que sea claramente inferior a 2 °C y lo más cercano posible a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, es imprescindible que las empresas, los responsables políticos y la sociedad civil emprendan acciones climáticas integrales a corto y largo plazo, de acuerdo con los objetivos del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

La iniciativa Clima del Foro Económico Mundial apoya la ampliación y la aceleración de la acción climática global mediante la colaboración entre los sectores público y privado. Esta iniciativa cuenta con varias líneas de trabajo para desarrollar y aplicar soluciones inclusivas y ambiciosas.

Una de ellas es la Alianza de CEO Líderes del Clima, una red global de dirigentes empresariales de varios sectores que desarrollan soluciones rentables para la transición a una economía baja en carbono y climáticamente resiliente. Los CEO de las empresas utilizan su posición y su influencia sobre los responsables políticos y los socios corporativos para acelerar la transición y obtener los beneficios económicos derivados de una mayor seguridad climática.

Estos son algunos datos sobre la desertificación:

1.- Los bosques albergan más del 80 % de las especies de animales, plantas e insectos.

2.- Según la ONU, alrededor de 1.600 millones de personas, de ellas, 70 millones de indígenas, dependen de los bosques para subsistir.

3.- En cinco años, entre 2010 y 2015, según la ONU, se perdieron 3,3 millones de hectáreas forestales.

4.- Uno de los segmentos más afectados por la pérdida de bosques son las mujeres rurales que dependen de sus recursos.

5.- Más del 70 % de la superficie terrestre ha sido transformada, un porcentaje que podría alcanzar el 90 % para 2050, según la Convención contra la Desertificación de Naciones Unidas (UNCCD).

6.- Para 2030, la producción de alimentos necesitará otros 300 millones de hectáreas adicionales.

7.- El cultivo de fibras -como el algodón- para la industria textil necesitará en 2030 un 35 % más de tierras, aproximadamente unas 115 millones de hectáreas, equivalente a la superficie de Colombia, país patrocinador este año de la conservación de la Biodiversidad.

8.- Según la ONU, 2.600 millones de personas dependen de la agricultura, sin embargo, el 52 % de la tierra utilizada para la agricultura se ve afectada por la degradación del suelo.

9.- Más del 80 % de la dieta de la población humana depende de las plantas. Tres cultivos básicos -arroz, maíz y trigo- proporcionan el 60 % de la ingesta energética, según la ONU.

10.- La pérdida de tierras cultivables alcanza aproximadamente los 12 millones de hectáreas al año (unas 23 hectáreas cada minuto).

11.- La degradación de la tierra afecta directamente al 74 % de personas pobres en el mundo.

12.- Apenas se ha estudiado un 1% de las más de 80.000 especies arbóreas que existen.

También en España y otros puntos de Europa

En los últimos cincuenta años la desertificación ha avanzado un 1% anual, un fenómeno que va a ir en aumento en los próximos años en el sur de Europa, zonas de Centroamérica, Asia y África, según estimaciones difundidas con motivo del Día de la Desertificación y la Sequía, que se celebra este 17 de junio.

Este año, la Convención para Combatir la Desertificación de Naciones Unidas (UNCCD) centra la celebración con el lema “alimentos, forraje y fibras”, cuyo objetivo es cambiar las actitudes públicas hacia la principal causa de este fenómeno: “la producción y el consumo incesante de la población”.

Según datos de la UNCCD, el 70% de ecosistemas ha sido transformado, una situación que se acentuará porque para 2030 se necesitarán 300 millones de hectáreas más para producción de alimentos, factores que favorecerán el avance de la desertificación, las sequías y los efectos del cambio climático, porque todo está relacionado.

El profesor de la Universidad de Lleida, Víctor Resco de Dios, ha explicado en entrevista a Efe que en los últimos 50 años la desertificación ha avanzado un 1% cada año, un fenómeno que ha afectado más a “zonas del área subsahariana de África, el este y el centro de Asia -como los desiertos de China- y Arabia Saudí”.

Pero también “el sur de Europa será una zona afectada por el cambio climático”, según varios estudios, el último -publicado recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)-, y “el sur de España será una zona invivible” (ver en La Vanguardia ).

Según esos datos, “en el año 2070, de Madrid hacia abajo las condiciones no van a ser óptimas para la vida humana por el número de días de mucho calor y la temperatura media, que será muy alta”.

Situación que se agravará “para finales de siglo cuando habrá una reducción de unos 100 milímetros de lluvia de media en España”, un “índice alto”, según Resco de Dios.

El estudio “está basado en el escenario RCP8.5 del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), que es el más pesimista”, asegura.

En Latinoamérica, “la sequía va a aumentar en la Cuenca amazónica, situación que podía desembocar en una muerte arbórea muy elevada, con mucha degradación forestal, y un efecto amplificador del cambio climático al dejar de absorber las emisiones por la pérdida de un importante sumidero de dióxido de carbono (CO2)”.

Asimismo, el futuro de los bosques tropicales “es una de las principales incertidumbres que existen actualmente en los modelos de sumideros terrestres de carbono”, porque, “si aumenta la sequía van a aumentar también los incendios como otro elemento amplificador del cambio climático”.

Sin embargo, la sequía “no va a aumentar por igual en todo el mundo”, porque “la cantidad de agua va a ser la misma, lo que va a hacer el cambio climático es redistribuirla. Provocará un aumento de precipitaciones en algunas zonas del planeta, mientras representará una disminución en otras”.

En relación a Centroamérica, Resco de Dios ha explicado que “hay mucha incertidumbre, pero por lo general ahí también se esperan disminuciones de lluvias” y solo “en Argentina y Uruguay, en Sudamérica, se puede producir un aumento de precipitaciones”.

Según los estudios compilados en los informes del IPCC, las previsiones señalan que el cambio climático “aumentará las desigualdades entre países ricos y pobres, porque aumentará la sequía en las zonas que ya actualmente son secas y en las que actualmente viven unos 500 millones de personas”.

Sin embargo, “la humedad aumentará en zonas ya húmedas”. Uno de los factores para la disminución de precipitaciones es la deforestación, que en la Amazonía brasileña ha batido un nuevo récord el pasado mes de mayo, según datos del del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE) de Brasil.

Según el INPE, el aumento de la destrucción de los ecosistemas amazónicos creció en mayo pasado en 829 kilómetros cuadrados, extensión equivalente a la mitad del área de Sao Paulo, la mayor ciudad de Sudamérica.

La Amazonía es “una gran reserva de carbono y fijador del clima”, pero la deforestación, según el INPE, está provocando “la aparición de incendios en esas zonas cuando la temporada seca acaba de comenzar”.

Una situación que recuerda los incendios forestales que se produjeron en Australia el verano pasado, donde la sequía y el calentamiento provocaron la muerte de 33 personas y más de 3.000 casas calcinadas.

El aumento de sobreexplotación de recursos en el planeta y la sequía -”el asesino silencioso”-, provocarán la pérdida de suelo para la agricultura, de fuentes de agua y de biodiversidad que se irán extendiendo, ha asegurado el secretario ejecutivo para la Convención contra la Desertificación de Naciones Unidas (UNCCD), Ibrahim Thiaw.