• La reciente muerte de George Floyd ha provocado una nueva ola de protestas en Estados Unidos por la brutalidad policial.
  • Danielle K. Kilgo, profesora ayudante de periodismo en la Universidad de Indiana, analiza cómo los periodistas dan forma a la narrativa de estas protestas a través del modo en que informan sobre ellas.
  • Sus hallazgos muestran que la variedad de lenguaje utilizado en distintos estados hace que las protestas se perciban de manera diferente en todo el país.

Una adolescente sostuvo su teléfono con la suficiente firmeza como para capturar los últimos momentos de la vida de George Perry Floyd cuando parecía asfixiarse bajo el peso de la rodilla de un oficial de policía de Mineápolis sobre su cuello. El vídeo se volvió viral.

Lo que sucedió después se ha repetido una y otra vez en las ciudades estadounidenses después de casos de alto perfil de presunta brutalidad policial.

Se organizaron vigilias y protestas en Mineápolis y en todo Estados Unidos para exigir responsabilidad policial. Pero mientras los investigadores y los funcionarios pedían paciencia, los disturbios se desbordaron. Los telediarios pronto mostraron imágenes de destrucción de propiedades y policías con equipos antidisturbios.

La opinión del público en general sobre las protestas y los movimientos sociales que hay tras ellas está formada en gran parte por lo que lee o ve en los medios. Esto le otorga a los periodistas mucho poder a la hora de dirigir la narrativa de una manifestación.

Pueden hacer hincapié en la interrupción que provocan las protestas o hacerse eco de las acusaciones de los políticos que etiquetan a los manifestantes como "matones", pero también pueden recordarle al público que en el centro de las protestas se encuentra el asesinato injusto de otra persona negra. Esto desviaría la atención sobre la destrucción de las protestas para dirigirla a los problemas de la impunidad policial y los efectos del racismo en sus múltiples formas.

El papel que desempeñan los periodistas puede ser indispensable para que los movimientos adquieran legitimidad y avancen. Y eso ejerce mucha presión sobre los periodistas para que hagan las cosas bien.

Mi investigación ha constatado que algunos movimientos de protesta tienen más problemas que otros para adquirir legitimidad. Mi coautora Summer Harlow y yo hemos estudiado la cobertura de los periódicos locales y metropolitanos sobre las protestas. Descubrimos que las narraciones sobre la Marcha de las Mujeres y las protestas contra Trump dieron voz a los manifestantes y analizaron exhaustivamente sus quejas. En el otro extremo del espectro, las protestas sobre el racismo contra los negros y los derechos de los pueblos indígenas recibieron la cobertura menos legitimadora, y con mayor frecuencia se las considera amenazantes y violentas.

Dando forma a la narrativa

Hace décadas, los académicos James Hertog y Douglas McLeod identificaron cómo la cobertura de las protestas en las noticias contribuye al mantenimiento del statu quo, un fenómeno conocido como "el paradigma de la protesta". Ellos argumentaron que las narrativas de los medios tienden a enfatizar el drama, las molestias y la interrupción de las protestas en lugar de las demandas, quejas y programas de los manifestantes. Estas narrativas trivializan las protestas y, en última instancia, socavan el apoyo público.

Así es como esto se desarrolla actualmente en la teoría:

Los periodistas prestan poca atención a las protestas que no son dramáticas o poco convencionales.

Sabiendo esto, los manifestantes encuentran formas de captar la atención de los medios y el público. Se ponen sombreros rosas o se arrodillan durante el himno nacional. Incluso podrían recurrir a la violencia y la anarquía. Ahora los manifestantes tienen la atención de los medios, pero lo que cubren suele ser superficial o deslegitimador y se centran en las tácticas y la interrupción que provoca y deja de lado el debate sobre la sustancia del movimiento social.

Queríamos explorar si esta teoría clásica se ajustaba a la cobertura de 2017, un año de protestas a gran escala que acompañó el primer año de presidencia de Donald Trump.

Para hacerlo, analizamos el contexto de los informes de protesta de los periódicos en Texas. El tamaño y la diversidad del estado lo convirtieron en un buen representante del país en general.

En total, identificamos 777 artículos buscando términos como "protesta", "manifestante", "Black Lives Matter" (las vidas negras importan) y "Women's March" (la Marcha de las Mujeres). Entre ellos se encontraban informes escritos por periodistas en 20 redacciones de Texas, como El Paso Times y Houston Chronicle, así como artículos sindicados de fuentes como Associated Press.

Observamos cómo los artículos contextualizaban las protestas en el titular, la oración de apertura y la estructura de la historia, y clasificamos los informes utilizando cuatro marcos de protesta reconocidos:

● Disturbios: Enfatizan el comportamiento perturbador y el uso o la amenaza de violencia.

● Confrontación: Describen las protestas como combativas, centrándose en los arrestos o "enfrentamientos" con la policía.

● Espectáculo: Centrándose en la indumentaria, los signos o el comportamiento dramático y emocional de los manifestantes.

● Debate: Mencionan sustancialmente las demandas, los programas, los objetivos y las quejas de los manifestantes.

También vigilamos los patrones de las fuentes para identificar desequilibrios que a menudo dan más crédito a las autoridades que a los manifestantes y defensores.

En general, la cobertura de noticias tendía a trivializar las protestas al centrarse con mayor frecuencia en las acciones dramáticas. Pero algunas protestas sufrieron más que otras.

Los informes se centraron con mayor frecuencia en el espectáculo que en la sustancia. Se habló mucho de lo que vestían los manifestantes, del tamaño de la multitud, grandes y pequeños, la participación de famosos y los ánimos encendidos.

La sustancia de algunas marchas dio más juego que otras. En torno a la mitad de los informes sobre protestas contra Trump, las manifestaciones de inmigración, las manifestaciones por los derechos de las mujeres y las medidas ambientales incluyeron información sustancial sobre las quejas y demandas de los manifestantes.

Por el contrario, Dakota Pipeline y las protestas relacionadas con el racismo contra los negros obtuvieron una cobertura de legitimación inferior al 25 % del tiempo y es más probable que se describan como perturbadoras y de confrontación.

En la cobertura de una protesta de St. Louis por la absolución de un oficial de policía que mató a un hombre negro, la violencia, el arresto, los disturbios y las perturbaciones fueron los principales elementos descriptivos, mientras que la preocupación por la brutalidad policial y la injusticia racial se redujo a apenas algunas menciones. Enterrado unos 10 párrafos más abajo se encontraba el contexto más amplio: "Las recientes protestas de St. Louis siguen un patrón constatado desde el asesinato de Michael Brown en agosto de 2014 en la cercana localidad de Ferguson: la mayoría de los manifestantes, aunque furiosos, respetan la ley".

A raíz de las variaciones en la cobertura, los lectores de periódicos de Texas pueden percibir que algunas protestas son más legítimas que otras. Esto contribuye a lo que denominamos una "jerarquía de lucha social" en la que las voces de algunos grupos de defensa se elevan sobre otras.

La parcialidad oculta

Los periodistas contribuyen a esta jerarquía al adherirse a las normas de la industria que trabajan contra los movimientos de protesta menos consolidados. Si los plazos son ajustados, los reporteros pueden usar las fuentes oficiales para obtener declaraciones y datos, y esto otorga a las autoridades un mayor control sobre el contexto narrativo. Esta práctica se convierte especialmente en un problema para movimientos como Black Lives Matter, que están contrarrestando las demandas de la policía y otros funcionarios.

Estos informes también ocultan una parcialidad implícita. La falta de diversidad ha estado presente en las redacciones durante mucho tiempo.

En 2017, la proporción de periodistas blancos en The Dallas Morning News y Houston Chronicle era más del doble que la proporción de personas blancas en cada ciudad.

Las protestas identifican agravios legítimos en la sociedad y a menudo abordan problemas que afectan a las personas que carecen de poder para abordarlos por otros medios. Por ese motivo es crucial que los periodistas no recurran a narrativas de contextos superficiales que nieguen un espacio significativo y coherente para expresar las preocupaciones de los afectados al tiempo que reconfortan el comodísimo statu quo.