Estamos viviendo en la era de la posverdad. Este es un momento en el que el enfoque no está en la racionalidad o la coherencia, sino en el sensacionalismo, independientemente del costo. El Oxford Dictionary ha declarado a "posverdad" como su palabra internacional del año, definiéndola como "relacionada o denotando circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que recurrir a las emociones y a las creencias personales".

En esta era, la "falsa noticia" está de moda. Consiste en la desinformación deliberada de fuentes falsas difundidas a través de medios tradicionales de prensa impresa, transmisiones radiales o televisivas, o redes sociales para satisfacer una intención específica. Si bien puede parecer una expresión en boga, decir que las falsas noticias son nuevas es, de hecho, una falsa noticia —no hay nada nuevo al respecto. En el año 1200 a. C., Ramsés el Grande propagó intencionalmente información incorrecta que mostraba a la batalla de Qadesh como una victoria de los egipcios sobre los hititas, cuando en realidad había llegado a un punto muerto.

En el siglo XXI, las falsas noticias se han relacionado con el cambio climático y la seguridad de las vacunas. Los escépticos sobre el cambio climático han negado evidencias científicas sólidas que los expertos han comunicado con precisión y claridad. Durante décadas, los grupos que apoyan las campañas antivacunas han tratado de socavar la confianza del público en las vacunas, creando desconfianza y desinformación que apela a que las emociones tengan más peso que la evidencia científica.

Tasa de vacunación infantil, sarampión, % de niños, 2015 o la última disponible (haga clic en la imagen para ampliarla)
Imagen: OCDE

El movimiento antivacunas no es nuevo; de hecho, se inició esencialmente después de que se utilizaran las vacunas por primera vez. Una de las opositoras a las vacunas más famosa fue Lora Little, una costurera de Minnesota, que luchó duro para detener la vacunación contra la viruela. La campaña de Lora comenzó cuando su hijo murió de sarampión y difteria.

En lugar de culpar a esas enfermedades, que podrían prevenirse con una vacuna, por la muerte de su hijo, creyó que era la vacuna contra la viruela la que lo había matado. Sus argumentos eran muy similares al modus operandi de los grupos antivacunas modernos, una combinación de historias personales desgarradoras y teorías conspirativas que involucraban a políticos, médicos y la industria de la salud. Lora logró introducir en 1903 una ley que prohibía la vacunación obligatoria como requisito previo para asistir a la escuela. Unos años más tarde, Minnesota experimentó una gran epidemia de viruela que infectó a 28.000 personas. ¿Por qué la campaña de Little tuvo tanto éxito?

Volviendo al presente, Minnesota está sufriendo el peor brote de sarampión del estado en décadas. Ha habido más de 70 casos, y para poner esto en perspectiva, este número superó la cantidad total de casos reportados el año pasado en todo el resto de los Estados Unidos. ¿Cómo sucedió esto? Los partidarios de la lucha antivacunas invitaron repetidamente a Andrew Wakefield, autor de la publicación poco ética y poco científica que inició el movimiento antivacunas moderno, a hablar con las comunidades somalíes norteamericanas locales, una población vulnerable y marginada que no tiene necesariamente la capacidad de defenderse a sí misma. ¿Por qué la campaña antivacunas de Minnesota tuvo tanto éxito? ¿Se debió a la falta de conocimiento de la evidencia científica disponible?

A pesar de las retracciones y disculpas, el desacreditado estudio de Andrew Wakefield sigue siendo citado por los padres que confían en él cuando deciden aplazar o rechazar la vacunación de sus hijos. Esta publicación fraudulenta todavía existe en blogs y se comparte de vez en cuando. Las campañas de información sobre salud pública no funcionan; y la explicación persona por persona tampoco aclara por qué el vínculo de la vacuna con el autismo no es real. Además, las redes sociales han permitido a la gente comunicarse e intercambiar información (y desinformación) a mucha más velocidad y en una escala mucho más amplia que nunca, mientras que las plataformas de publicación permitieron a cualquiera crear fácilmente sitios web que contienen información de publicaciones en libros pseudocientíficos.

Tenemos la tendencia a buscar, aceptar y recordar información que apoye nuestras propias creencias e hipótesis preexistentes. En algunos casos, cuanto más se trata de persuadir a las personas en la campaña antivacunas, más se convencen a sí mismas de que tienen razón. Por lo tanto, es un desafío convencer a la gente a que escuche datos científicos que muestran una perspectiva diferente. Los padres tienen el deseo inherente de proteger a sus hijos; jugando con sus emociones, las mentiras de Wakefield se escuchan más que las declaraciones de los funcionarios de salud pública apoyadas por décadas de investigación.

La verdad es que siempre habrá personas que compartirán información pseudocientífica en las redes sociales, y siempre habrá personas que creerán en lo que leen sin hacer un análisis crítico. Siempre habrá comunidades con fuertes opiniones negativas sobre las vacunas. Las consecuencias de creer en las noticias falsas pueden ser fatales. En Rumania, hay más de 180.000 niños no vacunados contra el sarampión y, hasta el momento, se han producido 8.246 casos y 32 muertes. Esto nos muestra una visión del futuro en nuestros propios países si permitimos que la cobertura de vacunas caiga, gracias a noticias falsas de activistas antivacunas.

Estos son tiempos difíciles para la ciencia y los principios que guían los esfuerzos científicos. La ciencia, la medicina y la salud pública están en riesgo en la era actual de noticias falsas y negación de la ciencia. Las personas en el campo científico deben repensar su forma de comunicarse. ¿Cómo buscamos y protegemos la verdad, y cómo comunicamos los nuevos hallazgos científicos al público en un entorno de posverdad creciente? ¿Cómo podemos crear confianza entre los científicos, el público y los responsables de la toma de decisiones? Los hechos son importantes y ayudan a persuadir a la gente, pero solo si se explican exhaustivamente en el contexto correcto.

Los científicos deben permanecer firmes en la búsqueda de la ciencia y la verdad. Los científicos deben hacerse oír cuando los resultados científicos sólidos se ignoran o tratan como meros asuntos de fe. Estos son desafíos que hemos enfrentado antes y casi seguramente volveremos a enfrentar en el futuro. Hágase oír, como le sea posible. Es esencial que todos los miembros de la comunidad científica hablen con sus amigos, familiares y colegas; hagan oír su voz en los medios de comunicación social y expliquen a los responsables políticos y al público la importancia de la ciencia para el futuro del mundo.