Debido a haber crecido en Nueva Zelanda, donde hay veinte ovejas por cada persona, Sarah Robb O'Hagan decidió que quería ser veterinaria. Cuando sus malas notas en ciencia destruyeron ese sueño, decidió ver el mundo. Se presentó en el programa de entrenamiento de Air New Zealand, pero falló en la prueba de CI requerida.

Sarah, que no quería aceptar un no como respuesta, lanzó una campaña para poder entrar en la aerolínea. Empezó a lanzar ideas sobre cómo podría contribuir al crecimiento de esta empresa. Había cientos de solicitantes para solo seis puestos de trabajo y Sarah no consiguió ninguno. Pero Air New Zealand decidió abrir un séptimo empleo solo para ella. Sarah creció en Air New Zealand, y terminó en un excelente puesto nuevo en Virgin Atlantic Airways. Pronto estaba lanzando con Richard Branson una campaña con la película de Austin Powers, y terminaron cambiando la marca de la compañía aérea por Virgin Shaglantic.

A los 26 años, Sarah fue contratada para dirigir el marketing de las tiendas minoristas de Virgin. Al año siguiente, fue despedida.

Sin dinero ni empleo, Sarah pensó que nunca encontraría otro trabajo. Su tarjeta verde y su visa expiraron en el acto, estaba en peligro de ser deportada y no tenía ahorros. Justo a último momento, Sarah se recuperó y encontró una nueva posición en Atari. Y luego la volvieron a despedir. "Yo era una verdadera catástrofe ferroviaria", dijo. "Durante cuatro largos años de mi vida, me sentí como un fracaso épico".

Cuando nos despiden o fracasamos en un trabajo, solemos tener una de dos reacciones. La primera es culpar a nuestro jefe. Me perseguía. Se sentía amenazado por mí. La segunda es culparnos a nosotros mismos. Todo fue mi culpa. No sirvo para nada. Y también huelo mal.

En algunas situaciones, estas reacciones pueden ser totalmente apropiadas. Sin embargo, culparnos a nosotros mismos a menudo nos hace más débiles y destruye nuestra confianza. Culpar a otros también nos hace más débiles, ya que nos impide aprender de nuestros propios errores.

La mayoría de las veces, hay una tercera respuesta que es más apropiada y eficaz. Y puede ayudarnos, no solo a volver a empezar sino a dar un paso hacia adelante.

Durante los últimos dos años, la jefa de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg, y yo hemos estado estudiando qué se necesita para afrontar la adversidad y volvernos resilientes. Hemos publicado un libro, Opción B, que trata de lo que aprendimos sobre encontrar fuerzas para continuar cuando la opción A ya no está disponible.

Mientras investigábamos y escribíamos el libro, uno de los grandes momentos "ajá" ocurrió cuando Sheryl me contó algo que aprendió de una amiga suya, una terapeuta. Siempre pensé que había dos partes en una relación. Sheryl dijo que hay tres: tú, la otra persona y la relación misma.

Aunque la terapeuta estaba hablando de relaciones románticas, Sheryl encontró que lo mismo sucedía en las relaciones laborales. Ella me enseñó que la discusión clave no es "¿quién tiene la culpa?", sino "¿cómo podemos trabajar mejor juntos?"

La mayoría de las veces, cuando alguien falla, no es porque es la manzana podrida en el cajón. Es porque el cajón es una mala relación.

En otras palabras: No soy yo. No eres tú. Es nosotros.

En efecto, existen muchas nuevas evidencias que respaldan esto. Cuando las personas reciben críticas negativas en el trabajo y lo atribuyen a la relación en lugar de solo a las personas involucradas, no se regodean en la autocompasión ni arremeten con ira. Se sientenmás motivados para mejorar. Trabajan en sus relaciones.

Eso no significa eludir la responsabilidad o no responsabilizar a otros. Significa darse cuenta de que en muchas de nuestras luchas, el mayor problema no radica en los individuos, sino en las relaciones.

Cuando Sarah Robb O'Hagan fue despedida la primera vez, ella protegió su ego culpando a la compañía. Sin embargo, al reflexionar sobre su fracaso, surgió una nueva perspectiva. "Mi jefe y su jefe nunca habían comprado por completo lo que yo hacía", escribió recientemente en Extreme You. "Necesitaba que me despidieran".

Después de que la despidieron por segunda vez, Sarah se culpó a sí misma. "Fue mi culpa porque no entendía los videojuegos. Fue mi culpa porque no me tomé el tiempo para aprender sobre ellos". Sin embargo, cuando pensó en su éxito en otro lugar, se dio cuenta de otra cosa: Atari no tenía nada que ver con ella. A ella le encantaban los deportes y la aventura, no los videojuegos. No es de extrañar que debiera esforzarse para comprenderlos.

Sarah cambió su enfoque. Vio que su fracaso no era personal; sino la relación en sí misma. Si encontraba un trabajo donde se podía conectar con el producto y el objetivo, podía ser muy eficaz. Empezó a recuperar su confianza. "Había tenido momentos de éxito anteriormente; por lo tanto, ¿por qué no podía tenerlos nuevamente?", dijo. "Decidí recuperar mi autoestima". Y se presentó para un puesto en Nike. Para probar que era una atleta, empezó a ponerse metas de ejercicio y alcanzarlas.

Ese fue el comienzo de su carrera en fitness. Sarah llegó a encabezar la exitosa campaña de cambio y rejuvenecimiento de Gatorade como su presidente a nivel mundial. Luego fue contratada para dirigir Equinox, y ahora es la directora ejecutiva de la compañía de bicicletas fijas Flywheel.

Esto ayuda a recordar que en la mayoría de los fracasos, las relaciones son un factor importante. Solo debemos estar seguros de que no nos estamos engañando a nosotros mismos.