Antes de que Cindy iniciara su compañía, Chocolovers, a través del programa La Compañía de JA (Junior Achievement), ella no aspiraba a la educación superior en su vecindario de El Salvador, que sufre de una pobreza generalizada. Ahora ella le da empleo a su abuela que la ayuda a tostar, pelar y mezclar granos de cacao en barras de chocolate negro, que exporta a mercados externos.

La compañía de Cindy ha sido lo suficientemente exitosa para pagar sus cuatro años de educación universitaria. Hoy en día ella está incrementando el volumen de su compañía con la ambición de insertarse en nuevos mercados. Cindy afirma que JA es "una manera de fortalecerse no solo en los negocios, sino también como persona".

Cindy y su abuela trabajando. Image: Scott A. Woodward

A través de nuestro trabajo en JA, todos los días observamos que el éxito es contagioso, incluso en regiones con pobreza crónica. La experiencia de Cindy tiene un impacto en sus familiares, amigos, clientes y otros integrantes de la comunidad, los ayuda a pensar diferente sobre las posibilidades en sus vidas. Si bien la compañía de Cindy no resolverá problemas complejos de pobreza, su éxito tiene un verdadero impacto. La pregunta es: ¿cómo podemos convertir su pequeño éxito en un tsunami con el potencial de incrementar los ingresos y reducir la pobreza? La respuesta yace en llegar a suficientes jóvenes como para crear un punto de inflexión social.

Educación: expandir la economía y reducir la pobreza

Martin Ravallion, exdirector de investigaciones del Banco Mundial, estimó que por cada 1 % de crecimiento en la economía de un país, su pobreza se reduce de un 0,6 % a un 4,3 %, según la igualdad de ingresos en el país. Concentrarse en el crecimiento de las economías, entonces, es un medio para reducir la pobreza. Es por ello que miles de ONG en todo el mundo intentan reducir los efectos de la pobreza educando a jóvenes para los trabajos del futuro; volviendo a capacitar a adultos cuyas habilidades ya no sirven al mercado laboral actual; y facilitando habilidades a jóvenes que generarán un crecimiento en la economía.

JA es una de esas organizaciones: en más de 100 países, movilizamos 470 000 voluntarios para enseñarles preparación laboral, espíritu empresarial y finanzas a más de 10 millones de jóvenes por año. Hemos observado cómo los jóvenes se sienten inspirados y motivados a perseguir el éxito cuando conocen a otras personas que provienen de orígenes similares y han alcanzado el éxito. Hemos observado cómo niños en edad escolar, tanto de países ricos como pobres, pueden transformar sus aspiraciones al recibir el ánimo y el apoyo de otros.

Al preparar a jóvenes con habilidades laborales del siglo XXI, brindándoles inspiración y capacitándolos para el empleo autónomo en el futuro, y guiándolos para que consideren la posibilidad de convertirse en futuros creadores de empleo, atacamos la pobreza y el desempleo de raíz.

Sin embargo, los 10 millones de jóvenes con quienes trabajamos representan menos del 5 % de la población joven del mundo -y somos una de las ONG más grandes que trabajan en esta área. ¿Cómo puede JA y otras ONG que se concentran en la educación marcar la diferencia en la reducción del desempleo y la pobreza?

Autoeficacia: la solución milagrosa

Albert Bandura y Icek Ajzen describieron la autoeficacia como una creencia de que los planes se convertirán en acciones que luego impulsarán a los individuos al éxito futuro. La confianza en su propia efectividad lleva a los individuos a esforzarse a pesar de las desilusiones y los fracasos.

Según The Poverty Puzzle, la autoeficacia es un “factor de alta predictibilidad del rendimiento” y un “mejor predictor del éxito que las habilidades o logros pasados”, que influencia todos los factores desde las tasas de abandono escolar y la resiliencia en niños, hasta el rendimiento laboral en adultos. Si bien las investigaciones son recientes y están en progreso, la autoeficacia tiene una clara conexión con el crecimiento económico y ayuda a jóvenes que desean adquirir nuevas habilidades.

¿Cómo lo enseñamos? La autoeficacia deriva de dos factores:

1. La experiencia propia en dominar una tarea.

2. La experiencia de ver a otros (compañeros, familiares, mentores de negocios, modelos a seguir) dominar una tarea.

En JA, construimos la autoeficacia de los jóvenes permitiéndoles aprender haciendo, a través de un gran rango de programas de aprendizaje experimental, entre ellos, algunos que les permiten a los niños comenzar un negocio, un verdadero negocio, mientras aún asisten a la escuela, con la ayuda de un mentor de negocios. No solo experimentan el dominio de tareas, sino que también observan el dominio de sus compañeros.

A continuación, un ejemplo. Jerome, de Kingston, Jamaica, perdió a su mejor amigo a manos de la violencia y decidió que tenía que hacer algo para que otros jóvenes pudiesen acceder a nuevas oportunidades. Hoy en día, es empresario social y busca alejar a jóvenes de la delincuencia en el sector más peligroso de Kingston. Lo inspiró su participación en el programa La Compañía de JA, en el que observó a otros crear negocios mientras asistían a la escuela y aprendió cuánto es posible a través de su empleo autónomo y espíritu empresarial.

No existe nada más convincente que ver a jóvenes comenzar a creer en ellos mismos y comprender su propio poder para cambiar sus circunstancias.

La investigación de Pramila Krishnan y Sofya Krutikova concuerda. Ellas evaluaron el programa de una ONG en India que a través de clases, actividades y guía aumentó su autoeficacia. Concluyeron que el programa aumentó su autoeficacia a través de una desviación estándar, que no solo afecta los resultados en evaluaciones escolares sino también el rendimiento laboral.

Muchas ONG como la nuestra enseñan la autoeficacia. Por separado, muchas organizaciones llegan a una pequeña cantidad de jóvenes, ya que el programa consume tiempo y recursos. Pero de manera colectiva, las ONG que ofrecen programas asociados con el pensamiento positivo, el desarrollo de la juventud y la autoeficacia tienen el potencial de crear un impacto sustancial. ¿Podemos esperar alcanzar un punto de inflexión social en el que la autoeficacia se convierta en el comportamiento normativo entre los jóvenes?

Puntos de inflexión y microtendencias

En el año 2000, Malcolm Gladwell definió el punto de inflexión como el "momento de masa crítica, el umbral, el punto de ebullición", ese punto en el que las creencias firmes de unos pocos serán adoptadas por el resto. A diferencia de las vacunas, que requieren la participación de un 90 % a un 95 % de la población para que se observen efectos extendidos, el punto de inflexión es un porcentaje mucho menor. ¿Cuánto menor? El estudio sobre punto de inflexión más convincente proviene del Rensselaer Polytechnic Institute en el año 2011, que sugirió un 10 % cómo el número mágico. "Cuando el número de opinantes comprometidos está por debajo del 10 %, no hay progreso visible en la difusión de ideas. Cuando ese número aumenta a un 10 % aproximadamente, la idea se propaga como la pólvora", sugiere el estudio.

Si bien ninguna investigación muestra un punto de inflexión superior al 10 %, no todos aceptan ese número, en especial en situaciones en las que otro 10 % de la población sostiene un punto de vista o comportamiento igual de firme, pero diferente.

Por otro lado, Paul Swingle en The Management of Power sugiere que un 3 % es un punto de inflexión lo suficientemente alto para dar lugar a la desobediencia civil, mientras que un 10 % es suficiente para generar una guerra civil. Del mismo modo, en Microtrends: The Small Forces Behind Tomorrow’s Big Changes, Mark Penn sugiere que el número es aún menor. "En las sociedades masivas de hoy en día, se necesita que un 1 % del pueblo tome una decisión contraria a la decisión convencional establecida para crear un movimiento capaz de cambiar el mundo".

Transformación Paraguay es una ONG que ha alcanzado un punto de inflexión del 10 % en su misión, afirmando que su intención es llegar al 10 % de la población paraguaya, un total de 700 000 personas, con clases de liderazgo que florecerán en todo un país responsabilizándose por un cambio positivo.

Por lo tanto, según las investigaciones y los éxitos de otras ONG, sugerimos que el punto de inflexión social varía entre el 10 % y el 15 %. A fin de aclarar cómo funcionaría esto en la práctica, consideremos un ejemplo de un punto de inflexión del 15 % a continuación.

Rita está aprendiendo sobre autoeficacia a través de un programa después de la escuela con un mentor que utiliza el programa de una ONG. En la medida en que Rita comienza a dominar habilidades, también comienza a creer en su propia capacidad de ser exitosa y a través de su experiencia de prueba y error, éxito precoz, y aprendizaje de nuevas habilidades a través de su emprendimiento, gana en autoeficacia. Tras un año de completar el programa, Rita es una estudiante, atleta y artista con autoeficacia.

Cuenta con dos amigos cercanos, tres compañeros más con quienes pasa tiempo luego de la escuela y en su vecindario, y un hermano que es casi de su edad. Eso forma un círculo diario de seis compañeros. Si el punto de inflexión social es el 15 % en este grupo de siete personas que normalmente pasan tiempo con ella, si una persona muestra autoeficacia y ejemplifica autoefectividad apasionadamente, se alcanzará el punto de inflexión. Por lo tanto, en la medida en que Rita desarrolla autoeficacia a través de su ONG, se convierte en ese 15 % que representa el punto de inflexión para ella y sus seis amigos.

Los seis compañeros de Rita tienen sus propias redes de compañeros y, en la medida que comienzan a demostrar la autoeficacia al observar a Rita, esta autoeficacia se difunde y con el tiempo se convierte en la estructura de la comunidad.

Hemos observado la transformación de Europa Oriental y el crecimiento de determinadas comunidades y ciudades pobres del mundo que han superado el punto de inflexión. A muchos jóvenes no se tiene acceso debido a limitaciones geopolíticas o de capacidad, pero llegar a un 10% a 15 % puede conducir a un efecto dominó con un poderoso cambio social. Desde esta perspectiva, el objetivo de erradicar la pobreza, o al menos reducirla, parece más alcanzable.