Tenemos la oportunidad de orientar el mundo hacia la cooperación y no hacia la competencia

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In an unsettled world, how can we ensure cooperation triumphs over competition?Image: Unsplash/Perry Grone
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Si bien la naturaleza cambiante del poder mundial puede tentar a algunos actores a buscar ventajas mediante la confrontación, el creciente ámbito de partes interesadas ofrece la posibilidad de corregir el rumbo. Con la geopolítica de la nueva era actualmente en plena transición, aún existe la oportunidad de encauzar el mundo hacia la cooperación y alejarlo de una competencia potencialmente perjudicial.

El mundo se encuentra en un punto de inflexión, con un poder que se desplaza y se dispersa de maneras que señalan la aparición de una nueva era multipolar. En el turbulento entorno mundial resultante, las oportunidades de competir o cooperar aumentan en varios ámbitos. En áreas como la economía, la tecnología y el medio ambiente, la cuestión es si las partes buscarán avanzar hacia objetivos comunes o ventajas estratégicas frente a sus competidores.

Durante gran parte de la era posterior a la Guerra Fría, cuestiones como el comercio, la investigación científica y el cambio climático se mantuvieron en gran medida al margen de las consideraciones de competencia mundial. Por ejemplo, las economías de Estados Unidos y China prosperaron juntas durante 20 años, impulsando oportunidades de mercado e inversión para otros a través de un sistema financiero y comercial mundial abierto.

De manera similar, el auge de Internet a comienzos de este siglo fue posible gracias a una plataforma común y de fácil acceso que se mantuvo en gran medida al margen de las rivalidades nacionales. Como resultado, el número de personas en todo el mundo que usan Internet aumentó exponencialmente, de poco más de 400 millones en 2000 a aproximadamente 2000 millones en 2010.

Y, incluso durante la Guerra Fría, los gobiernos y otros actores lograron dejar de lado la competencia estratégica para abordar cuestiones globales como el medio ambiente. Lo más destacable es que el creciente agujero en la capa de ozono impulsó una acción climática colectiva. A partir del Protocolo de Montreal de 1987 y a lo largo de las décadas siguientes, los Estados redujeron su uso de clorofluorocarbonos hasta el punto de que se prevé que la atmósfera se recupere.

Image: World Economic Forum

Hoy, sin embargo, cuestiones que antes se caracterizaban por la colaboración corren ahora el riesgo de convertirse en frentes de conflicto. El crecimiento económico mundial se espera que se debilite a corto plazo – una situación agravada por el hecho de que el comercio se utiliza como instrumento para perseguir ventajas geopolíticas en lugar de una prosperidad compartida. Además, a diferencia del agotamiento de la capa de ozono, el deshielo del casquete polar ártico no ha servido como llamada de alarma para una acción climática más ambiciosa. En cambio, los Estados ven una oportunidad para competir por los recursos naturales y las rutas comerciales que se abren en el extremo norte. Y en lo que respecta a la tecnología, el beneficio de una plataforma común de comunicaciones mundiales corre ahora peligro, debido a la posibilidad de que los sistemas de comunicación de Estados Unidos y China “desacoplados” funcionen en redes 5G separadas.

Pero estos acontecimientos no significan necesariamente que debamos resignarnos a un período de competencia geopolítica en lugar de cooperación. La naturaleza expansiva de la geopolítica –con dinámicas de poder que operan en nuevos ámbitos– también implica que nuevos actores ejercen influencia. Como resultado, un conjunto diverso de partes puede dar forma al curso de las relaciones internacionales.

Para empezar, las potencias emergentes y medianas están respondiendo a la posibilidad de un orden mundial fragmentado reafirmando la necesidad del multilateralismo. Francia y Alemania trabajan con otros países afines para forjar una Alianza para el Multilateralismo, que pretende impulsar la cooperación internacional en ámbitos como la digitalización y el cambio climático. En África, los Estados están fortaleciendo los vínculos económicos a través del Acuerdo sobre la Zona de Libre Comercio Continental Africana, que reunirá a 54 Estados miembros de la Unión Africana y abarcará más de 2 billones de dólares del PIB. En el Sudeste Asiático, por su parte, los Estados miembros de la ASEAN están dando pasos para fortalecer las asociaciones y la integración regionales, y tienen la intención de firmar la Asociación Económica Integral Regional a finales de este año. Este acuerdo comercial –que también incluirá a China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda– abarcará un 45 % estimado de la población mundial y creará el mayor bloque comercial del mundo.

Los actores no estatales también están en condiciones de ejercer una influencia creciente. Hoy en día, las empresas globales representan una parte importante de la producción económica mundial, y los líderes del sector privado se comprometen cada vez más a mirar más allá del beneficio a corto plazo. El año pasado, por ejemplo, 87 grandes empresas anunciaron que trabajarían para limitar el calentamiento global a 1,5 °C. Y muchos directores ejecutivos se pronuncian sobre los posibles peligros de una “guerra fría” tecnológica entre Estados Unidos y China, o el desacoplamiento de sus economías.

Si bien la naturaleza cambiante del poder mundial puede tentar a algunos actores a buscar ventajas mediante la confrontación, el creciente ámbito de partes interesadas ofrece la posibilidad de corregir el rumbo. Con la geopolítica de la nueva era actualmente en plena transición, aún existe la oportunidad de encauzar el mundo hacia la cooperación y alejarlo de una competencia potencialmente perjudicial.

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