La importancia del agua, y su papel facilitador para afrontar los desafíos mundiales, no se comprende ni se comunica plenamente en los países ricos en agua.
A nivel personal, político y mundial, hay muchas medidas que podemos adoptar para cambiar la forma en que usamos y gestionamos el agua.
El Día Mundial del Agua 2021 se centra en el valor del agua y en cómo influye en nuestra vida cotidiana, la estabilidad social y económica, el cambio climático y la consecución de los ODS.
El Día Mundial del Agua de hoy gira en torno al valor social, económico y ambiental del agua y al papel esencial que desempeña en la vida de todas las personas. Desde determinar dónde se construyeron las ciudades más antiguas del mundo y dónde estallan los conflictos, hasta garantizar que podamos acceder a los servicios de internet y frenar la propagación de la COVID-19 hoy, la importancia del papel que desempeña el agua en el mundo no puede subestimarse. El agua significa igualdad: los recursos hídricos locales y los aseos separados pueden determinar si una niña accede a la educación, mientras que, a escala mundial, influye en la distribución de la riqueza.
El acceso al agua determina el desarrollo económico. Se calcula que 260.000 millones de dólares se pierden cada año en todo el mundo debido a la falta de agua potable y de saneamiento básico. Descuidar los riesgos hídricos (contaminación, sobreexplotación y cambio climático que afecta al agua dulce) ascenderá a 301.000 millones de dólares estadounidenses en costes, cinco veces más que si los afrontáramos. Sin agua limpia, una quinta parte de la economía estadounidense quedaría paralizada.
El agua también tiene importantes implicaciones para el cambio climático: una mejor depuración de las aguas residuales puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, proporcionarnos energía, siendo ya la fuente renovable más importante. Reconociendo su valor por escasez, el agua se está comercializando como materia prima en Wall Street junto al petróleo y el oro.
Sin embargo, el agua sigue tratándose a menudo como un recurso infinito en los países ricos en agua, y se contamina hasta niveles preocupantes. Su importancia queda eclipsada por la diversidad de cuestiones globales que compiten por nuestra atención; pero, lejos de ser un competidor, el agua puede considerarse un facilitador para afrontar los desafíos mundiales.
Hagámoslo bien: para disponer de agua suficiente para una población en aumento constante, debemos gestionarla con más sensatez. Sin agua, no podemos cultivar alimentos, mantener la producción industrial, frenar el cambio climático ni alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
¿Cómo podemos garantizar que el agua tenga el valor que merece? Estos son los pasos que pueden dar particulares, gobiernos y empresas para generar resultados positivos.
1. Acción individual
Valorar el agua como individuo significa dejar de contaminarla y empezar a reducir el consumo diario de agua (ODS 3, 13 y 14).
¿Sabía que millones de personas siguen tirando sus medicamentos por el inodoro, y que los plásticos desechados contaminan nuestros ríos y océanos, con microplásticos presentes en el 81 % del agua potable urbana. ¿O que, contrariamente a lo que se cree, la contaminación del agua no disminuye con el crecimiento económico, sino que aumenta? Mejorar la calidad del agua puede ser sencillo: piense antes de tirar de la cadena o de arrojar cualquier cosa a las vías fluviales.
¿Sabía que un grifo abierto desperdicia de 4 a 8 L de agua por minuto, mientras que una ducha consume de 9 a 19 L por minuto? Cada camiseta absorbe 2.700 L de agua, mientras que la producción de carne roja consume entre 5.000 y 20.000 L por cada kg. Cerrando el grifo y comprando de forma consciente, la acción colectiva de las personas podría tener un impacto significativo en el ahorro de agua.
Como ciudadano de su país, puede influir en las decisiones políticas firmando peticiones, como la Ley del Agua en EE. UU., o poniéndose en contacto con los representantes del gobierno local para apoyar o cuestionar la asignación de agua. También puede sumarse a movimientos sociales, como la organización juvenil MyH2O que recoge, mide y sube a una plataforma abierta datos sobre la calidad del agua en zonas rurales de China, o dar a conocer sus soluciones hídricas en UpLink.
2. Medidas que pueden adoptar los gobiernos
Valorar el agua a nivel político implica situarla como elemento clave en los documentos normativos intersectoriales y en su aplicación (ODS 10, 11 y 16).
Solo unos pocos países, como Sudáfrica y Eslovenia, han incluido el acceso al agua en su constitución como derecho humano. Muchos han firmado una carta del agua, como Estados Unidos o la Unión Europea, que reconoce la importancia del agua, pero no hacen cumplir sus directrices.
Los gobiernos pueden concienciar a sus ciudadanos sobre su huella hídrica y ofrecer incentivos fiscales para reducir el derroche, por ejemplo, recompensar económicamente el ahorro de agua en lugar de cobrar por su consumo, al tiempo que involucran a las empresas para establecer comportamientos positivos con el agua. Esto podría incluir el establecimiento de límites al consumo y a la contaminación del agua, así como la recopilación de datos sobre la huella hídrica nacional. Unas estadísticas hídricas más claras pueden ayudar a fundamentar la gestión de los recursos hídricos, la gobernanza y las políticas.
A escala mundial, los gobiernos pueden exigir que el agua se reconozca como facilitador para alcanzar los ODS y el Acuerdo de París.
3. Qué pueden hacer las empresas para mejorar su gestión del agua
Valorar el agua en el sector privado se relaciona con las prácticas, la contaminación y las alianzas (ODS 7, 8, 9, 12 y 17).
Muchas empresas han mejorado su uso del agua de forma innovadora. Empresas como Colgate-Palmolive han fijado su propio precio interno del agua, pagando más que el precio actual, inferior al coste, del suministro de agua industrial. Esto no solo les prepara para el inevitable aumento de costes, sino que también indica que el agua debería valorarse más. Otras se han comprometido a devolver más agua de la que consumen, como Microsoft, o están trabajando en un marco de inversión transformador para el agua, como DWS.
Sin embargo, el progreso en cuanto a calidad del agua ha sido mucho menor: solo el 4,4 % de las empresas muestra mejoras en sus objetivos de reducción de la contaminación del agua. Si se utilizaran plenamente las tecnologías disponibles en la actualidad, las empresas podrían aspirar a devolver el agua al medioambiente en un estado aún más limpio que aquel en que se extrajo.
Por último, valorar el agua significa fomentar alianzas, como 50L Home o la Iniciativa de Movilización para la Higiene de las Manos para Todos. Esto incluye involucrar a las comunidades locales que se encuentran en el origen del agua, seguir las directrices políticas y colaborar con otras empresas del sector privado.
En resumen, si particulares, gobiernos y empresas quieren afrontar los mayores desafíos mundiales, deben empezar por emprender acciones concretas para valorar el agua.






