La cultura del sushi de Japón está amenazada por el cambio climático.
El aumento de la temperatura del agua afecta a la calidad del pescado, mientras que los fenómenos meteorológicos extremos dañan los cultivos de wasabi.
Solo en Estados Unidos, el sector de los restaurantes de sushi alcanzó un tamaño de mercado de 22.250 millones de dólares en 2019.
El sushi es sinónimo de Japón. Pero este alimento enormemente popular está amenazado.
Para quienes no lo conozcan, el sushi se sirve en bocados y se basa en arroz, a menudo lleva pescado crudo y suele acompañarse de jengibre en láminas y wasabi. Tanto si te gusta el nigiri, el gunkan o el temaki y lo compras en el supermercado o lo disfrutas en un restaurante de alta gama, el mercado mundial del sushi mueve mucho dinero. Pero el cambio climático empieza a repercutir en el sector.
La popularidad del sushi
El mercado mundial de los restaurantes de sushi crecerá previsiblemente en 2.490 millones de dólares para 2025, según Research and Markets. Mientras que en Estados Unidos solamente, el sector de los restaurantes de sushi alcanzó un tamaño de mercado de 22.250 millones de dólares en 2019, según Statista.
En una encuesta de 2019, Statista también descubrió que algo más de dos quintas partes de la población japonesa consumen sushi comprado en un establecimiento al menos una vez al mes.
Cómo podría amenazar el cambio climático la cultura del sushi de Japón
Sin embargo, que haya demanda de sushi no significa que pueda satisfacerse. En Japón, los pescadores y las pescadoras están preocupados por las reservas. En un artículo publicado por Reuters, personas que llevan años pescando expresaron su preocupación por una cantidad sin precedentes de katsuo inusualmente grasos.
También conocido como atún listado, este pez es una parte fundamental de la cocina japonesa, especialmente del sushi. Los pescadores creen que el alto contenido de grasa del katsuo debe estar relacionado con el aumento de la temperatura del agua y, por tanto, con el cambio climático. Los datos de laboratorios locales muestran que la temperatura media de una bahía del suroeste de Japón —considerada normalmente una zona de pesca rentable— había aumentado 2 °C en los 40 años transcurridos hasta 2015.
Esta agua más cálida augura problemas futuros, entre ellos una menor cantidad de katsuo. También persiste el problema de la sobrepesca que ha diezmado las poblaciones de peces, así como la reticencia de las generaciones más jóvenes a seguir los pasos de sus padres y abuelos y dedicarse a la pesca familiar.
¿Y qué pasa con el wasabi?
También preocupa el futuro del wasabi ante el cambio climático. En 2019, una temporada de tifones especialmente intensa y con abundantes deslizamientos de tierra y lluvias torrenciales tuvo un efecto catastrófico en las plantaciones de wasabi de Japón.
Como el wasabi suele cultivarse junto a arroyos en valles estrechos, es vulnerable a las inclemencias del tiempo. Además, dado que el calentamiento global contribuye a la frecuencia y la intensidad de las tormentas, el aumento de las temperaturas también amenaza la producción de wasabi. Las plantas prosperan en agua que mantiene durante todo el año una temperatura de entre 10 y 15 °C. Así, la combinación de todos estos factores relacionados con el cambio climático ha provocado inestabilidad en el suministro de wasabi.
¿Hay alguna solución?
Como ocurre con tantas cuestiones relacionadas con el cambio climático, la clave es la capacidad de adaptación.
«Si persiste esta inestabilidad en el suministro de wasabi, debido a muchos factores, incluido el calentamiento global, tendremos que encontrar otras formas de resolver el problema para no acabar dejando de servir wasabi fresco por completo», declaró a Reuters.




