Muchas personas preocupadas por el cambio climático suponen que, tarde o temprano, el peso creciente de los hechos convencerá a quienes descartan el papel de los seres humanos en el problema para que reconsideren su postura. Sin duda, según esta teoría, la abundante evidencia acabará haciendo que cualquier escéptico comprenda la gravedad de la situación.
Pero la ideología política tiene un efecto poderoso, y nuevas investigaciones muestran que la educación y los hechos no impiden que quienes niegan el cambio climático seleccionen sesgadamente la evidencia para respaldar sus propias creencias.
Un estudio publicado esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences mostró que, entre las personas con mayor nivel educativo, existe en realidad una profunda división de opiniones sobre cuestiones científicas controvertidas.
Los investigadores analizaron la opinión pública sobre seis temas —la investigación con células madre, el big bang, la evolución humana, el cambio climático, la nanotecnología y los alimentos genéticamente modificados— a partir de más de 6.500 respuestas de la Encuesta Social General (una encuesta nacional que se realiza cada dos años). En general, descubrieron que el nivel educativo tenía «a lo sumo una relación débil» con la aceptación del consenso científico.

Escriben:
«Descubrimos que, allí donde existía polarización religiosa o política, esta era mayor entre las personas con más educación general y entre quienes tenían mayores conocimientos científicos, según se midió tanto por si habían cursado asignaturas de ciencias como por sus resultados en una prueba de alfabetización científica».
El estudio se suma a varios estudios anteriores que muestran que los conservadores políticos tienen más probabilidades de cuestionar el consenso científico sobre el cambio climático si cuentan con más educación.
Según los investigadores, hay dos explicaciones plausibles para este hallazgo. En primer lugar, la idea del «razonamiento motivado»: «las personas con más conocimientos son más hábiles para interpretar la evidencia de modo que respalde las conclusiones que prefieren». En segundo lugar, el exceso de confianza: como explican los investigadores, «el conocimiento aumenta la confianza de las personas más rápidamente de lo que aumenta ese conocimiento».
Así que, si no logras convencer a familiares dogmáticos para que entren en razón, no te sorprendas demasiado. Dado los peligros aterradoramente reales que plantea el cambio climático, sigue valiendo la pena presentar los hechos; simplemente no des por sentado que quienes lo niegan son tontos.




