Para detener la propagación de enfermedades como el coronavirus, debemos reinventar nuestras ciudades

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By 2050, two-thirds of the global population will live in cities.Image: Unsplash/Kim Daniel
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  • Los centros urbanos densamente poblados son vulnerables a los brotes de enfermedades.

  • Los urbanistas deberían centrarse en las «ciudades de 20 minutos».

Urbanistas y médicos afirman que los núcleos densamente poblados son especialmente vulnerables a los brotes de enfermedades mortales y quizá deban rediseñarse.

Mientras Wuhan, la ciudad china que es el epicentro del nuevo coronavirus, se convierte en el último centro urbano en afrontar un brote de una enfermedad mortal, urbanistas y médicos afirman que estos núcleos densamente poblados son especialmente vulnerables y quizá deban rediseñarse.

Wuhan, una ciudad de unos 11 millones de habitantes, lleva más de tres semanas prácticamente confinada. Según las autoridades, más de 1.400 personas han muerto en China continental.

El brote ha evocado otra epidemia mortal: el SARS, o síndrome respiratorio agudo grave, que causó más de 770 muertes entre 2002 y 2003.

El epicentro de esa enfermedad fue un complejo residencial de Hong Kong, una de las ciudades más densamente pobladas y desiguales del mundo.

Dado que se prevé que más de dos tercios de la población mundial vivan en zonas urbanas para 2050, las ciudades deben diseñarse para favorecer la buena salud, afirmó Sreeja Nair, investigadora de políticas del Lee Kuan Yew Centre for Innovative Cities (LKYCIC) de Singapur.

«Aunque la vida urbana ofrece perspectivas de mejores oportunidades económicas e infraestructuras, incluidos los centros de atención sanitaria, la forma en que las ciudades aumentan su densidad y se expanden influye enormemente en la propagación de enfermedades infecciosas», afirmó.

La desigualdad de la riqueza en las ciudades también afecta a su vulnerabilidad y capacidad de preparación y respuesta, declaró Nair a la Thomson Reuters Foundation.

«Este desequilibrio derivado de las disparidades socioeconómicas y de la gobernanza expone a algunas partes de la población a un mayor riesgo», entre ellas a quienes carecen de acceso a una vivienda adecuada, atención sanitaria y servicios básicos como el agua y el saneamiento, afirmó.

Población que vive en zonas urbanas en todo el mundo entre 1950 y 2050, por región. Image: Statista

Desde hace mucho, las ciudades atraen a quienes buscan oportunidades económicas y una mejor calidad de vida.

Pero estas zonas, donde las personas viven muy cerca unas de otras, también han facilitado la rápida propagación de enfermedades, desde la peste bubónica en la Edad Media hasta la gripe aviar, el SARS y el nuevo coronavirus.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque los habitantes de zonas urbanas suelen gozar de mejor salud que las poblaciones rurales, los riesgos se distribuyen de manera desigual y la mayor parte de la carga recae sobre grupos vulnerables, como quienes viven en barrios marginales.

Comportamiento humano

La OMS ha identificado la urbanización como uno de los principales desafíos para la salud pública en el siglo XXI, aunque señala que, en situaciones de emergencia, los organismos municipales suelen aplicar primero las políticas sanitarias y actuar más rápido que las entidades federales.

Según la OMS, el entorno urbano está vinculado a numerosas enfermedades no transmisibles, como la obesidad y las enfermedades cardíacas y pulmonares, así como a enfermedades transmisibles, como la tuberculosis, asociada al hacinamiento y la mala ventilación, y a enfermedades transmitidas por el agua y por vectores, como el dengue.

Las zonas urbanas también presentan más puntos de riesgo debido al contacto entre humanos y animales, afirmó David Heymann, profesor de la London School of Hygiene and Tropical Medicine.

Esto incluye zonas con roedores, mercados de animales domésticos y silvestres vivos, y áreas suburbanas donde se crían animales en instalaciones agrícolas industriales, señaló Heymann, exdirector ejecutivo de la OMS, donde encabezó la respuesta al SARS.

«Las zonas urbanas son singulares y deben desarrollar soluciones, además de contar con sistemas sólidos de detección de enfermedades y respuesta, para controlar rápidamente las infecciones emergentes», afirmó.

La proliferación de infecciones resistentes a los medicamentos y la multitud de formas de transmisión pueden desbordar incluso a las ciudades más limpias y ricas.

Singapur, una de las ciudades mejor planificadas del mundo, pero también una de las más conectadas, ha notificado cerca de 60 casos de coronavirus, una de las cifras más altas fuera de China.

Las ciudades modernas están en mejores condiciones de aprovechar la tecnología para reforzar el seguimiento de los casos y de las poblaciones en riesgo, y crear canales de comunicación sólidos que fomenten la concienciación y eviten el pánico entre los residentes, afirmó Nair, del LKYCIC.

Además, las ciudades necesitan un buen diseño e infraestructura, señaló Matt Benson, director de programas de Think City, una agencia de regeneración urbana de Malasia respaldada por el Gobierno.

«Más que la densidad, lo que facilita la propagación de enfermedades en las ciudades es el comportamiento humano. Puede haber un barrio de baja densidad, pero si nadie recoge los residuos, eso podría provocar un brote de dengue», afirmó.

Los urbanistas deberían centrarse en construir «ciudades de 20 minutos», o pueblos dentro de la ciudad, donde se pueda llegar al trabajo, al médico o a casa de los amigos en un máximo de 20 minutos, afirmó.

Melbourne ya está poniendo a prueba estos barrios, donde se puede acceder a la mayoría de las necesidades cotidianas a pie, en bicicleta o en transporte público en 20 minutos.

La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, también aspira a crear la «ciudad de un cuarto de hora» para reducir la contaminación y mejorar la calidad de vida.

Estas zonas de alta densidad generan una mayor cohesión social y aportan más beneficios económicos y medioambientales, afirmó Anjali Mahendra, directora de investigación del Ross Center for Sustainable Cities del World Resources Institute, en Washington, D. C.

Lo que impide que estas zonas se conviertan en entornos superpoblados, donde la transmisión de enfermedades puede ser elevada, es la disponibilidad de infraestructura física de buena calidad y de normas de planificación que promuevan la habitabilidad para todos, afirmó.

Añadió que los asentamientos informales de las ciudades de países en desarrollo tienen especiales dificultades para acceder a esos servicios.

«Las ciudades son lugares de innovación, servicios y oportunidades, por lo que seguimos viendo cómo crecen», afirmó Mahendra.

«Pero nuestras instituciones urbanas deberían funcionar de modo que los beneficios económicos de las ciudades y el valor que generan se compartan de forma más equitativa».

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