Por qué la salud financiera debe ser una prioridad global

Una persona acerca su teléfono móvil a una terminal de pago sin contacto ("tap and pay") para realizar una transacción.

Aunque la inclusión financiera está en aumento, la resiliencia económica de los hogares no ha crecido al mismo ritmo. Image: Jonas Leupe/Unsplash

Leora Klapper
Lead Economist, World Bank Group
Tamara Cook
Director, Office of the UN Secretary-General's Special Advocate for Financial Health (UNSGSA)
  • La inclusión financiera crece en todo el mundo, pero la resiliencia económica sigue estancada para más de la mitad de los adultos.
  • Quienes toman las decisiones deben pasar del simple acceso a cuentas bancarias a medidas integrales de bienestar financiero a largo plazo.
  • Construir ecosistemas digitales responsables y herramientas de ahorro adecuadas es esencial para fortalecer la economía de los hogares.

Según diversos indicadores, la inclusión financiera está aumentando. Para 2024, el 75% de los adultos en economías de ingresos bajos y medios tiene una cuenta, según el último Global Findex; esto representa un incremento del 80% desde 2011. El uso también ha crecido: cerca del 40% de los adultos ya ahorra de manera formal.

Lamentablemente, la resiliencia financiera no ha seguido el mismo ritmo. Solo el 56% de los adultos en estas economías afirma que podría acceder de forma confiable a dinero extra en un plazo de 30 días para enfrentar un imprevisto —como la pérdida del empleo, una enfermedad o un accidente—, una cifra que no ha variado desde que se recolectaron los datos por última vez en 2021.

Esto evidencia un eslabón perdido entre el acceso financiero básico y una salud financiera más amplia, de la cual la resiliencia es una dimensión fundamental. La Alianza Global para la Inclusión Financiera del G20 y la Asesora Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para la Salud Financiera definen este concepto como "el grado en que una persona o familia puede gestionar sin problemas sus obligaciones financieras actuales y tener confianza en su futuro económico". Bajo este enfoque, el éxito no se mide solo por el acceso y uso de servicios financieros, sino por el bienestar económico general de las personas.

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La encuesta Global Findex capta varias de estas dimensiones, incluyendo el estrés financiero cotidiano y la capacidad de gestionar crisis. Esto es lo que muestran los datos.

La preocupación financiera no distingue niveles de ingresos

Las inquietudes económicas son notablemente constantes en todos los niveles de ingresos, aunque varían un poco según la región y el contexto del país. El 30% de los adultos señala los gastos mensuales como su principal preocupación, mientras que el 26% identifica los gastos médicos como su mayor inquietud. Un 14% se preocupa más por las cuotas escolares o el dinero para la vejez (véase la figura siguiente).

Tanto para los adultos de ingresos bajos como para los de ingresos altos, los gastos mensuales y las facturas médicas ocupan los primeros lugares. Esto sugiere que la vulnerabilidad financiera no se limita a los hogares más pobres, lo que subraya la necesidad de evaluar la salud financiera más allá del nivel de ingresos por sí solo.

El uso de herramientas de salud financiera sigue siendo bajo

A pesar de la preocupación generalizada por estos temas, la adopción de productos diseñados para gestionar riesgos financieros sigue siendo mínima. Solo cerca del 10% de los adultos en países de ingresos bajos y medios realiza pagos a un proveedor de seguros (excluyendo a China, donde más de la mitad lo hace). En muchos países, las aseguradoras ofrecen tanto seguros tradicionales como productos de ahorro, por lo que estos pagos no siempre representan primas de seguros. Esta baja adopción también puede reflejar deficiencias en la disponibilidad y el diseño de los productos.

La contratación de ahorros formales para la vejez es igualmente baja. Aunque el 14% de los adultos en países de ingresos bajos y medios (sin contar a China) admite que le preocupa su ingreso durante la vejez, menos de uno de cada tres ahorra formalmente para este fin. Los incentivos limitados podrían explicar este patrón: solo el 9% de los adultos en estos países gana intereses por sus ahorros formales (de nuevo, excluyendo a China, donde más de la mitad de los ahorradores formales recibe intereses).

El endeudamiento formal para gestionar el estrés financiero también es poco común. La mayoría de los préstamos para gastos médicos o de negocios son informales, especialmente para los adultos en los hogares más pobres. Lo mismo ocurre con el endeudamiento para cubrir los gastos mensuales, lo que se refleja en el 32% de los adultos que reportan comprar alimentos al crédito.

La resiliencia financiera mediante colchones de ahorro sigue siendo un desafío

Estos patrones para enfrentar el estrés económico ayudan a explicar por qué la resiliencia financiera se ha mantenido estancada en el 56% desde el Global Findex 2021. Además, apenas un tercio de los adultos podría cubrir más de dos meses de gastos si perdiera su principal fuente de ingresos.

Al mismo tiempo, los datos del Findex muestran que las personas que dependen de sus ahorros para gestionar imprevistos tienen más probabilidades de ser financieramente resilientes. Sin embargo, las presiones financieras del día a día —desde las cuotas escolares hasta los gastos del negocio— pueden agotar rápidamente incluso los saldos de los ahorradores más comprometidos. Es comprensible, entonces, por qué el aumento del ahorro formal no ha sido suficiente para construir resiliencia a gran escala. Superar esos obstáculos requerirá soluciones de ahorro y seguros que se adapten mejor a las necesidades de la gente.

Los ecosistemas digitales responsables pueden fortalecer la salud financiera

La salud financiera requiere no solo acceso, sino también un mayor uso de servicios financieros diversificados, respaldados por un ecosistema que incentive las transacciones digitales. Ese ecosistema aún está incompleto. Aunque las tres cuartas partes de quienes reciben pagos del gobierno y la mitad de los asalariados del sector privado en países de ingresos bajos y medios reciben sus fondos en cuentas, cerca de la mitad retira el dinero en efectivo inmediatamente. A menudo, esto sucede porque las transacciones diarias, desde las compras del supermercado hasta los pagos a proveedores de pequeñas empresas, todavía requieren efectivo. Esto limita las oportunidades de mantener el dinero en las cuentas y construir colchones de ahorro.

Al mismo tiempo, expandir el uso digital conlleva riesgos. En mercados en línea de rápido crecimiento, las plataformas digitales pueden acelerar el gasto y fomentar comportamientos financieros impulsivos. Sin una protección sólida al consumidor y un diseño de productos bien pensado, las herramientas digitales pueden socavar, en lugar de fortalecer, la salud financiera. Digitalizar completamente las cadenas de valor de los pagos —desde proveedores hasta comercios y consumidores— puede fortalecer la resiliencia financiera, pero solo cuando las salvaguardas e incentivos apoyen el ahorro y el uso responsable.

Avanzar en la salud financiera requiere un liderazgo deliberado. Ampliar el acceso sigue siendo esencial para los 1300 millones de adultos que aún no tienen una cuenta, pero quienes toman las decisiones y los proveedores deben ir más allá, convirtiendo la salud financiera en un objetivo explícito de sus políticas y negocios. Esto significa alinear la regulación, el diseño de productos y los ecosistemas digitales para ayudar a los hogares a gestionar los riesgos cotidianos mediante seguros sencillos, ahorros con propósito que generen intereses, soluciones de pensiones y un crédito responsable y accesible. Con estos elementos en su lugar, el acceso puede traducirse en hogares más fuertes y financieramente más sanos.

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