Por qué el liderazgo financiero en la naturaleza es clave para el crecimiento sostenible

Image: Bailey Zindel/Unsplash
- Más de la mitad del PIB mundial depende de forma moderada o alta de la naturaleza; sin embargo, ya se han superado siete de los nueve límites planetarios.
- Cerrar la brecha de financiamiento de 700 000 millones de dólares anuales para la biodiversidad no es solo una necesidad, sino una gran oportunidad económica.
- El sector financiero puede impulsar una transición en toda la economía hacia sistemas positivos para la naturaleza con el fin de alcanzar un crecimiento sostenible.
Aunque los riesgos geopolíticos y económicos son los más críticos que enfrentamos hoy, el Informe sobre Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial advierte que las amenazas ambientales —como la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas— representan el mayor peligro a largo plazo.
Estos riesgos impactan profundamente a los sistemas naturales, el bienestar humano y la estabilidad financiera global. Pero lo más importante es que están estrechamente vinculados con riesgos socioeconómicos inmediatos, como los conflictos, el desplazamiento, la desigualdad o las crisis económicas.
Hablar de "largo plazo" no significa que el peligro sea lejano: cerca de 4000 millones de personas sufren una grave escasez de agua al menos un mes al año, mientras que el impacto de las sequías ya nos cuesta unos 307 000 millones de dólares anuales.

Sin embargo, las finanzas globales siguen desconectadas de esta realidad. El informe Estado de las finanzas para la naturaleza 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) revela una brecha alarmante: por cada dólar invertido en proteger la naturaleza, se gastan 30 en actividades que la destruyen.
Este desequilibrio acelera la vulnerabilidad sistémica y aumenta el riesgo de impactos abruptos e irreversibles en los ecosistemas de los que dependen nuestras sociedades. La naturaleza sustenta la economía real, pero ya hemos rebasado siete de los nueve límites planetarios, incluyendo la acidificación de los océanos, que entró en la "zona de peligro" en 2025.
Según el Foro Económico Mundial, más de la mitad del PIB mundial —unos 58 billones de dólares— tiene una dependencia moderada o alta de los sistemas naturales, desde la agricultura y la infraestructura hasta la manufactura y las cadenas de suministro.
Riesgos físicos como la escasez de agua, la degradación del suelo y la deforestación ya están golpeando el flujo de caja en casi todos los sectores. Para bancos, aseguradoras e inversionistas, esto se traduce en riesgos financieros y de transición que afectan directamente el valor de los activos y la estabilidad de sus clientes a largo plazo.
Por qué es vital cerrar la brecha de financiamiento para la biodiversidad
Cerrar la brecha anual de 700 000 millones de dólares en el financiamiento global para la biodiversidad no es solo una necesidad, sino una gran oportunidad. Así lo destaca el Resumen para Responsables Políticos de la Evaluación sobre Empresas y Biodiversidad, publicado recientemente por la IPBES (Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas).
Respaldado por 152 países, el informe ofrece la evidencia más sólida hasta la fecha sobre cómo la naturaleza sustenta el valor empresarial y cómo gestionar los impactos ambientales puede fortalecer la resiliencia económica. Las inversiones con resultados positivos para la naturaleza —como la agricultura regenerativa, la silvicultura sostenible, la restauración de cuencas y las soluciones basadas en el océano— están emergiendo como clases de activos invertibles con perfiles de riesgo-rendimiento propios.
Paralelamente, los rápidos avances en tecnologías aplicadas a la naturaleza —como las herramientas de monitoreo, reporte y verificación (MRV) y los datos geoespaciales— están derribando las barreras de información. Esto permite que las instituciones financieras gestionen mejor sus riesgos ambientales y desarrollen indicadores clave de desempeño (KPI) creíbles para sus productos financieros.
En conjunto, estas nuevas oportunidades de inversión y herramientas de apoyo facilitan la diversificación de carteras, contribuyen a las metas climáticas y generan valor a largo plazo para las entidades financieras.
También ayudan a alinear los flujos de capital con los objetivos sociales definidos en el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal de 2022 y reforzados por compromisos globales más recientes. Entre ellos destaca la decisión del Global Mutirão de 2025, tomada en la COP30 en Brasil, para detener y revertir la deforestación y la degradación forestal hacia el año 2030.
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Al mismo tiempo, el impulso regulatorio se está acelerando con nuevas políticas, requisitos de divulgación y expectativas de mercado que están entrando en vigor en todas las regiones. Esto incluye al Sur Global, donde una mayor parte de la actividad económica depende directamente de la naturaleza y donde la pérdida de biodiversidad se reconoce cada vez más como un riesgo macroeconómico.
Ejemplos concretos de esto son la participación de la Autoridad Prudencial de Sudáfrica en evaluaciones piloto sobre la exposición de los bancos a riesgos naturales, la integración de la naturaleza en los bonos verdes y la taxonomía de finanzas verdes de China, o el liderazgo de Brasil a través de iniciativas como el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (Tropical Forests Forever Facility). Estas señales apuntan a una convergencia inevitable entre la protección de la naturaleza, la regulación financiera y la asignación de capital.
El caso de negocio para integrar la naturaleza en la estrategia financiera
A pesar de los desafíos globales, los argumentos comerciales para poner a la naturaleza en el centro de la estrategia financiera son más claros que nunca. El financiamiento para la naturaleza está dejando de ser un nicho de innovación para convertirse en el estándar de los mercados de capitales.
Dentro de la comunidad de los Principios de Banca Responsable de la Iniciativa Financiera del PNUMA (UNEP FI) —que representa a la mitad del sistema bancario mundial— el 45% de los bancos signatarios ya están tomando medidas en favor de la naturaleza.
Este impulso también se refleja en la rápida adopción del Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera Relacionada con la Naturaleza (TNFD), al que se han sumado más de 620 organizaciones en más de 50 países. Asimismo, el Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad (ISSB) ya analiza cómo integrar la naturaleza en su marco de estándares globales.
En un periodo marcado por la fragmentación geopolítica y la incertidumbre económica, algunas empresas podrían sentir el instinto de pausar o retroceder, pero las instituciones financieras no pueden permitirse perder de vista el horizonte.
Este es precisamente el momento de redoblar esfuerzos, porque la naturaleza representa tanto una fuente de riesgo sistémico como el cimiento de la prosperidad a largo plazo.
Al basar sus decisiones en la ciencia, fortalecer los marcos de riesgo y movilizar el capital hacia resultados positivos para la naturaleza, el sector financiero puede liderar una transición económica global que genere un crecimiento resiliente y una prosperidad compartida dentro de los límites de nuestro planeta.
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