La economía global tiene un plan de emergencia: acumular reservas estratégicas

Ya sea con minerales críticos o con arroz, las economías modernas mantienen el viejo hábito de acumular con un propósito. Image: REUTERS/Kim Kyung-Hoon
- EE. UU. acumula minerales críticos a medida que las tensiones comerciales empeoran.
- Aunque es algo común en las economías modernas, la tendencia de guardar recursos siempre se hace más fuerte en tiempos de incertidumbre.
El nombre sonaba inofensivo. Pero "Operación Pescado"—Operation Fish— no tenía nada que ver con proteínas marinas y sí todo con la supervivencia. Al estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939, el plan consistió en que el Reino Unido enviara sus reservas de oro a Canadá en secreto para protegerlas. La mayor transferencia de riqueza física de la historia mantuvo a la nación en pie en lo que terminaría siendo una lucha exitosa.
El oro es uno de los activos más atemporales que un país puede acumular. Asegura la capacidad de comerciar, respalda la moneda y permite aguantar las crisis. Pero la enorme variedad de reservas estratégicas va mucho más allá del metal amarillo.
La más nueva es la reserva de minerales críticos de 12 000 millones de dólares anunciada en EE. UU., y la más antigua podría ser el almacenamiento de granos del antiguo Egipto —hipotéticamente útil ante una plaga bíblica—.
En medio de ambas, ha habido de todo: desde una reserva estratégica de carne de cerdo en China hasta una de miel de maple en Canadá. Suiza coordina reservas de alimentos suficientes para toda su población por hasta cuatro meses, aunque evalúan extenderlo a un año. Japón, por su parte, guarda cerca de un millón de toneladas de arroz; una reserva que tuvo que usar hace poco debido a las compras de pánico y al aumento de precios causado por el calor extremo.
Para quienes participan en una economía global regida —al menos en teoría— por el estado de derecho y el interés mutuo en la estabilidad, tenemos demasiadas cosas guardadas en escondites.
Los economistas conductuales ven un vínculo entre la acumulación individual y las amenazas percibidas. Lo mismo podría aplicarse a las naciones, lo que convierte al acopio en una medida de volatilidad bastante útil.
"Estamos haciendo de todo", así describió el presidente Donald Trump el contenido de la "Operación Vault". Es muy probable que esta reserva de minerales críticos incluya potasa para fertilizantes (y alimentos), y el aluminio necesario para teléfonos, computadoras, aviones y edificios.
¿Alguna vez has oído hablar del rodio? Si EE. UU. se quedara de pronto sin las importaciones de Sudáfrica de este mineral —crucial para los autos modernos—, el gobierno estima que se abriría un hueco de 64 000 millones de dólares en la economía nacional. ¿Y el samario? La falta de este elemento de tierras raras (clave para la defensa) importado desde China —un escenario nada descabellado— podría restar otros 4500 millones.
Y así, todo va para el almacén.
Hay quienes dicen que esta nueva reserva de minerales críticos en EE. UU. —financiada casi toda con dinero público— se parece mucho a la forma de actuar de China: buscar la autosuficiencia a base de los fondos del gobierno.
Pero EE. UU. y el resto del mundo tienen sus propias tradiciones de ahorro, con una gran variedad de cosas guardadas "bajo el colchón". EE. UU., por ejemplo, tiene mucha experiencia acumulando petróleo. El país y varias otras naciones se acostumbraron a hacerlo después de que sus fuentes de suministro, antes confiables, se secaran en la década de 1970.
Y hay una historia todavía más larga acumulando oro; otra lección aprendida a golpes de escasez. Gran parte del oro estadounidense está en Fort Knox, Kentucky (y ahí sigue), junto con otros depósitos de alta seguridad en West Point (Nueva York) y Denver (Colorado).
Perdiendo el encanto de acumular
Últimamente, el oro parece un mineral tan crítico como cualquier otro. El valor de este refugio histórico ha subido a la par de las tensiones comerciales y la ansiedad económica global.
Los bancos centrales de todo el mundo no parecen tener suficiente. Las compras netas rompieron récords durante la pandemia, y los mercados emergentes no han dejado de abastecerse. El banco central de China está en plena "fiebre" de compras. En Polonia, ubicada en una falla geopolítica bastante activa, el oro ya representa casi un tercio de sus reservas de divisas; un gran salto frente al menos del 20% que tenían apenas en 2024.
Otros "tesoros" guardados parecen igual de esenciales. Hace más de una década, al inicio de la era digital, un grupo de investigadores enterró herramientas en los Alpes suizos para que las futuras generaciones puedan descifrar formatos de almacenamiento que inevitablemente quedarán obsoletos. Noruega, por su parte, construyó un enorme banco de semillas en una isla remota para asegurar la alimentación en un mundo que se calienta.
Pero no todo lo que se guarda está bajo llave. Groenlandia presume de tener el 10% del agua dulce del mundo en una capa de hielo formada durante milenios; una reserva que se derrite hacia los fiordos un mundo cada vez más sediento.
La reserva de miel de maple de Canadá también estaba segura... hasta que dejó de estarlo entre 2011 y 2012, cuando fue saqueada (el autor intelectual del plan fue posteriormente condenado a ocho años de cárcel).
Por otro lado, la reserva de carne de cerdo en China se reparte en docenas de almacenes públicos y privados. En un país que consume gran parte del cerdo a nivel mundial, gestionar estas reservas ayuda —en teoría— a que las autoridades mantengan los precios estables.
Una de las preguntas más obvias sobre la acumulación de reservas es: ¿realmente funciona?
En el caso del oro británico enviado temporalmente al extranjero, la respuesta probablemente sea un "sí". Proteger sus reservas enviándolas en secreto al otro lado del Atlántico ayudó al país a resistir la guerra y a posicionarse para la recuperación.
Otros países no tuvieron que buscar tan lejos para asegurar su oro cuando la guerra se intensificó. Suiza trasladó sus reservas a un almacén en las montañas, una medida de precaución que ayudó a mantener su economía en marcha y la preparó para el auge de la posguerra.
Las reservas pueden funcionar, pero quizás sería más constructivo enfocarse en cómo hacer que dejen de ser tan necesarias.
Acumular recursos puede ser una tarea racional. Pero, en cierto punto, también es una señal de que es hora de redoblar esfuerzos para cooperar y aceitar los engranajes del comercio global.
Después de todo, estas reservas no siempre son inexpugnables.
El dólar podría ser una de las reservas más envidiables del mundo. No siempre se guarda en una bóveda, pero mientras esté presente en suficientes balances alrededor del planeta, mantiene su magnetismo; así, EE. UU. puede apoyarse en eso para mantener bajos sus costos de endeudamiento, comprar barato y esquivar crisis cambiarias.
Últimamente, el brillo de esta reserva en particular se ha desvanecido. A medida que el valor del dólar flaquea, el atractivo de cosas como el oro aumenta. En un plano más general, un sistema monetario global basado en la fe de que el dólar resistirá parece menos sostenible en un mundo fragmentado.
Cuando dependes tanto de otros para mantener tu reserva, no puedes simplemente llevártela a escondidas a Canadá para protegerla.
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Simon O'Connell
3 de marzo de 2026





