De la IA al impacto real: ¿Por qué la infraestructura financiera es el verdadero motor?

Cuando la infraestructura financiera funciona, las nuevas tecnologías impulsan de verdad a los negocios y a las economías locales. Image: Unsplash/Sean Pollock
- La economía digital opera en tiempo real, pero gran parte de la infraestructura financiera que la sustenta, no.
- Las discusiones actuales sobre la inteligencia artificial y los activos digitales apuntan a una realidad más amplia: la tecnología amplía las posibilidades, pero la infraestructura determina qué tan ampliamente se comparten.
- Con una infraestructura confiable y conectada, más empresas y más economías pueden participar en el comercio mundial.
En 2026, estuve en Davos por primera vez en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial, como parte de la comunidad de innovadores y unicornios. Al llegar, algo saltó a la vista de inmediato: el ritmo del cambio tecnológico ya es exponencial.
Los debates con fundadores y emprendedores giraron casi siempre en torno a la inteligencia artificial (IA): desde su despliegue en las empresas y la robótica, hasta proyectos espaciales, ciencia de la longevidad y los riesgos de ciberseguridad, ahora que los estafadores usan la IA para operar a gran escala. La IA ya está en la calle, transformando industrias en tiempo real.
A pesar de estos avances, los retos de fondo en muchas economías no se han movido. Para los líderes de negocios y quienes toman las decisiones —especialmente en los mercados emergentes— la prioridad sigue siendo lo más básico: que las empresas puedan cobrar, pagar a sus proveedores y mover dinero de forma confiable entre fronteras.
Podemos avanzar rápido en tecnología, pero si queremos que ese progreso se note de verdad en la economía, necesitamos una infraestructura financiera que sea capaz de conectarse entre sí.
Innovación vs. infraestructura
La IA permite que las empresas operen a nivel global desde el primer día. Los servicios digitales cruzan fronteras al instante y las startups pueden llegar a múltiples mercados sin necesidad de tener presencia física.
Sin embargo, el crecimiento se frena cuando los pagos tardan días en llegar, el tipo de cambio es impredecible o las empresas no pueden acceder a sus propios ingresos rápido. El capital de trabajo se queda estancado, los márgenes se ven presionados y los planes de expansión se postergan.
La economía digital opera en tiempo real, pero gran parte de la infraestructura financiera que la sustenta, no. Un sistema de pagos y cobros confiable sigue siendo un cuello de botella para las empresas que escalan internacionalmente. Para las pymes de los mercados emergentes, los pagos transfronterizos lentos y caros dificultan su crecimiento y su competitividad global.
Mientras la innovación vuela, los sistemas financieros deben evolucionar para sostener ese ritmo. En la Reunión Anual, la conversación sobre las stablecoins reflejó ese cambio: ya no se veían como activos especulativos, sino como infraestructura; rieles diseñados para permitir transacciones globales instantáneas y de bajo costo.
Las stablecoins como rieles
Los casos de uso de las stablecoins ya van mucho más allá del trading. Se utilizan para remesas, pago de nóminas y cobros transfronterizos. Para muchas empresas, esto ya es parte de su operación diaria y, en ciertos mercados, los fondos se mueven las 24 horas sin tener que depender del horario bancario tradicional.
Un tema recurrente en la Reunión Anual fue la interoperabilidad. Las stablecoins no crean valor por sí solas: funcionan cuando conectan bancos, billeteras móviles y redes digitales para que el dinero fluya entre ellos sin fricciones. Sin esa conectividad, corren el riesgo de convertirse en un silo más dentro de un sistema ya fragmentado.
La regulación de los activos digitales es parte de la misma conversación; a medida que crece la adopción, aumenta la necesidad de reglas claras y una supervisión coherente. La confianza es clave para escalar, y la participación institucional depende de la transparencia, las salvaguardas y la certeza regulatoria.
También hubo mucha tela que cortar sobre la inteligencia artificial. A medida que los sistemas de IA comiencen a transaccionar en la economía digital —ya sea para compras automatizadas, servicios digitales o pagos entre máquinas— los rieles de pago deben ser programables, confiables y estar integrados con los sistemas actuales. La infraestructura tiene que aguantar esa próxima fase de automatización.
El rumbo está claro: el futuro no se trata de elegir entre las finanzas tradicionales y los activos digitales, sino de un modelo híbrido donde las stablecoins se integren y fortalezcan los sistemas financieros existentes, mejorando la eficiencia sin sacrificar la confianza.
La infraestructura como multiplicador
La discusión sobre la IA y los activos digitales apunta, al final del día, a una realidad más amplia: la tecnología expande lo que es posible, pero la infraestructura determina qué tanto se democratizan esas posibilidades.
Cuando los sistemas financieros funcionan bien, las nuevas tecnologías aportan mucho más a las empresas, los trabajadores y las economías locales. Cuando los sistemas de pago se conectan de forma fluida y confiable, las empresas pueden vender al exterior con confianza. Los trabajadores digitales cobran a tiempo y las empresas pueden usar su dinero al instante, en lugar de sentarse a esperar a que llegue.
Así es como la innovación llega más allá de los adoptantes tempranos y las grandes economías. Sin sistemas financieros modernos e interoperables, el acceso queda limitado a unos pocos mercados. Con una infraestructura confiable y conectada, más empresas y economías pueden entrar de lleno al comercio global.
La IA seguirá avanzando a toda velocidad. Los servicios digitales seguirán cruzando fronteras. Que esa aceleración se traduzca en un impacto económico real dependerá de que la infraestructura financiera evolucione a su par.
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23 de marzo de 2026






