Naturaleza y Biodiversidad

Cómo los líderes pueden mover la aguja en la financiación forestal en 2026

Los bosques limpian el aire, regulan el agua y albergan biodiversidad.

Los bosques limpian el aire, regulan el agua y albergan biodiversidad. Image: Geio Tischler/Unsplash

Jack Hurd
Head, Earth Systems Agenda, Member of the Executive Committee, World Economic Forum
Sir Andrew Steer
Distinguished Professor of Practice, London School of Economics (LSE)
Este artículo es parte de: Reunión Anual de 2026
  • Los bosques absorben dióxido de carbono y liberan oxígeno, regulan el ciclo del agua y proporcionan un hábitat para una gran variedad de fauna y flora.
  • Recién en las últimas décadas empezamos a reconocer su verdadero valor y, aunque hay avances, todavía queda mucho por hacer.
  • Iniciativas como la Alianza para el Futuro de los Bosques impulsan la acción colectiva para conservar, restaurar y gestionar los bosques del mundo.

Durante siglos, los bosques se consideraron obstáculos para el desarrollo o recursos para talar. Solo en las últimas décadas se ha reconocido plenamente su verdadero valor.

Los bosques absorben dióxido de carbono (CO₂) y liberan oxígeno, regulan el ciclo del agua, son el hogar de una gran variedad de especies y contribuyen significativamente al sustento y al crecimiento económico.

Por eso, su conservación, restauración y gestión han ocupado un lugar destacado en el debate mundial durante las últimas dos décadas. Pero, aunque se han logrado avances, aún queda mucho por hacer.

El compromiso de frenar la deforestación para 2030 se remonta a 2014, cuando casi 200 organizaciones públicas, privadas y de la sociedad civil respaldaron el objetivo de la Declaración de Nueva York sobre los Bosques de acabar con la pérdida de bosques para ese año.

En la COP26, celebrada en Glasgow en 2021, los líderes de 140 países se comprometieron nuevamente a detener y revertir la pérdida de bosques para 2030, impulsando al mismo tiempo el desarrollo sostenible. Este compromiso se reafirmó y se terminó de definir en la COP30, celebrada en Belém en 2025, donde los bosques y el cambio en el uso de la tierra ganaron protagonismo como parte de la Agenda de Acción.

Si bien los compromisos políticos y las acciones corporativas se han intensificado en los últimos años, las finanzas se han convertido en el factor decisivo para determinar si los bosques se protegen o se pierden.

Por qué es clave innovar en la financiación forestal

La Hoja de ruta para la financiación forestal, publicada por la Alianza de Líderes Forestales y Climáticos (FCLP) durante la Semana del Clima de Nueva York en septiembre de 2025, proporcionó un marco de colaboración entre las finanzas públicas y privadas para alcanzar resultados ambiciosos.

La Presidencia brasileña de la COP30 volvió a hacer hincapié en la deforestación como una de las principales fuentes de emisiones de CO₂, al tiempo que destacó cómo la pérdida de bosques socava la capacidad de los bosques restantes para absorber el carbono que ya se encuentra en la atmósfera.

En este contexto, el fondo Tropical Forests Forever Facility (TFFF) en la COP30 representó un posible punto de inflexión en la financiación forestal. Respaldado por el compromiso de Noruega de aportar 3000 millones de dólares y la contribución de Alemania de 1000 millones de euros (1160 millones de dólares), el mecanismo ha movilizado hasta ahora 6500 millones de dólares y tiene como objetivo alcanzar los 10 000 millones para finales de 2026.

Si se materializa plenamente, el TFFF podría ampliar significativamente la escala y la duración del apoyo financiero disponible para que los países tropicales conserven, restauren y gestionen sus bosques. Al mismo tiempo, poner fin a la deforestación requiere una inversión que va mucho más allá del propio sector forestal.

Se está generando un fuerte impulso en torno a un nuevo modelo de producción agrícola que prioriza el uso de tierras degradadas, junto con un compromiso hacia la intensificación sostenible. En este marco, el fondo "Catalytic Capital for the Agriculture Transition" (CCAT) causó sensación en la COP30 con su enfoque innovador, movilizando 50 millones de dólares destinados a atraer hasta 1000 millones de dólares en capital comercial.

El fondo busca ayudar a los agricultores brasileños a restaurar tierras degradadas y, al mismo tiempo, mejorar la productividad, demostrando cómo una inversión bien dirigida puede convertir la restauración en una realidad práctica y escalable.

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The Nature Conservancy indica que se necesitarán 2000 millones de dólares en capital catalítico para 2030 con el fin de apalancar 10 000 millones de dólares en inversión total solo en Brasil, lo que respaldaría la transición crítica para desvincular la agricultura y la ganadería de la deforestación.

Este cambio reduciría significativamente la presión sobre los bosques y otros sistemas naturales, una prioridad cada vez más urgente a medida que entra en vigor el Reglamento de la Unión Europea sobre la deforestación. Al prohibir la venta de productos relacionados con la deforestación, el reglamento está empezando a actuar como una señal de demanda de vital importancia para los productos básicos libres de deforestación y conversión (DCF).

Sin embargo, la pregunta clave es si este impulso se extenderá más allá de las negociaciones sobre el clima a foros de toma de decisiones económicas más amplios, como Davos.

Transformar las intenciones en resultados para detener la pérdida de bosques

Como quedó claro en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de 2026 en Davos, debemos reforzar nuestros compromisos y, lo que es más importante, convertir las buenas intenciones en resultados. Esto es esencial para mantener la tendencia a la baja en la pérdida de bosques, al tiempo que se impulsa una transición en la forma de gestionar la tierra en los paisajes forestales.

Para lograrlo, será necesaria la colaboración entre organismos públicos, empresas privadas, instituciones financieras y actores de la sociedad civil.

  • Las políticas públicas pueden apoyar esta transición fortaleciendo la seguridad en la tenencia de la tierra y haciendo cumplir las regulaciones. Las tierras bajo control público deben protegerse de manera efectiva y las actividades permitidas, tanto en zonas fronterizas como en las ya colonizadas, deben cumplir con los planes de uso del suelo. Además, los esquemas fiscales y de subsidios deben ajustarse para fomentar el cambio hacia una producción legal, formal y sostenible de productos agrícolas y forestales.
  • Las empresas privadas juegan un papel fundamental en la transición, ya que responden a los incentivos de las políticas y establecen compromisos globales ambiciosos para desvincular sus operaciones de la deforestación y la conversión de ecosistemas, priorizando el uso de tierras degradadas frente a la expansión hacia nuevas áreas. Estos compromisos también deben estar vinculados a estructuras de incentivos internos que tengan una influencia real en la toma de decisiones empresariales.
  • Las instituciones financieras, al buscar minimizar el riesgo y desbloquear oportunidades de inversión, pueden apoyar a sus clientes corporativos alineando el costo del capital y las condiciones de los préstamos con el cumplimiento de las normas internacionales y los estándares de certificación.
  • Las organizaciones de la sociedad civil pueden reforzar su contribución canalizando las voces de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales hacia los procesos de toma de decisiones, realizando investigaciones y análisis socioeconómicos, y desarrollando herramientas de apoyo y marcos de información.

Finalmente, debemos poner en práctica las conclusiones contundentes de las investigaciones que demuestran que los bosques están mejor gestionados por quienes los habitan.

El reconocimiento de los derechos de los Pueblos Indígenas y la capacidad de defenderlos sigue siendo una de las formas más exitosas de cumplir nuestros compromisos internacionales para detener y revertir la deforestación.

La Alianza para el Futuro de los Bosques impulsa la acción colectiva

El Foro Económico Mundial lanzó recientemente la Alianza para el Futuro de los Bosques (FFA), que fomenta la acción colectiva de múltiples actores para conservar, restaurar y gestionar los bosques del mundo.

La Alianza permite que el sector privado y las organizaciones filantrópicas emprendan acciones social, económica y ecológicamente responsables en favor de los paisajes forestales —tanto en zonas rurales como urbanas— para impulsar ecosistemas y comunidades prósperas en todo el mundo.

El costo de la inacción es cada vez mayor. Iniciativas como esta ofrecen la oportunidad de aprovechar el llamado a la acción de la COP30 y movilizar la financiación necesaria para impulsar medidas en favor de los bosques, por el bien de nuestro medio ambiente y de nuestro futuro compartido.

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