Cómo Japón exprime la tecnología y las alianzas para blindar su agricultura

Los fenómenos meteorológicos extremos han afectado a la producción agrícola en Japón, pero los agricultores están encontrando formas de adaptarse. Image: Unsplash / Anna Mircea
- El cambio climático está socavando el suministro global de alimentos.
- Japón, por ejemplo, ya siente el golpe del clima extremo en la calidad de su producción de arroz.
- Los agricultores están cambiando sus cultivos y sumando nuevas tecnologías para no quedarse atrás en la producción.
A medida que el cambio climático se acelera y provoca desastres naturales más frecuentes y un aumento de las temperaturas, la agricultura en todo el mundo está entrando en un periodo de profunda transformación. Un estudio publicado en 2025 estima que la producción mundial de alimentos cae 120 calorías por persona al día por cada aumento de 1°C en la temperatura media global de la superficie.
Según el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca (MASP) de Japón, el país registró una desviación de +1,48°C en la temperatura media anual en 2024, la más alta desde que se tienen registros. Estas condiciones se han traducido en impactos tangibles tanto en el rendimiento como en la calidad de los cultivos.
En la producción de arroz, las elevadas temperaturas, combinadas con el calor y las escasas precipitaciones, provocaron la aparición generalizada de granos calcáreos y agrietados, lo que redujo tanto la calidad alimentaria como el rendimiento de la molienda. En la producción frutícola, las altas temperaturas durante la floración provocaron una mala fructificación en el 60-70% del norte de Japón, mientras que las manzanas, los cítricos y otras frutas sufrieron un deterioro de la calidad debido a la decoloración y las quemaduras solares.
Más allá del rendimiento de los cultivos, el cambio climático aumenta las presiones tanto económicas como físicas sobre los agricultores. Mantener los niveles de producción en los sectores de la horticultura, la floricultura y la ganadería requiere ahora medidas adicionales para combatir el calor, lo que eleva los costos operativos. Los inviernos más cálidos han permitido que más plagas sobrevivan todo el año, aumentando la frecuencia y el costo de su control. Al mismo tiempo, las zonas aptas para cultivar productos como la lechuga se están desplazando hacia altitudes más elevadas y frescas. Para la población agrícola japonesa, cada vez más envejecida, estas tendencias representan un desafío estructural de gran escala.
En respuesta, Japón está intensificando sus esfuerzos para mejorar la resiliencia climática en el campo mediante una colaboración más estrecha entre el gobierno, la industria y las comunidades agrícolas.
Japón: agricultura inteligente y colaboración público-privada
Una piedra angular de estos esfuerzos es el Programa de desarrollo y mejora de la tecnología agrícola inteligente estratégica, encabezado por el gobierno. El programa integra datos, inteligencia artificial y tecnologías predictivas para optimizar la gestión agrícola y fortalecer la capacidad de adaptación.
Los resultados ya son medibles. Los resultados ya son medibles. En el cultivo de arroz, las horas totales de trabajo se han reducido en un promedio del 9%, mientras que los rendimientos han aumentado en un margen similar, con casos que superan el 10% de ahorro en mano de obra. La adopción de drones para la fumigación ha reducido el tiempo de trabajo en un 61%, los sistemas automatizados de gestión del agua en un 80% y las trasplantadoras de arroz con asistencia en línea recta en un 18%.
Estos esfuerzos se institucionalizaron con la promulgación de la Ley de Promoción de la Tecnología Agrícola Inteligente en octubre de 2024. La legislación establece sistemas de certificación para adoptar tecnologías inteligentes, nuevos sistemas de producción y difusión de la innovación, ofreciendo incentivos financieros y fiscales a los agricultores y agroindustrias certificados. Las aplicaciones van desde robots de transporte autónomos y drones de siembra directa hasta métodos de formación de árboles que ahorran trabajo, lo que mejora la eficiencia, reduce el esfuerzo físico y refuerza la gestión agrícola.
Las alianzas con la industria también desempeñan un papel fundamental. Por ejemplo, NTT e-Drone Technology ha realizado pruebas con drones en cultivos de cítricos para reducir la mano de obra en el control de plagas y permitir una fertilización de tasa variable basada en datos de sensores, mejorando la eficiencia y reduciendo el impacto ambiental.
Adaptar los cultivos japoneses a un clima variable
El cambio climático también está redibujando el mapa de qué se puede cultivar y dónde. Investigaciones del MASP indican que algunas zonas tradicionalmente aptas para la producción de mandarina podrían perder viabilidad, convirtiéndose en cambio en regiones ideales para el cultivo de aguacate (palta) en la próxima década. Estos cambios abren nuevas oportunidades de ingresos, especialmente en áreas con tierras abandonadas.
En la ciudad de Makinohara, en la prefectura de Shizuoka, los agricultores empezaron a cultivar aguacates hace una década como estrategia de adaptación y para aprovechar tierras agrícolas abandonadas. A partir de 2025, el gobierno regional lanzó una iniciativa de desarrollo en colaboración con centros de investigación para establecer técnicas de cultivo a gran escala.
La adaptación también ocurre dentro de los mismos cultivos. La superficie plantada con variedades de arroz resistentes al calor se ha multiplicado por 2,5 en la última década, alcanzando las 206 000 hectáreas en la cosecha de 2024. Esta cifra representa el 16,4% de todo el arroz cultivado para consumo básico. Estos giros demuestran cómo la innovación dirigida puede sostener la productividad incluso bajo condiciones climáticas cada vez más adversas.
Del riesgo a la oportunidad climática
A medida que el cambio climático se consolida como una constante en el panorama mundial, fortalecer la resiliencia agrícola ya no es solo cuestión de seguridad alimentaria; es un requisito indispensable para el crecimiento económico sostenible, la vitalidad rural y la estabilidad social. La experiencia de Japón ilustra cómo integrar tecnologías digitales, adaptar los cultivos y fomentar la colaboración público-privada puede transformar el riesgo climático en una oportunidad.
Al alinear la innovación tecnológica con el conocimiento sobre el terreno, Japón está construyendo sistemas agrícolas más productivos, inclusivos y resilientes. Estas lecciones trascienden fronteras y ofrecen un modelo práctico para los países que buscan acelerar la transición hacia sistemas alimentarios globales sostenibles. Esta transformación marcará, cada vez más, las prioridades económicas y las agendas políticas en todo el mundo.
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