Crecimiento Económico

Apostadores racionales: ¿por qué la Generación Z se inclina por el 'nihilismo financiero'?

Una persona sostiene un teléfono inteligente que muestra gráficos de precios de criptomonedas en tiempo real.

El "nihilismo financiero" empuja a algunos jóvenes a realizar inversiones de alto riesgo, pero una mejor educación y regulación podrían ayudar a aliviar sus preocupaciones económicas. Image: Unsplash/AustinDistel

Morgan Camp
Coordinator, Financial and Monetary Systems, World Economic Forum
  • En Estados Unidos, los adultos de la Generación Z (de entre 18 y 27 años) viven una realidad de salarios estancados, viviendas impagables y una deuda personal que no deja de crecer.
  • Como el camino tradicional hacia la seguridad financiera es cada vez más difícil de alcanzar, muchos están apostando por inversiones más arriesgadas, como las criptomonedas y los mercados de predicción.
  • La educación financiera, las políticas públicas y la regulación deben estar en sintonía con la realidad económica de estos jóvenes para que construir un patrimonio deje de ser un juego de azar.

Graduados universitarios recientes en Estados Unidos con deudas de 94 000 dólares están comprando criptomonedas y apostando en mercados de predicción. Con el acceso a la vivienda bloqueado por los precios y salarios estancados, los adultos de la Generación Z (de 18 a 27 años) han sacado cuentas, y el resultado es claro: el sistema tradicional no les está funcionando.

En 1990, el precio medio de una casa en EE. UU. equivalía a 3,2 veces el ingreso familiar promedio. Hoy, esa cifra subió a 5 veces, y para alguien de entre 20 y 34 años, el costo se acerca a 8 veces su salario anual.

En el país, el salario medio para quienes tienen un título universitario —ajustado por inflación— apenas se ha movido: de 58 138 dólares en 1990 a 60 000 hoy. La tasa de desempleo de esta generación se sitúa en el 8,3%, el doble del promedio nacional. Aunque históricamente los trabajadores más jóvenes tienen mayor desempleo, hoy la mitad de los recién graduados están subempleados y los puestos de nivel inicial han caído un 35% en los últimos años.

Esta generación también carga con más deuda personal que cualquier otra —94 101 dólares en promedio— y el 46% de los trabajadores Z ya ha retirado fondos de sus ahorros para la jubilación. El motivo principal para el 42% de ellos fue pagar deudas.

Como estos jóvenes no encontraron un capítulo que explicara su situación en el manual financiero convencional, empezaron a escribir el suyo propio.

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¿Qué es el 'nihilismo financiero'?

La expresión "nihilismo financiero" describe la sensación de que el sistema económico ya no premia la prudencia ni la planificación a largo plazo. Es una forma abreviada de referirse a la relación, aparentemente autodestructiva, de una generación con el dinero; una que incluye apuestas en cripto, mercados de predicción y ahorros para la jubilación que se retiran para pagar tarjetas de crédito.

Un estudio reciente de la Universidad de Chicago y la Universidad Northwestern ofrece un marco más preciso: muestra que, a medida que cae la probabilidad percibida de tener una casa propia, el comportamiento de las personas cambia. Consumen más en relación con su riqueza personal y dan un giro medible hacia inversiones más riesgosas.

Esto se refleja en las cifras. El 42% de los inversores de la Generación Z posee criptomonedas, casi cuatro veces más que el 11% que tiene una cuenta de retiro. Casi uno de cada cinco inversionistas menores de 30 años encuestados en 2022 solo poseía criptomonedas. Algunas estimaciones muestran que el volumen de operaciones en los mercados de predicción se ha cuadruplicado en los últimos años, y que casi un tercio de los inversionistas de la Generación Z participa en ellos o se lo está planteando.

Más que una curiosidad demográfica

Estas cifras tienen consecuencias reales porque la Generación Z se está convirtiendo en el grupo más numeroso del planeta; se espera que represente aproximadamente el 30% de la población mundial en los próximos 10 años. ¿Qué le ocurre a una economía cuando su generación más grande apuesta por activos —como las criptomonedas y los mercados de predicción— que no son aquellos para los que se diseñó el sistema?

La política monetaria estándar asume un tipo particular de hogar: uno con una hipoteca que responde a las tasas de interés, que tiene ahorros en mercados tradicionales y que posee una participación financiera suficiente en la economía convencional como para cambiar su comportamiento cuando las tasas suben o bajan. Sin embargo, la propagación del "nihilismo financiero" significa que quienes toman las decisiones corren el riesgo de malinterpretar el comportamiento de los hogares, con consecuencias directas en la forma en que la política monetaria se transmite a la economía real.

Históricamente, el banco central mueve una palanca de política monetaria y se espera que los hogares reaccionen de manera óptima ante las subidas y bajadas de las tasas de interés. Sin embargo, con una parte creciente de la población que no tiene hipotecas que refinanciar y que desvía sus ahorros hacia activos que la política monetaria no fue diseñada para tocar, esa palanca dejará de funcionar tan bien.

Con los ingresos agregados de la Generación Z —9 billones de dólares en 2023— proyectados para alcanzar 74 billones de dólares para 2040, esto ya no es una peculiaridad demográfica, sino una cuestión de la eficacia futura de la política monetaria tradicional.

El no tan 'gran traspaso de riqueza'

El llamado "gran traspaso de riqueza" es la respuesta habitual a estas preocupaciones. Los baby boomers (quienes hoy tienen entre 60 y 70 años) poseen 78,6 billones de dólares, o el 51,8% de toda la riqueza en Estados Unidos. Se espera que entre 68 000 y 84 000 millones de dólares pasen a sus cónyuges y a las generaciones más jóvenes en las próximas dos décadas. Esta narrativa sugiere que las dificultades de la Generación Z son temporales, que el sistema tiene su propia corrección y que el balance generacional se equilibrará por sí solo.

Pero no será así. No para la mayoría de las personas, ni de la forma en que se espera. El 10% más rico de los hogares recibirá el 56% de todas las transferencias intergeneracionales, mientras que la mitad inferior recibirá apenas el 8%. Si eliminamos por completo al 10% más rico de los estadounidenses del cálculo, la herencia media para el 90% restante se sitúa cerca de cero.

Para la gran mayoría de la generación a la que se intenta tranquilizar con este relato, el gran traspaso de riqueza es una historia sobre el dinero de los demás. A medida que la minoría beneficiada invierte en bienes raíces y otros activos tradicionales, los precios pueden subir aún más. Así, un mercado que ya es inalcanzable se vuelve todavía más prohibitivo para muchos jóvenes de la Generación Z.

Lo más importante no es que la mayoría de la Generación Z no reciba una herencia sustancial, sino lo que ocurre con su comportamiento y con el de los mercados cuando se acentúa la desigualdad económica. Cuando la principal barrera para tener una casa propia es un pago inicial que llega cada vez más a través de transferencias familiares, la generación se divide.

Una minoría recibe esa inyección de capital, posee el activo que se valoriza y accede a la vía rápida de rendimientos compuestos para la que fue diseñado el manual financiero tradicional. Ellos pueden permitirse esperar.

El otro 90% no tiene ese respaldo. Mientras sus propios salarios apenas se mueven y los precios de las viviendas siguen subiendo, la desigualdad exacerbada puede incentivarlos aún más a buscar alguna ruta alternativa para llegar a la meta financiera. La brecha entre ganadores y perdedores aumenta, y el camino hacia el éxito financiero se siente cada vez más como un juego de azar.

Si bien la lectura convencional del gran traspaso de riqueza es que ayudará a la Generación Z, el resultado más probable es que formalice una división entre aquellos para quienes el camino tradicional sigue abierto y aquellos para quienes no. El segundo grupo seguirá apostando —y, sin un nuevo capítulo en el manual financiero convencional, la lógica racional para hacerlo solo crecerá.

Asegurando sus apuestas

En un contexto de enorme desigualdad de riqueza, salarios reales estancados y precios de vivienda por las nubes, hoy más que nunca las personas necesitan una guía clara y accesible que les ayude a satisfacer sus necesidades financieras a corto y largo plazo.

Sin embargo, la educación financiera por sí sola no puede bajar el precio de una casa ni cerrar la brecha salarial. La política monetaria también debe tener en cuenta a una generación que se encuentra cada vez más excluida del sistema de activos tradicionales. Asimismo, la regulación debe avanzar al mismo ritmo que los mercados que esta generación está utilizando para intentar construir un patrimonio.

Para que la creación de riqueza deje de ser un juego de azar, la educación financiera, las políticas públicas y la regulación deben estar en sintonía con la realidad económica de la Generación Z.

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