El voto de los jóvenes en Reino Unido, ¿Buenas noticias para los laboristas?

Tras su protagonismo en la política de los años sesenta y setenta, en los últimos años, los jóvenes habían permanecido en un segundo plano en muchos análisis políticos. Algunos resultados electorales, como el referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea, han vuelto a poner a los jóvenes en el foco de atención. Se argumenta, con buenos motivos, que una mayor participación entre este grupo de edad hubiera dado la vuelta a los resultados: los jóvenes británicos preferían mayoritariamente el “Bremain” frente al “Brexit”.
En esta nueva cita electoral, los jóvenes vuelven a suscitar muchas expectativas. M. Savage titulaba recientemente «¿Darán los jóvenes la victoria a Corbyn?». En su análisis para The Guardian reflexionaba sobre el hecho de que casi 3 de cada 4 jóvenes dicen que votarán al Partido Laborista en las elecciones del 8 de junio. Comparando estas proyecciones y el comportamiento en recientes citas electorales, jóvenes y adultos parecen más diferentes que nunca. En el último sondeo de YouGov, los jóvenes (de 18 a 24 años) que declaraban su intención de votar al Partido Laborista superaban el 71 por ciento, frente al 46 por ciento de los adultos más jóvenes (de 24 a 49) y al 33 por ciento de los adultos más mayores (de 50 a 64 años). Esa distancia entre los jóvenes y otros grupos de edad era bastante menor hace dos años, en 2015, y casi inexistente en 2010, como puede comprobarse en el gráfico 1.
Gráfico 1. Preferencias electorales (recuerdo de voto e intención de voto*) de los británicos por grupos de edad (en %)

Que los jóvenes apoyen de forma tan marcada a los laboristas ¿son buenas o malas noticias para Corbyn y los laboristas? Hasta el jueves no habrá una respuesta, pero desde la Ciencia Política podemos plantear algunas hipótesis a partir de la particular relación de los jóvenes con la política.
Empiezo por una mala noticia: los jóvenes participan menos en elecciones ―aunque lo hacen más en otras actividades políticas, como participar en manifestaciones―. Si finalmente, como ocurriera con el Brexit, los jóvenes participaran sensiblemente menos que otros grupos de edad (casi 30 puntos menos que los más mayores según el sondeo de Opinum), el apoyo masivo de los jóvenes a los laboristas se traduciría en pocos votos. Insuficientes para compensar el apoyo al Partido Conservador por parte de otros grupos de edad, que tienen niveles mucho más altos de participación (y que, demográficamente, son más numerosos).
Que los jóvenes voten menos es una pauta común en casi todas las democracias. Sin embargo, en el Reino Unido esta baja participación de los jóvenes es más pronunciada desde 2001. Se trata de uno de los países en los que las diferencias entre jóvenes y adultos en sus niveles de participación electoral son más altas.
¿Por qué los jóvenes participan menos? Aunque se trata de un fenómeno con muchas causas, plantearé dos grandes explicaciones a este fenómeno sin adentrarme en las características que pudieran tener las generaciones a la que pertenecen los jóvenes. En primer lugar, los jóvenes no han tenido tiempo de desarrollar experiencia en su relación con la política y las instituciones. El voto, como otros comportamientos políticos es un hábito que se aprende y se consolida a medida que se ejerce: cuantas más veces se ha ido a votar, más probable es volver en futuras elecciones.
Una segunda explicación puede encontrarse en los diferentes recursos y responsabilidades que los individuos van desarrollando a lo largo de su vida. Independizarse, vivir en pareja, encontrar el primer trabajo, o tener el primer hijo son etapas del camino hacia la vida adulta que favorecen la participación. La transición hacia la vida adulta incrementa los recursos de los individuos para participar, favorece su integración en la sociedad y les hace más conscientes de la importancia de participar en política.
Los jóvenes cambian con facilidad de preferencias electorales. Si se vuelve a prestar atención al gráfico 1, puede compararse cómo ha cambiado el porcentaje de voto a los partidos para cada grupo de edad. Los electores más promiscuos son los jóvenes. Los adultos más mayores, por el contrario, mantienen porcentajes de apoyo a cada uno de los partidos bastante similares entre elección y elección. El ejemplo más interesante es el apoyo de los jóvenes al Partido Liberal-Demócrata. Aunque los jóvenes han votado ligeramente más por los laboristas que por otros partidos, nunca en los últimos 15 años habrían apostado de forma tan decidida por ellos. La mala noticia para Corbyn es que nada le asegura que el apoyo de los jóvenes vaya a mantenerse estable en el tiempo, como sí ocurre entre otros grupos de edad.
La volatilidad no afecta sólo a las elecciones. También afecta a la campaña. Los jóvenes son más sensibles a eventos que ocurran en momentos previos a las elecciones como, lamentablemente, podrían ser los atentados terroristas de las últimas semanas. La promiscuidad electoral de los jóvenes podría hacer que estos eventos inesperados y traumáticos afectaran más a su decisión de voto que a otros grupos de edad. De momento, las encuestas de YouGov posteriores al atentado de Mánchester no muestran que los atentados afecten negativamente al apoyo juvenil al Partido Laborista. Más bien al revés, aunque los conservadores aparecen en las encuestas como mejor preparados que los laboristas para gestionar asuntos relacionados con la seguridad. En el momento en que escribo esto no hay datos sobre el atentado de Londres, pero parece que la opinión pública en Reino Unido ha compartido en cierta medida la responsabilidad de T. May en el recorte presupuestario que ha afectado al número de la policía.
¿Por qué son más volátiles? De nuevo, hay dos explicaciones. Como ya se ha dicho, los jóvenes están inmersos en procesos de aprendizaje político. Y, además, pertenecen a cohortes con mejores recursos educativos para interpretar la realidad. Eso explica que hayan tenido menos tiempo para desarrollar lealtades partidistas e ideológicas fuertes y también que las necesiten menos para simplificar la realidad y tomar decisiones. Estos factores, estables a lo largo de la vida, anclan el voto haciéndolo predecible. Los jóvenes tienen su voto menos anclado, algo que les convierte en votantes que deciden en atendiendo a otros factores más cortoplacistas y cambiantes.
Claramente, no todo son malas noticias en esta historia. A pesar de la cacareada apatía de los jóvenes hacia la política, de su individualismo y su falta de compromiso, hay datos que cuestionan esta visión. La distancia de los jóvenes hacia la política, como se contaba en Agenda Pública hace unos días, muestra rechazo hacia la política de partidos pero no hacia la política en general.
Tal vez, el liderazgo de Jeremy Corbyn, arrastrando al Labour hacia la izquierda, haya dado argumentos a los jóvenes para volver a confiar en el Partido Laborista. Esto sería especialmente relevante para los jóvenes críticos, esos que, aunque desconfían de la política partidista, se comprometen políticamente. Estos jóvenes, que algunos autores llaman críticos, habrían permanecido en standby, esperando quien representara sus preferencias. Está por ver si esta nueva aproximación entre los jóvenes y el laborismo es interiorizada por aquéllos, convirtiéndose en una identificación duradera en el tiempo. La cristalización puede o no ocurrir, pero la etapa de vida en la que se establecen vínculos entre electores y partidos para el largo plazo es, precisamente, la juventud.
Movilizar electoralmente a los jóvenes tiene muchos riesgos a corto plazo para ganar elecciones. Sin embargo, no hacerlo desplaza los problemas al largo plazo. Si los partidos no incorporan las demandas de los jóvenes ni se preocupan por representar sus preferencias, no sólo están desplazando a un grupo social numeroso. También pierden la oportunidad de desarrollar lazos de cercanía con las futuras generaciones de adultos, que serán sus votantes estables en el medio plazo.
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