¿Qué significa la innovación en el mundo de hoy?

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Cada nueva generación debe enfrentarse a profundas transformaciones políticas, económicas, sociales y, sobre todo, tecnológicas. No sólo cambian las suposiciones tradicionales sobre nuestras futuras perspectivas económicas, sino que también crean nuevas expectativas respecto al avance humano y el progreso social. No obstante, la extensión y la velocidad de la innovación tecnológica parecen ser tan alentadoras y potenciadoras de la misma manera que son disruptivas y ominosas. El contexto, la cultura y las circunstancias juegan todos su papel al crear una reacción positiva o negativa.

Por ejemplo, por un lado, una nueva era de avances en la industria del análisis de datos, la nanotecnología, la inteligencia artificial, la neurociencia y la energía no convencional está transformando negocios, industrias y economías. Por otro lado, las inquietudes sociales como el desempleo estructural, la desigualdad de ingresos, la capacitación y la competitividad nacional se enmarcan en el contexto de la innovación tecnológica. El reto es alcanzar una idea compartida acerca de la innovación y una conciencia sobre cómo puede generar mayor valor para las personas a las que servimos, las organizaciones que dirigimos y las sociedades a las que pertenecemos.

Abordar el tema de la innovación de esta manera requiere que nos detengamos a analizar cómo se está transformando la economía global. Por ejemplo, el McKinsey Global Institute condujo una extensa investigación sobre la manera en la que los flujos globales en aumento están contribuyendo al crecimiento del PIB, y en particular los nuevos flujos de datos y comunicación. El último informe, publicado en abril de 2014, presenta los más sólidos argumentos hasta la fecha de que esta no es una tendencia cíclica sino secular:

· “Para 2012, el valor combinado de productos y servicios además de flujos financieros alcanzó 26 billones de dólares, o 36 por ciento del PIB global, comparado con los cinco billones, o 23 por ciento del PIB mundial en 1990”.

·“El tráfico global en línea ha crecido de 84 petabytes por mes en 2000 a más de 40,000 petabytes por mes en 2012: un aumento de 500 veces más”.

El informe también predice que los flujos globales de productos, servicios y finanzas podrían alcanzar entre 54 y 85 billones de dólares en 2025 (o un 38 a un 49 por ciento del PIB global). Lo que puede inferirse de la interconexión y la dispersión de los flujos globales y sus redes es que la nuestra es de hecho una economía mundial interconectada e interdependiente que sigue evolucionando. A pesar de que el estudio nos advierte que las compañías tradicionales tendrán que “prepararse para enfrentar una nueva ola de competencia impulsada por el bajo costo de iniciar un nuevo negocio en la era digital”, en general es de carácter optimista ya que “esta nueva era global despliega nuevas oportunidades para que los emprendedores con mentes globales puedan alterar el modelo de negocios establecido al operar como micromultinacionales dentro de las cadenas de valor globales”.

Otra interpretación del impacto de los flujos globales multidimensionales y sus crecientes efectos de red es más crítico y cauteloso. También reconoce la conectividad global como “la característica determinante de nuestra era”, pero asocia su crecimiento primero al concepto de la complejidad a raíz de lo cual la complejidad inherentemente genera diversas formas de inestabilidad. En su reciente libro The Butterfly Defect: How Globalization Creates Systemic Risk and What to Do About It (El defecto mariposa: cómo la globalización crea riesgos sistémicos y qué hacer al respecto), los economistas Ian Goldin y Mike Mariathasan sostienen que una mayor conectividad habilita y crea sistemas globalmente integrados, pero que son también inherentemente complejos. Conceptualmente van un paso más allá al afirmar que “como resultado de la globalización, el mundo actual debería definirse como un sistema complejo” y por consiguiente abogan por “reformas que promuevan una globalización más transparente y más resistente”.

Distinguir entre los sistemas complicados y complejos se vuelve aún más importante cuando se contempla el futuro de la innovación desde el punto de vista de una compañía competitiva a escala global. En su nuevo libro Tackling Complexity (Reto a la complejidad), los expertos en administración Gilbert Probst y Andrea Bassi sostienen que dicha diferenciación es crucial y que la complejidad es relevante para el sector privado ya que “los patrones de la oferta y la demanda de los mercados emergentes están evolucionando, la tecnología se está desarrollando rápidamente y los precios de la energía y recursos naturales son altamente volátiles”. También nos advierten que dicha espiral de complejidad “podría intimidar a los responsables de tomar decisiones, o bien es posible que no lleguen a apreciarla o comprenderla”, lo cual con el tiempo podría desacelerar o incluso obstaculizar la innovación, sobre todo en las compañías más grandes. Contrarrestar dicha reacción requiere recordar y enfatizar el impacto que la búsqueda de la innovación tiene en la aspiración e inspiración de la organización.

Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, desde hace mucho ha sostenido que, conforme los mercados existentes maduran, las compañías dependerán ahora del desarrollo global para su crecimiento futuro. Por lo tanto, su interés estratégico es ayudar a mejorar el estado del mundo. En su artículo de 2008 en Foreign Affairs Schwab propuso un nuevo imperativo para los negocios que describió como “la ciudadanía corporativa global”. Opina que los “líderes internacionales de negocios deben comprometerse con un desarrollo sustentable, así como a abordar los principales retos globales, incluso el cambio climático, el acceso a la atención médica pública, la conservación de energía y el manejo de recursos, particularmente del agua”. Debido a que estos problemas globales impactan los negocios cada vez con mayor frecuencia, no atenderlos podría perjudicar el resultado final. Debido que la ciudadanía global se encuentra en el interés propio e iluminado de la corporación, es por lo tanto sustentable. Abordar los temas globales puede ser bueno tanto para la corporación como para la sociedad en un momento de globalización en aumento y una influencia del estado cada vez menor”.

Reformulada en el contexto de la innovación, la ciudadanía global corporativa refleja la idea de que la creación de valor se está transformando en el siglo XXI. Durante las últimas tres décadas, la creación de valor ha cambiado de la producción eficiente de productos y servicios globales a la generación de mayores retornos financieros para los accionistas, y ahora ambos métodos están resultando obsoletos e insostenibles. Hoy día, el éxito a largo plazo reposa sobre dos pilares: la creatividad y la sociedad. La creatividad impulsa a las compañías a identificar necesidades no satisfechas y a satisfacerlas de maneras verdaderamente innovadoras. La sociedad recompensa a las compañías que hoy crean valor económico incluyente y sustentable. Este es el contexto del diseño de la 8ª Reunión Anual de los Nuevos Campeones que se organiza bajo el nombre de “Creando Valor a través de la Innovación”. El propósito en Tianjín es reunir las comunidades vanguardistas del Foro Económico Mundial que están comprometidas a crear valor por medio de la innovación que a largo plazo beneficie a las partes interesadas.

Autor: W. Lee Howell, Director Ejecutivo del Foro Económico Mundial

Imagen: REUTERS/Stringer

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