¿Puede la tecnología salvar el medio ambiente?

En un mundo que para el año 2050 se espera que alcance una población de 9 mil millones de habitantes, incluidos 3 mil millones de consumidores nuevos a la clase media, los retos de expandir la oferta para satisfacer la demanda no tienen precedentes. El Consejo Mundial de los Negocios para el Desarrollo Sustentable (WBCSD, por sus siglas en inglés) y la Red Global de la Huella Ecológica calculan que hemos excedido por mucho la capacidad de la Tierra para sostener nuestros niveles actuales de consumo y que en un plazo muy corto estaremos en camino a consumir el equivalente a más de dos veces lo que nuestro planeta puede regenerar; en Estados Unidos se consume hasta cinco veces más de ese nivel.
Los impactos ambientales son claros; la lista es vasta, bien conocida y deprimente. El cambio climático es uno esos impactos y está aquí con nosotros, y está aquí para quedarse. Aquellos que lo niegan son pocos y son financiados por intereses especiales que presionan a los políticos y lo hacen de una manera extremadamente exitosa. El resultado ha sido la falta de acción, con una infinidad de reuniones cuyo resultado es el mismo: nada.
No obstante, es posible que la tendencia esté cambiando. Tanto el conocimiento de los problemas como los impactos son evidentes para una sociedad globalmente conectada.
Gran parte de nuestros retos provienen de una despilfarrada filosofía de desarrollo, o nuestro modelo actual de “toma-fabrica-desecha” en el acelerado sector de los bienes de consumo, el cual por sí solo conlleva un desperdicio en la cadena de valor del 80%, o 2,5 billones de dólares por año. Y en el sector de la manufactura las cifras podrían ser tan elevadas como el 90%, donde el empaquetado que se desecha es uno de los principales culpables.
En la agricultura y la producción de alimentos la oportunidad es enorme, tanto económica como moralmente. Un tercio de todos los alimentos que se producen para el consumo humano se pierden o desperdician antes de ser consumidos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que esto equivale a un total de 750 mil millones de dólares. En Estados Unidos, el 40% de todos los productos nunca llegan a ingerirse, y se estima que esto también genera hasta el 10% de los gases de efecto invernadero. Sólo en Europa 100 millones de toneladas se desperdician cada año. Esto no es sólo un problema económico, sino también un insulto a la humanidad, pues 840 millones de personas pasan hambre cada año.
Depender de ganancias eficientes por sí solo no será suficiente para satisfacer la demanda global: el contexto exige cambios sistemáticos, y en ese respecto, el cambio de una economía linear a una economía circular regenerativa proporciona opciones interesantes. La economía circular tiene como objetivo erradicar el desperdicio, no sólo en los procesos de manufactura, como el “lean management”, o manufactura limpia, aspira a hacerlo, sino sistemáticamente, a lo largo de los ciclos de vida y uso de los productos y sus componentes.
Dentro de este modelo económico, diseñar productos durables para que sean restaurativos mantendrá tanto componentes y productos en uso más tiempo, a la vez que garantizará que los materiales biológicos puedan volver a entrar a la biósfera al final de su vida, lo cual contribuirá a salvaguardar la productividad del suelo.
En una economía circular, el objetivo para los componentes durables, como los metales y la mayoría de los plásticos, es reusarlos o mejorarlos en otras aplicaciones productivas por medio del mayor número de ciclos posible. Este método contrasta profundamente con la mentalidad linear integrada en la mayoría de las operaciones industriales de la actualidad. Incluso su terminología –cadena de valor, cadena de suministro, usuario final– expresa un punto de vista toma-fabrica-desecha. A final de cuentas, la economía circular podría desacoplar el crecimiento económico del consumo de recursos. El Foro Económico Mundial, en asociación con la Ellen MacArthur Foundation y McKinsey pronosticaron ahorros de hasta 40 a 50% al utilizar estos modelos de producción. El potencial para la innovación, la creación de empleo y el desarrollo económico son enormes: algunos cálculos apuntan hacia una oportunidad de hasta un billón de dólares.
Si creemos en la mitad de las predicciones de Peter Diamandis acerca de un mundo abundante y que las tecnologías que están creciendo exponencialmente nos traerán mayores ganancias en las próximas dos décadas de lo que hemos obtenido en los últimos 200 años, muy pronto podríamos tener el poder para exceder las necesidades básicas de la humanidad.
La abundancia para todos podría estar a nuestro alcance: la “honda” de Dean Kamen, una tecnología que puede transformar el agua contaminada, el agua salada o incluso aguas residuales en agua potable de alta calidad por menos de un centavo por litro; el Qualcomm Tricorder, que promete un dispositivo médico portátil a bajo costo que le permite a cualquier persona diagnosticarse sola mejor de lo que lo haría cualquier doctor certificado; las “granjas verticales” de Despommier que reemplazan la agricultura tradicional con un sistema que usa 80% menos terreno, 90% menos de agua, cero pesticidas y costos de transporte. Y otras tecnologías emergentes, como la Machine-2-Machine Communication, la tecnología móvil, los avances en la nanotecnología, las ciencias de la vida y materiales, todo esto nos proporciona una gama de opciones para optimizar nuestras tecnologías de producción a fin de minimizar el desperdicio
Asimismo, modelos de negocio en evolución que alteran no sólo cómo producimos, sino cómo consumimos tienen el potencial de ocasionar disrupciones importantes. “El pago por servicio/los negocios de alquiler” bajo el cual Philips, por ejemplo, introdujo el modelo “Pay per lux”, por medio del cual la empresa mantiene la titularidad de los materiales (los focos) y vende la luz como servicio, y otros modelos como los “negocios de economía compartida” (Uber, AirBnB) y negocios de propiedad fraccionaria (Netjets) tienen el potencial de maximizar su utilización de recursos, satisfacer la demanda de productos y servicios sin añadir desperdicio ni consumo innecesario.
Está claro que continuar en el camino que vamos no es una opción que nuestro planeta pueda sostener. Debemos mitigar y restaurar las capacidades de nuestro medio ambiente para sostenernos a nosotros y a las generaciones futuras. Gran parte de la respuesta a este reto yace en qué tan rápido y qué tan amplia y eficazmente se puedan emplear estos nuevos modelos de negocios y tecnologías. Y yo no estoy en condiciones de decir si esto es causa para sentirse optimistas.
Autor: Leo Schlesinger, jefe ejecutivo de MASISA México, empresa distribuidora líder en silvicultura sustentable e integrada, químicos, tableros compuestos y mobiliario. Schlesinger es uno de los Jóvenes Líderes Globales del Foro Económico Mundial y ha presidido el Consejo para la Agenda Global sobre los Recursos Naturales y la Biodiversidad.
Imagen: REUTERS/Jon Nazca
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