La revolución robot ya ha comenzado

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En la Carnegie Mellon University, en Estados Unidos, los robots andan por los pasillos, haciendo tareas sencillas para la profesora Manuela Veloso y su equipo. Estos CoBots, o robots colaborativos, pueden guiar a los visitantes a través del laberíntico edificio o recoger paquetes de la recepción. Si se dan cuenta de que no pueden hacer parte de alguna tarea, simplemente piden ayuda.

Este es el aspecto revolucionario del trabajo de Veloso. “La opción era esperar, realizar más investigación hasta que todos los robots tuvieran brazos, hasta que aprendieran su situación y pudieran manejar toda la incertidumbre de la percepción y la cognición, y es probable que eso tardara toda una eternidad”, explica.

En lugar de eso, ella les enseñó a los CoBots a reconocer cuándo cierta tarea ha excedido sus capacidades y a pedirle ayuda a un humano, a otro robot o incluso a la Internet. “La inteligencia no se limita a deducir los hechos del conocimiento que se posee o a aprender nuevos datos, sino también a reconocer que uno no sabe, o que no puede hacer algo o que no entiende”.

Uno tendría la tentación de decir que sólo una mujer pudo haber hecho este descubrimiento. Veloso se ríe. “Lo más probable es que sea porque soy científica. ¿Desde cuándo lo sabemos todo? No lo sabemos todo.”

Veloso se imagina un futuro en el que los robots limpian la casa mientras uno está en el trabajo. Podrían trabajar como perros guía para las personas ciegas, guiar a las personas en museos o buscar y transportar objetos en hospitales. Estas máquinas también podrían funcionar como sensores móviles, acumulando información en sus viajes: sobre la intensidad de WiFi, o la temperatura y la humedad, lo cual ayudaría a planificar nuestros entornos. El impacto de la robótica es una de las “revoluciones” tecnológicas en la agenda de la Reunión Anual de los Nuevos Campeones del Foro Económico Mundial que se llevará a cabo en Tiajín, China, en septiembre del año en curso.

Los robots serán ubicuos, afirma Veloso, y eso podría ocurrir pronto. “Podría ocurrir el próximo año si es que hay alguna compañía que lo tome muy en serio y trate de resolver todos los problemas de carácter legal y empresarial. Estamos en las manos de la industria. Esto podría ocurrir si Google decidiera que quiere que estos robots estén disponibles en todos nuestros espacios públicos y en nuestros hogares”.

Hasta ahora, el mercado para los robots –fuera de la industria pesada– sigue siendo pequeño. En algunos hogares habrá una aspiradora o una podadora automática. Ya existen en el mercado robots de juguete y educacionales, pero siguen siendo un producto de nicho.

En 2012, se vendieron aproximadamente 3 millones de robots de servicio personal y doméstico, de acuerdo con la Federación Internacional de Robótica (IFR, por sus siglas en inglés), lo cual cotiza el mercado en 1.2 mil millones de dólares. Pero el mercado está creciendo rápidamente, y las ventas aumentaron 20% en 2011.

El valor de los robots industriales en el mercado es más difícil de calcular, pues el costo del equipo es por lo general sensible a efectos del mercado. En lugar de eso, la IFR estima que 1,5 millones de robots industriales estarán en operación para finales de 2012. China es el mercado con mayor crecimiento, pues ahí se vendieron casi 37,000 robots industriales el año pasado.

En general, se espera que la industria crezca rápidamente. Algunas predicciones actuales sugieren que el mercado de los robots en sectores no militares será de aproximadamente 120 mil millones por año en 2020-2025.

Por supuesto que los robots ya se han utilizado en la manufactura por varias décadas para hacer trabajos físicamente difíciles, peligrosos o sucios, como la soldadura y la pintura con aerosol. Típicamente estas máquinas han estado aseguradas al piso y cercadas para proteger a los trabajadores. Dick Elsy, encargado del centro de innovación del gobierno del Reino Unido para la manufactura de alto valor afirma que “la mayoría de las compañías invierten más en mantener a las personas fuera de las instalaciones donde hay robots que en los robots mismos”.

Pero la siguiente generación de robots será más inteligente conforme la visión, los sensores y la inteligencia artificial de las máquinas vayan mejorando. Serán más pequeños y más seguros, lo cual significa que podrán trabajar al lado de los humanos. “Podría haber alguien haciendo una operación manual bastante compleja que requiera de cierta destreza trabajando al lado de robots que hagan el trabajo pesado, y así se tendría un medio mucho más productivo”, afirma Elsy.

Los robots también serán más útiles en contextos no industriales. Comenzarán a hacer trabajo de limpieza y mantenimiento. Mayores avances en la tecnología habilitarán nuevos tipos de robots quirúrgicos, prótesis robóticas y órtesis “exoesqueleto” que podrían ayudarles a las personas con movilidad limitada.

Los optimistas en la tecnología creen que esta revolución elevará la productividad y traerá crecimiento económico. Un informe de McKinsey de 2013 estima que la aplicación de robótica avanzada en la atención médica, la manufactura y los servicios podría generar un potencial impacto económico de entre 1,7 y 4,5 billones de dólares por año antes del año 2025.

Al mismo tiempo, esta revolución hará que grandes partes de la población trabajadora resulten redundantes. En su debatido libro The Second Machine Age (La segunda era de las máquinas), Erik Brynjolfsson and Andrew McAfee comparan este cambio a la primera revolución industrial, y sugieren que el progreso tecnológico dejará a muchas personas atrás.

En esta carrera, nos dicen, es claro que hay ganadores y perdedores. “Nunca ha habido mejor momento para ser un trabajador con destrezas especiales o la educación correcta, ya que estas personas usan la tecnología para generar valor. No obstante, nunca ha habido peor momento para un trabajador que posea sólo habilidades ‘ordinarias’, ya que las computadoras, los robots y otras tecnologías digitales están adquiriendo estas destrezas y habilidades a un ritmo extraordinario”.

Pero los autores no son implacablemente negativos. Resaltan que las máquinas pueden tener fortalezas y debilidades muy diferentes a las de los humanos. Cuando los ingenieros trabajan en la amplificación de estas diferencias, enfatizando las áreas donde las máquinas son fuertes y los humanos débiles, entonces lo más probable es que las máquinas complementen a los humanos en lugar de sustituirlos”. La producción más eficaz, nos dicen, requerirá que los humanos trabajen junto con las máquinas. Entonces el valor de ambos crecerá.

Esa tarea no es fácil. Construir robots que tengan una relación exitosa con los humanos va a requerir algo más que una ingeniería astuta. Justine Cassell, la directora del Instituto de Interacción Humano-Computadora de la Carnegie Mellon University, explica: “Con más y más frecuencia he descubierto en la investigación sobre las personas que no son sólo los aspectos informacionales de nuestro comportamiento lo que importa en la colaboración, sino también el aspecto social. Tendemos a colaborar de manera más eficaz con alguien en quien confiamos. Al fabricar computadoras, nunca nadie ha pensando en eso antes”.

Esta investigación la llevó a construir los llamados agentes conversacionales personificados (ECAs, por sus siglas en inglés): software capaz de sostener conversaciones importantes con los seres humanos. Una característica de gran importancia es que estos humanos virtuales también pueden hacer gestos con las manos y expresiones faciales para establecer confianza y relaciones con sus interlocutores humanos.

Casell ha estudiado la interacción humana hasta el más mínimo detalle, tomando nota de lo que las personas hacen con las cejas, y qué tan exitosos son a la hora de colaborar.

A fin de construir computadoras que trabajen bien con las personas, tenemos que entender cómo trabajan las personas”. Después integra esas capacidades sociales en sus ECAs a fin de que las personas puedan tenerles confianza y establecer relaciones con ellos, lo cual facilita que colaboren exitosamente.

Incluso sin este tipo de software, Casell afirma que los humanos forman relaciones con las máquinas. Más del 80% de las personas que poseen una aspiradora automática Roomba le ponen nombre. Colin Angle, el jefe ejecutivo de iRobot, el fabricante de Roombas, cuenta una anécdota acerca de una llamada de servicio al cliente. Una mujer le explicó que su robot tenía el motor defectuoso. Él le contestó que lo enviara de regreso a la compañía para que lo reemplazaran. “No”, dijo ella, “no les voy a mandar a Rosie”.

Cassell se ríe: “Ya hemos formado relaciones con las computadoras que nos rodean. Lo que yo estoy haciendo es tratar de construir una computadora que pueda también establecer relaciones con los humanos”.

Autora: Josephine Moulds es periodista independiente especializada en negocios. Anteriormente trabajó en The Guardian. 

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