Cómo potenciar la siguiente revolución energética

La industria de la energía está en la antesala de un cambio sísmico, no sólo en términos del tipo de energía del que dependerá la sociedad conforme el siglo progrese, sino también en términos de quién la controla.
Podría ser la mayor transformación en el mercado desde la Revolución Industrial, excepto que en esta ocasión no será ejercida por naciones ni por corporaciones, sino por el consumidor. O, como algunos los han llamado, los prosumidores: personas que no sólo consumen energía sino que también la producen; personas que deciden proactivamente cuándo, cómo y de dónde usan su energía durante los días y las noches.
Algunas personas creen que al utilizar la extraordinaria tecnología que está dominando cada aspecto de nuestras vidas, pronto crearán, usarán y conservarán energía de una manera personalizada para sus propios fines. Este es el futuro de la energía, o por lo menos uno de sus futuros. En medio de un turbulento fondo de costos de suministro en alza, volatilidad política, dificultades logísticas y precios en aumento, el “internet de las cosas” (IoT) ayudará a proporcionar el combustible para que el planeta pueda vivir de una manera más sustentable.
En tal mercado, se espera que los consumidores no se sientan desalentados por los cargos cada vez más altos y que se beneficiarán de una mayor competencia; las naciones emergentes podrán capitalizar la revolución tecnológica de Occidente y las corporaciones formarán nuevas asociaciones y harán grandes inversiones que impactarán a generaciones por venir.
La comparación con la Revolución Industrial es apta: la red energética de la que depende el planeta tiene sus caras y a veces ineficaces raíces en los modelos de compra, suministro, precio y venta del siglo XIX. Pero la tecnología tiene el poder de cambiar eso, y hay quienes aseveran que debe hacerlo.
Tomemos el alumbrado como ejemplo. Consume aproximadamente el 19% de la energía eléctrica del mundo, más de lo que todas nuestras plantas nucleares e hidroeléctricas pueden producir juntas (que es un total de aproximadamente 15%). Conforme miles de millones de personas demandan y obtienen acceso al alumbrado, se tendrán que gastar miles de millones de dólares en nuevas centrales eléctricas o el acceso tendrá que restringirse de tal manera que comunidades enteras permanecerán a oscuras.
A menos que el software, los análisis e internet ayuden a recalibrar el sistema. Por ejemplo, en la actualidad las personas no pueden controlar el consumo de energía porque no vale la pena y no es práctico. Todos sabemos que apagar las luces es algo bueno, pero no sabemos cuánta energía se ahorra al hacerlo. El software nuevo va a alterar eso: los datos no sólo registrarán el comportamiento de las personas, también lo cambiará.
El problema del cambio es que puede tomar bastante tiempo y nosotros nos desilusionamos pronto con las promesas que se nos hacen. La energía eólica, la solar y la de gas así como los automóviles eléctricos y sistemas LED han existido por tanto tiempo que muchos han dejado de creer en ellos. Y cuando instituciones como la Agencia Internacional de Energía dice que los combustibles fósiles todavía satisfacen el 80% de las necesidades mundiales de energía y que seguirán satisfaciendo el aumento de 40% proyectado en el curso de las dos siguientes décadas, es fácil ver por qué se duda del supuesto dominio de la energía renovable.
Pero las innovaciones tecnológicas de la década pasada han transformado su eficacia y se han unido a otras formas de renovables incluso más inteligentes, como las redes inteligentes, las ventanas electro-cromáticas (en las cuales la luz entrante, y por lo tanto el calor, se puede controlar e incluso almacenar) y las pilas de nanoalambre, junto con los biocombustibles, la fractura hidráulica y, quizá, los reactores nucleares de cuarta generación, se espera, producirán más energía en base a hidrógeno.
A pesar de que es peligroso predecir lo que tendrá o no tendrá beneficios –hace apenas ocho años ni siquiera las mentes más brillantes de Estados Unidos tenían la menor idea acerca de la revolución de la fractura hidráulica– el ritmo del cambio es tan rápido que observar y esperar en la periferia podría dejar a muchos en aprietos para ponerse al día. Las transformaciones impulsadas por la tecnología de los medios de comunicación y las industrias de la venta al por menor son prueba de eso.
Así, las mayores compañías energéticas ya han cambiado su enfoque para capitalizar estos cambios y asegurarse de liderar –en asociación con colaboradores más pequeños y más centrados en la tecnológica– también el mercado renovable. Empresas como BP, Shell, Exxon y otras ya han invertido miles de millones de dólares en investigación e infraestructura en una apuesta por convertir en realidad lo que eran, hasta hace poco, fantasiosos escenarios futuristas.
Estas compañías entienden que ahora operan en un mundo en el que las estrategias diseñadas para capitalizar las nuevas tecnologías necesitan desarrollarse antes de que los consumidores las pasen por alto. Las colaboraciones entre Oriente y Occidente, entre mercados emergentes y desarrollados y entre líderes de negocios bien establecidos con empresas de tecnología más ágiles serán mucho más prevalentes.
Por ejemplo, las tecnologías disruptivas verán a las compañías energéticas tradicionales en competencia con minoristas, organizaciones de tecnología, dueños de empresas de telecomunicaciones e incluso compañías de medios de comunicación para controlar la infraestructura de un futuro de energía que estará a merced del consumidor. No es sorprendente que Google recientemente haya invertido 3,2 mil millones de dólares en comprar Nest Labs, una start-up que fabrica pequeños termostatos domésticos y alarmas de humo.
Las casas típicas podrían convertirse en centrales eléctricas, produciendo y almacenando electricidad. Dichas casas estarán equipadas con ventanas de triple vidriado, alumbrado de energía eficiente, ventanas-sensores capaces de controlar la luz solar, paneles solares, miniturbinas, monitores de agua y bombas de calor.
En tal escenario, los consumidores se preocuparán tanto por la cantidad de energía que no consumen como por la cantidad que sí consumen. Así que las compañías energéticas, quizá en asociación con instituciones financieras, necesitarán motivar a los consumidores ayudándoles a instalar estos productos y después ofreciendo descuentos cuando se use la energía fuera de la hora pico.
Una casa nueva equipada con dicha tecnología podría, para el año 2020, consumir 90% menos energía. Así, es posible que vender energía por sí sola ya no sea lucrativo; proporcionar infraestructura (como los tejidos de aislamiento) y estrategias de facturación personalizada lo serán.
La energía solar es un sector renovable particularmente interesante debido a que la tecnología como las pilas y las turbinas de gas están comenzando a enfrentar los efectos de la intermitencia. Martha Broad, directora ejecutiva de la iniciativa energética de MIT, declara que “algunos consumidores instalan paneles solares en sus hogares y después la energía ingresa a una red que se vuelve parte de la energía renovable que los consumidores pueden optar por recibir. Nuestros ingenieros también están encontrando maneras de depositar células solares en materiales ordinarios, haciéndolos de peso ligero, flexibles y menos caros. Por ejemplo, los investigadores han desarrollado una manera de fabricar la primera célula solar que produce dos electrones por cada fotón de luz solar entrante, desperdiciando así menos calor y generando el doble de energía que las células solares convencionales”.
Es verdad que gran parte del sector de tecnología renovable está todavía redactada con palabras como “podría” y “podrá”. Pero es así también con lo que consideramos la energía más familiar. Es posible que China tenga un boom transformador gas de esquisto (se prevé que posee las reservas de gas de esquisto más grandes del mundo, aunque el acceso al agua podría ser un problema grave), los automóviles eléctricos podrían ser más baratos que los que operan por medio de combustible en base a petróleo y es posible que el precio del petróleo baje significativamente –quizá hasta 70% – si llega a dependerse de recursos renovables o por medio de la abundancia de reservas de petróleo de esquistos y petróleo no convencional (“tight oil”). Se prevé que Estados Unidos, por ejemplo, sea el mayor productor de petróleo del mundo para finales de 2015 y estará cerca de lograr la autosuficiencia energética dentro de las próximas dos décadas.
A pesar de que hay mucho que no se conoce, el Internet de las cosas y la tecnología móvil harán del “conocimiento” uno de los productos más valiosos de la industria energética. Grandes cantidades de datos le permitirán al consumidor saber con gran detalle qué tipo de energía necesitará, cuánto costará y cuánta podrá generar y almacenar. Las compañías conocerán a sus consumidores de manera más íntima que nunca antes y podrán diseñar paquetes personalizados para ganarse su lealtad, con la ayuda de compañías como Autogrid, uno de los Pioneros de la Tecnología del Foro Económico Mundial.
El software de Autogrid les ofrece a las compañías energéticas y otras la visibilidad y el control sobre el volumen de suministro necesario en áreas específicas y en momentos específicos. En lugar de que una compañía sobreestime que necesita un suministro de 1GW de energía para una ciudad, el software de Autogrid puede indicarle que en realidad sólo necesita 927 MW, una reducción de 7%. Además, si se les ofrecen incentivos de precio a 637,521 consumidores que en el pasado han aceptado primas para disminuir su consumo de energía, podrían reducir la energía total que necesitan por las próximas dos horas hasta 700 MW, una reducción de 30%.
Amit Narayan, jefe ejecutivo de Autogrid, ha declarado que “Los beneficios inmediatos son los costos bajos, pero los beneficios más amplios son incluso más importantes. Una vez que una compañía energética y el consumidor se acostumbren al control de energía automático, una ciudad podrá comenzar a depender más de los renovables. Se sabrá con exactitud cuánta energía se necesitará, así que no será necesario generar energía adicional. Pero al medir y controlar la red energética de esta manera, creemos que el más grande impacto de un software como el nuestro será en los países en vías de desarrollo. Por ejemplo, una cantidad aproximada de 1,6 mil millones de personas todavía leen a la luz de lámparas de queroseno: no tienen luz eléctrica porque ha sido muy costoso instalar una red energética. Nosotros hacemos posible que la red sea más económica y, una vez que algún tipo de microred u otra infraestructura se haya implementado, ayudamos a garantizar que el consumidor compre sólo la cantidad de energía necesaria”.
Sin importar los cambios de modelo de negocio, la tecnología seguirá haciendo que las fuentes renovables sean más baratas de usar e instalar. Tanto las emisiones como los precios más bajos aceleran la descarbonización y la energía disponible a una audiencia cada vez más vasta obligarán a que las compañías energéticas se adapten a nuevas tecnologías y a las cambiantes preferencias de los consumidores.
Autor: Grant Feller, consultor de Comunicación y periodista.
Imagen: REUTERS/Francois Lenoir
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