Ningún país debería cerrarle las puertas al talento

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Tengo como principio estricto no hacer comentarios sobre cuestiones políticas y, como demócrata, debo aceptar los resultados del reciente referéndum de Suiza, en el cual una pequeña mayoría votó para que se introduzca un sistema de cuotas en la inmigración de la UE. Pero con 30 años de experiencia como economista, y como autor del Informe de Competitividad Global, no puedo cerrar los ojos ante el hecho de que Suiza corre el riesgo de perder su posición como la nación más competitiva del mundo. De hecho, podría decirse que hay una tendencia que da por sentado el bienestar económico de Suiza debido a su posición superior en las tablas de competitividad, así como su fluido manejo de la crisis económica.

El problema actual no es acerca de si Suiza está imponiendo un curso pro o en contra de Europa, aunque el debate en ocasiones así se presenta; tampoco se trata simplemente de intereses económicos. Se trata más bien del bienestar de nuestra generación, y del bienestar de generaciones por venir.

La siguiente década se caracterizará por una revolución tecnológica que nunca antes se ha visto. El Internet ha cambiado al mundo en menos de 20 años, y ahora estamos al borde de incontables avances tecnológicos, en campos tan diversos como la robótica, la conectividad digital, la genética, la nanotecnología y la impresión tridimensional. De todos los investigadores, científicos e ingenieros que han vivido en el planeta, más de la mitad están activos en la actualidad, y gozan de oportunidades significativamente mejores para relacionarse entre ellos y una base de conocimiento más amplia que en épocas anteriores. Existe una inmensa fuerza que impulsa las innovaciones a un ritmo vertiginosamente acelerado. Nuevas tecnologías y procesos cambiarán profundamente el mundo y revolucionarán las estructuras actuales de competencia.

Ningún país ni sector podrá evadir esta presión de transformarse. No me refiero a alguna visión utópica, sino a una realidad que nos sorprenderá a todos con la velocidad con la que se desplegará. El precursor de esto ya puede observarse en el nivel de la digitalización en varias áreas de nuestra vida. Estoy convencido de que en el futuro ya no distinguiremos entre las naciones en vías de desarrollo y las naciones industrializadas, sino que la distinción será entre las economías pobres en innovación y aquellas que sean ricas en innovación.

El factor determinante para el bienestar de una economía ya no es la adquisición de capital, sino el acceso al talento. El mundo está nadando en capital, pero los expertos son escasos: el “talentismo” está reemplazando al capitalismo. Este es un nuevo mundo y Suiza debe encontrar su lugar en él.

A pesar de su tamaño relativamente pequeño, Suiza ocupa el lugar número 20 entre las economías más poderosas del mundo (cuando se le mide usando el producto nacional bruto) y esto en gran parte se debe a su capacidad para la innovación. No obstante, el país es hogar de sólo un décimo de un por ciento de la población mundial. Esto significa que en un futuro donde todos los habitantes del mundo tengan acceso al conocimiento y a la educación, gracias al Internet y a la educación electrónica, cada suizo tendrá 1,000 competidores, todos aspirando a los mismos estándares de vida.

En Suiza estamos orgullosos de nuestras universidades, de donde se gradúan unos dos mil estudiantes por año. Pero el año pasado, tan sólo en China, más de 100,000 graduados regresaron a casa después de haber recibido una excelente educación en diferentes países del mundo. Y después está Silicon Valley, casa de Google, Apple y Facebook, así como de muchas otras empresas revolucionarias. La clave del éxito de California es su diversidad, la cual fomenta la creatividad. Si Suiza limita el número de migrantes de la UE y aísla a su propio talento, esto causará un rápido declive en los niveles de empleo y habilidad competitiva del país.

Es importante reconocer que las personas con talento poseen una tendencia natural a trabajar colectivamente en reservas de talento. Suiza era una de estas reservas y tenía gran poder de atracción. No obstante, incluso las mejores reservas pueden colapsarse si no se regeneran. La realidad es que ahora casi todos los países están haciendo un esfuerzo por ser (o volverse) una reserva de talento para la economía mundial y, por aventurar una analogía del fútbol, los países que carezcan de personas talentosas quedarán relegados a las divisiones inferiores. No obstante, la diferencia es que en la competencia internacional ya no existen divisiones inferiores, sólo ganadores y perdedores.

Traducido de un artículo publicado en la NZZ.

Autor: Profesor Klaus Schwab, presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial

Imagen: REUTERS

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