Lagos, ciudad de sueños y pesadillas

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A algunos cientos de kilómetros de Abuja, la ciudad anfitriona del Foro Económico Mundial sobre África, se encuentra la enorme ciudad de Lagos. Más que ninguna otra ciudad en África, Lagos ilustra los retos y las oportunidades para hacer las áreas urbanas más sostenibles y humanas. Hace aproximadamente sólo una década, las familias que vivían y trabajaban en Lagos se enfrentaban a desalentadores retos ambientales y socioeconómicos: desde la vida en las zonas marginales, violencia y crimen, hasta los enormes problemas en el suministro de servicios básicos. En la actualidad, conforme Lagos comienza a solucionar algunos de estos problemas, se enfrenta a otra grave amenaza: la elevación del nivel del mar. En una ciudad construida sobre islas de baja altitud, este preocupante fenómeno será una amenaza para su crecimiento económico, pondrá en peligro las vidas de las personas y acentuará la desigualdad, ya que las personas pobres tienen menos libertad de movimiento.

Conforme la agenda para el desarrollo después de 2015 se determina, Lagos nos ofrece un recordatorio oportuno acerca de lo importante que es tomar en cuenta los rápidos índices de urbanización en África. El magnético atractivo de la ciudad para la población juvenil nigeriana la ha convertido en un centro de innovación tecnológica y comercio. No obstante, esto ha hecho aún más importante que se adopten los planes adecuados respecto a instalaciones, infraestructura y servicios, tanto en la ciudad de Lagos como en las áreas rurales circunvecinas.

En este contexto, las cifras son importantes: las ciudades serán hogar de más de 1,4 mil millones de nuevos habitantes dentro de los próximos 20 a 30 años, sobre todo en Asia y África, de acuerdo con un informe de la ONU. En la actualidad, el número de personas que viven en las zonas marginales es de casi mil millones. La humanidad ahora es 50% urbana y 50% rural, y se prevé que esas cifras cambien: para 2050 el 70% de la humanidad será urbana y el 30% rural. La ONU también sugiere que, si la tendencia actual continúa, las ciudades en los países en vías de desarrollo donde habitan por lo menos 100.000 personas llegarán a tener hasta tres veces su población actual. Conforme el continente africano planifica su desarrollo para los próximos 50 años, existe un amplio consenso de que la urbanización planeada debe formar parte integral de su transformación económica estructural.

La reducción en los índices de pobreza rural no es significativa si sólo refleja el hecho de que la gente pobre se está mudando del campo a las zonas marginales urbanas. Es por eso que el progreso en las áreas de desarrollo debe reflejar un bienestar tanto en las ciudades como en las áreas rurales. No obstante, las estrategias tradicionales a menudo han asociado el campo al subdesarrollo, mientras que las ciudades y las industrias se consideran como modelos de progreso. Esto ha motivado a las poblaciones rurales sin formación a migrar a las zonas marginales urbanas pero eso es, de hecho, una dicotomía falsa.

Un creciente mundo urbano requiere cada vez más de una gama de medios, productos y servicios que deben provenir de las áreas rurales, desde alimentos nutritivos a empleos, energía, servicios ambientales y mucho más. Se deben considerar las ciudades y el campo como un sistema integrado. Además, los nuevos retos del cambio climático, el manejo de la tierra, la seguridad alimentaria y la administración de ecosistemas proporcionan nuevas oportunidades para las áreas rurales. Como evidencia el Banco Mundial, más que en ningún otro sector, proporcionar apoyo a pequeños y medianos agricultores es doblemente eficaz para reducir la pobreza, sobre todo en los países menos desarrollados. Esto es especialmente pertinente en África, donde existe la oportunidad de crear empleos en la agricultura para satisfacer la creciente demanda global de alimentos.

A fin de erradicar la pobreza, necesitamos una estrategia integrada para transformar tanto las ciudades como las áreas rurales. Una visión del desarrollo urbano incluye una red de aldeas y pueblos rurales prósperos, pequeñas ciudades con identidades vibrantes, así como grandes centros urbanos bien diseñados y planificados.

Bajo el statu quo actual, conforme las ciudades crecen al azar, se encierran a sí mismas en patrones insostenibles: las personas viven muy lejos de sus trabajos, los costos de transporte y la congestión son elevados, la infraestructura es cara, los diferentes grupos socioeconómicos se segregan y la carga para el medio ambiente es pesada. Este tipo de ciudad es también vulnerable al impacto del cambio climático, desde las tormentas a la elevación en los niveles del mar. Por otro lado, las ciudades bien planificadas y compactas que ofrecen una mezcla de usos de la tierra, desde negocios a recreación, así como diferentes tipos de edificios, transporte y trabajos, por lo general mejoran vidas a la vez que utilizan menos recursos y crean menos emisiones: los principios esenciales de una economía verde recomendados en Rio+20.

De no movilizar toda la energía, voluntad política, recursos y socios a todos los niveles, incluido el nivel local, la agenda para el desarrollo después de 2015 no tendrá éxito. No será suficiente adecuar las metas sólo al nivel nacional, sino que habrá que considerar también cómo serán relevantes y cómo se implementarán a nivel local. Los objetivos del desarrollo sostenible “localmente adaptado y definido” se deben entender y adoptar en ciudades, aldeas y comunidades, y así contribuir a objetivos globales; éste podría ser uno de los mayores impulsores de la transformación.

Para el bienestar, la prosperidad y la adaptación futuros, todos los asentamientos humanos deberán contar con acuerdos de protección social fortalecidos así como nutridas economías que puedan prosperar con menores huellas ecológicas.

El futuro que yo preveo para África y sus asentamientos, incluida Lagos, es un futuro que coloque a las personas en el centro de su transformación y no deje a nadie atrás. Esto significa que debe haber vivienda decente y asequible, mejor saneamiento, mejor acceso a servicios sociales y económicos, mejor manejo de los residuos, transporte limpio y energía sostenible. La manera en la que África administre sus ciudades será el espacio donde la batalla por la equidad y sostenibilidad se ganará o se perderá. Asimismo, no debemos ignorar los vínculos entre la ciudad y el campo. Los asentamientos planificados adecuadamente serán cruciales para salvaguardar a las generaciones futuras al abordar las tres dimensiones de la sostenibilidad: el crecimiento económico, la inclusión social y la sostenbilidad ecológica.

Autor: Amina J. Mohammed es Subsecretaria General; Asesora Especial del Secretario Generalsobre la Planificación para el Desarrollo después de 2015 de las Naciones Unidas.

Imagen: REUTERS/Joe Penney

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