Devolviéndole el futuro a la gente joven

Recientemente conocí a un joven empresario llamado Max Samale en un taller de metales a las afueras de Dar es Salaam, Tanzania. Max no terminó secundaria, pero con el entrenamiento y el apoyo adecuado ha sido capaz de montar una empresa pequeña exitosa. En la pared cuelga un certificado de registro. La suya es una empresa formal, y actualmente emplea a otros jóvenes locales.
Max es cautivador, ambicioso y representativo de una generación de gente joven que quiere abrirse su propio camino en la vida. Me dijo que trabajar duramente rinde frutos y que le gustaría usar su taller para ayudar a otros jóvenes tanzanos a aprender destrezas y oficios.
Dondequiera que viajo me sorprende la energía, el compromiso y el deseo de trabajar de la gente joven que conozco. Ven el trabajo no solo como un medio para subsistir, sino como algo fundamental que les ayuda a contribuir a sus comunidades.
Ya sea en Dar es Salaam, Beijing, Lima, Lisboa o Washington, los y las jóvenes quieren trabajar. La juventud debería ser el motor de innovación y crecimiento del mundo, sin embargo, ese potencial muchas veces no se realiza debido a una carencia de oportunidades.
Hay cerca de 74 millones de jóvenes desempleados en el mundo, y más de 200 millones de mujeres y hombres jóvenes son trabajadores pobres, que viven con menos de $2 al día. El impacto que esto tiene en las finanzas de familia, la autoestima de los y las jóvenes y los ingresos potenciales futuros es inmenso.
En países industrializados muchos jóvenes simplemente se han dado por vencidos en la búsqueda de empleo, o han bajado sus expectativas para conformarse con cualquier trabajo que puedan encontrar. Además, cada vez más y más jóvenes están estancados con contratos temporeros o de media jornada.
Mientras que la generación de sus padres esperaba que les fuera mejor que a sus propios padres, para muchos jóvenes de hoy un trabajo seguro y una carrera estable son sueños distantes.
En los países en vías de desarrollo la tasa oficial de empleo no cuenta una historia completa. Muchos de aquellos que están empleados trabajan en empleos irregulares de baja calidad y de bajos salarios, frecuentemente en la economía informal. Algunos ni siquiera cuentan con empleo, educación o entrenamiento (NEETs, por sus siglas en Inglés). El progreso logrado en la reducción de pobreza durante la última década está en peligro.
Globalmente, hay millones de los llamados “NEETs” y existe un verdadero riesgo de tener una generación socialmente excluida que simplemente se quedará fuera del mercado laboral.
Esto no es simplemente un problema de la juventud; esto es una crisis generacional con implicaciones a través de todas las sociedades. El que una generación no alcance su potencial es un desperdicio total de talento que impactará el crecimiento económico futuro. Puede incluso aumentar la inquietud social en algunos países y afectar el campo político.
Esto es algo que ningún país puede ignorar.
¿Entonces cómo nos aseguramos de que más jóvenes tomen el control de sus vidas, como Max en Tanzania? ¿Cómo pueden los sectores públicos y privados trabajar juntos para enfrentar este reto?
En primer lugar, necesitamos normas económicas y laborales que aumenten la demanda mediante inversiones, salarios más altos, sistemas de protección social más fuertes y un mejor acceso al crédito para pequeñas y medianas empresas.
Se debe promover un espíritu emprendedor en combinación con entrenamiento de destrezas de negocio, servicios de apoyo y acceso a subvenciones.
Se necesitan sistemas de educación y entrenamiento bien diseñados que atiendan las necesidades del mercado laboral y le de a la fuerza laboral joven las herramientas necesarias para los trabajos del mañana.
Necesitamos expandir el sistema emergente de entrenamiento y pasantías pagadas para ayudar a combinar el aprendizaje en el salón de clase con la experiencia en el lugar de trabajo.
Además, los planes de garantía de empleo han sido efectivos para ayudar a los jóvenes a encontrar trabajo. Por lo regular, éstos son más exitosos cuando se combinan con medidas de protección social, tales como mesadas de transporte, subvención del cuidado infantil o asistencia de vivienda.
Por último, se deben defender y cumplir los derechos laborales para proteger a los jóvenes trabajadores, especialmente a aquellos vulnerables al abuso.
Un reto de esta magnitud requiere una respuesta coordinada de los sectores públicos y privados, y el acercamiento descrito no es solamente efectivo, es asequible. La Unión Europea adoptó recientemente un plan de intervención de empleo temprana para la gente joven, que tiene un costo estimado de entre 0.5% a 1% del producto interior bruto.
Estas mejoras no pueden esperar a que aquellos con mejor suerte vayan entrando al mercado laboral según se recuperan las economías. Los diseñadores de políticas y los líderes de negocios deben actuar urgentemente para asegurarse de que los jóvenes desempleados tengan la oportunidad de cumplir su rol al máximo en la sociedad.
Autor: Guy Ryder es director general la Organización Internacional del Trabajo.
Imagen: REUTERS/John Kolesidis
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