Las organizaciones internacionales son actores esenciales, aunque polarizadores, en el mundo multidimensional y multiactor de hoy. Sus misiones abarcan desde mejorar la salud mundial y definir políticas comerciales hasta prevenir guerras y reconstruir sociedades. Se les pide que resuelvan algunos de los problemas más arraigados del mundo, lo que Kofi Annan llamó «problemas sin pasaporte». A lo largo de su historia, se ha criticado a las organizaciones internacionales por ser ineficaces, reaccionar con lentitud y carecer de poder. Estas críticas tienen cierto fundamento. Sin embargo, gran parte del problema se debe a la falta de transparencia en torno a sus estrategias, el impacto de su labor y sus métodos de autoevaluación. Sin suficiente rendición de cuentas, las organizaciones internacionales corren el riesgo de recibir más críticas y estar sometidas a un mayor escrutinio. Podrían acabar dedicando más tiempo a defender su existencia que a centrarse en su misión.