La seguridad energética consiste en un suministro de energía fiable, estable y sostenible a precios asequibles y con costes sociales asumibles. Explorar e implementar soluciones sostenibles a largo plazo en este ámbito complejo es fundamental para promover la paz y el crecimiento económico. Actualmente, uno de los ejemplos más importantes en este panorama mundial es China. La demanda energética china sigue creciendo, y el carbón representa el 70 % de la combinación de energía primaria y el 80 % de la producción de electricidad. Tradicionalmente, el Estado ha controlado de forma estricta el mercado chino, cuyos precios a menudo no reflejan los costes de producción y presentan una desconexión entre los precios de los combustibles y los de generación. Además, la sostenibilidad medioambiental se ha resentido, ya que satisfacer la demanda ha primado sobre otras preocupaciones. China está tomando medidas para reformar los precios de la electricidad, el carbón y el gas natural, limitando el crecimiento adicional de la demanda y haciendo frente a la contaminación, que ahora es motivo de seria preocupación pública.