• El 12 de abril la RDC marcará 42 días - o dos períodos de incubación - desde que el último paciente del Ébola fue dado de alta del hospital.
  • Ngozi Okonjo-Iweala, Presidente de Gavi, La Alianza para las Vacunas, dice que es importante usar las lecciones aprendidas en la lucha contra el Ebola para superar el COVID-19.
  • Subraya que este tiempo debe utilizarse para reforzar y preparar sistemas de salud más débiles y que el desarrollo y la distribución mundial de una vacuna debe ser nuestra mayor prioridad.

El 2 de abril, la República Democrática del Congo celebrará 42 días desde que la última persona que dio positivo por el ébola fue dada de alta del hospital.

La fecha es un hito importante. Se refiere al doble del período máximo de incubación del virus -21 días-, que es la manera en que la Organización Mundial de la Salud estipula cuándo un brote ha terminado. Si todo va bien, será un cambio considerable para la RDC y un testimonio de la valentía y dedicación de los trabajadores de la salud, algunos de los cuales perdieron la vida tratando a los enfermos.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

El éxito de la RDC a la hora de combatir el ébola quedó eclipsado por el hecho de que, durante esa lucha, aproximadamente el doble de personas murió como consecuencia de un brote prevenible de sarampión. Una lección esencial para los responsables de las políticas que hacen frente a la mayor crisis sanitaria global en un siglo es que deben hacer todo lo que está en su poder para impedir que los sistemas de salud sobrecargados tengan que combatir dos epidemias al mismo tiempo.

El derramamiento de sangre y el combate durante una guerra civil brutal exacerbaron el desafío que enfrentaba la RDC cuando luchaba contra los brotes de ébola y sarampión. El país experimentó profundas dificultades para inmunizar a su población contra enfermedades completamente prevenibles. Se encontró librando una batalla sanitaria de varios frentes cuando necesitaba desesperadamente organizar sus recursos disponibles contra una amenaza importante.

La trayectoria del COVID-19 puede estar menos avanzada en muchos de los países más pobres del mundo, pero no debemos engañarnos y pensar que un clima más cálido, o un perfil demográfico más joven, mitigarán su impacto. El potencial de muerte y alteración es aún más pronunciado que en los países más ricos donde el virus ha tenido su mayor impacto.

Sin embargo, capear dos amenazas sanitarias importantes al mismo tiempo nos ha enseñado a prevenir este panorama aterrador.

Nuestra primera prioridad es mantener los programas de inmunización existentes. Para el sarampión, la polio o cualquier otra enfermedad para la cual existe, normalmente, una vacuna de bajo costo, es esencial que se mantenga la inmunidad colectiva para impedir cualquier drenaje innecesario de recursos de atención médica escasos.

Luego, debemos fomentar la preparación. Una cantidad de organizaciones, entre ellas Gavi, la Alianza para Vacunas (que yo presido), han puesto a disposición fondos -200-300 millones de dólares en el caso de Gavi- para ayudar a los sistemas sanitarios más pobres del mundo a incrementar las actividades de vigilancia, invertir en pruebas, procurar un equipamiento protector y entrenar a los trabajadores de la salud. La tecnología también está desempeñando un papel importante: a pesar de cuestiones de privacidad que resultan válidas, algunos países están implementando aplicaciones de rastreo –una manera efectiva y de un costo relativamente bajo para mitigar la propagación del virus-. África también está utilizando drones para distribuir vacunas, equipos de protección y otros suministros vitales en zonas remotas.

El distanciamiento social desacelerará la propagación del COVID-19, pero no ganará la guerra. Nuestra mejor esperanza reside en encontrar una vacuna. Si bien puede haber 41 candidatos con diferentes niveles de promesa en cartera, debemos aprender de los errores pasados. Muchas veces, los gobiernos han secuestrado vacunas en los países donde se las fabricaba. Debemos garantizar que, cuando exista una vacuna efectiva, cualquiera que la necesite pueda conseguirla, no sólo unos pocos ricos y afortunados.

Hay maneras de evitar la distribución inequitativa de las vacunas. Gavi, que obtiene vacunas y las distribuye para el 60% de los niños del mundo a precios asequibles, regularmente emplea mecanismos innovadores como el Mecanismo Internacional de Financiación de Programas de Inmunización, el Compromiso Anticipado de Mercado y el Compromiso Anticipado de Compra para alentar la producción y distribución de vacunas. En el caso del ébola, Gavi creó incentivos para que Merck acopiara una vacuna experimental contra el ébola que luego se puso a disposición de la OMS, que la distribuyó en la RDC. Puede incentivar la producción, el alcance y la distribución global equitativa de una vacuna también para el COVID-19.

Los países más pobres de África y otras partes tal vez no puedan lidiar con la salud y con las consecuencias económicas de esta pandemia por cuenta propia. El esfuerzo global que ya está en curso es esencial, porque el COVID-19 no conoce fronteras. Ningún país está a salvo hasta que todos los países estén a salvo.

Todavía no estamos cerca del fin del comienzo de la crisis del COVID-19. Debemos usar el tiempo precioso que tengamos para reforzar nuestros sistemas de salud y nuestras economías más débiles. Pero apuntalar nuestras defensas no es suficiente. Debemos ir a la ofensiva y hacer que el desarrollo y la distribución global de una vacuna sea nuestra máxima prioridad.