• El coronavirus ha desencadenado una crisis de financiación para las ONG cuando más necesarias son.
  • La recesión económica conlleva una disminución probable de los futuros presupuestos de ayuda y las donaciones.
  • Un fondo de liquidez podría ayudar a las ONG a cubrir los gastos generales a corto plazo.

Todos sabemos que esta pandemia no tiene precedentes en cuanto a escala y necesidad. Casi todos los hogares, comunidades, organizaciones, sectores y naciones se tambalean debido a las repercusiones de la pandemia en la salud, la economía y la sociedad. Nuestro mundo ha cambiado sustancialmente.

También sabemos que las poblaciones afectadas por conflictos y aquellas atrapadas en estados de fragilidad y crisis prolongadas, como Yemen, Siria y la República Democrática del Congo, serán especialmente vulnerables a las repercusiones de la pandemia: los efectos económicos y de salud obvios, pero también los riesgos para el orden social y la cohesión.

La comunidad global de ONG humanitarias está lista para responder a las necesidades extraordinarias que está generando esta crisis. Las organizaciones, que incluyen Mercy Corps y muchas otras —especialmente las ONG locales más conectadas con las comunidades donde trabajan— ya están ampliando nuestras respuestas y se están preparando para adoptar muchas otras medidas.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en relación con el brote de coronavirus?

Una nueva cepa de coronavirus, COVID-19, se está extendiendo por todo el mundo y está causando muertes y graves problemas en la economía mundial.

Para responder a esta crisis se requiere una colaboración global entre gobiernos, organizaciones internacionales y empresas, que ocupa un lugar central en la misión del Foro Económico Mundial como organización internacional para la cooperación público-privada.

El Foro Económico Mundial, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha creado la Plataforma de Acción contra el COVID. Esta plataforma tiene por objeto catalizar el apoyo del sector privado a la respuesta sanitaria pública mundial al COVID-19, y hacerlo con la magnitud y rapidez necesarias para proteger la vida de los ciudadanos y sus medios de vida, con el fin de encontrar maneras de contribuir a poner fin a esta emergencia mundial lo antes posible.

El Foro, como organización, ya ha apoyado anteriormente iniciativas para la contención de epidemias. En 2017, durante nuestra Reunión Anual, se puso en marcha la Coalición para la Innovación en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), que reúne a expertos del ámbito gubernamental, empresarial, sanitario y académico así como de la sociedad civil, con el fin de acelerar el desarrollo de vacunas. Actualmente, la CEPI está colaborando en la carrera por obtener una vacuna contra esta cepa de coronavirus.

Somos muy conscientes de nuestro papel y nuestra responsabilidad para seguir cubriendo las necesidades de los millones de personas que confían en nosotros. La comunidad humanitaria tiene un papel enorme por desempeñar, respondiendo a las necesidades inmediatas y ayudando con la recuperación a medio y largo plazo. En 2008/9, estaba trabajando en Etiopía y vi de primera mano el impacto profundo y devastador de la crisis financiera mundial en la seguridad alimentaria y los medios de vida allí, y pude constatar la necesidad de programas de recuperación económica y sistemas de mercado a largo plazo.

Sin embargo, el sector internacional humanitario y de desarrollo se enfrenta rápidamente a una amenaza crítica derivada de esta pandemia, debido a las limitaciones de financiación que pueden obligarnos a reducir y despedir al personal en el momento preciso en que nuestro trabajo ha adquirido una importancia vital.

Para dejarlo claro, no se trata de un intento de recaudación de fondos por parte de una ONG. Si bien muchas personas generosas ya están contribuyendo de muchos modos diferentes a esta respuesta global —y sin duda muchas más lo harán—, lo que realmente necesitamos es un nuevo e innovador modelo de financiación humanitaria.

Necesitamos urgentemente sus ideas más brillantes, sus redes y poder para unir a las personas, para ayudarnos a innovar en nuestra lucha por salir de esta crisis.

La realidad es que se ha producido una reducción inmediata y significativa en la liquidez de nuestras organizaciones. Nuestro modelo de negocio está estructurado en torno a nuestra capacidad de pagar a los miembros del equipo de manera centralizada y en programas de países de todo el mundo, para lograr un impacto cuantificable y previamente acordado a través de programas que hemos diseñado y nuestros patrocinadores han acordado. No está estructurado adecuadamente para anticiparse y adaptarse a un cambio de contexto a gran escala.

Con el cambio de contexto generado por la pandemia de COVID-19, debemos replantearnos rápidamente nuestros programas para responder a necesidades distintas y adicionales, a la vez que se hace frente a las restricciones de viaje, los requisitos del confinamiento y los problemas de salud. Esto requiere una flexibilidad sin límites, ya que los parámetros y las estructuras de costes de nuestro trabajo cambian, y la duración de estos cambios es totalmente desconocida. Las implicaciones de esta situación para el flujo de efectivo y la liquidez son críticas y extremadamente urgentes para las organizaciones internacionales y locales en toda la comunidad de ONG.

Estamos empezando a ver cierta flexibilidad de varios donantes institucionales para ayudarnos a gestionar la situación, pero necesitamos urgentemente un enfoque sectorial para abordar los siguientes desafíos:

  • Una crisis de liquidez profunda.
  • Presión para reducir rápidamente la capacidad operativa antes de ampliar la respuesta.
  • Una carga de riesgo financiero y operativo que recae de manera desproporcionada sobre las ONG y otros socios ejecutores.
  • Es poco probable que los futuros presupuestos de ayuda y las donaciones individuales compensen una desaceleración económica masiva que implica una capacidad mermada para cubrir costes.

Reducir capacidades en este momento sería catastrófico para la capacidad de las ONG de responder a necesidades inmediatas y a más largo plazo que veremos aumentar en todo el mundo a raíz de esta pandemia.

Muchos de nuestros donantes institucionales pagan a período vencido y, a menudo, solo después de largos retrasos y auditorías. Esta situación difiere del sector empresarial con fines de lucro que, cuando se enfrenta a un gran aumento anticipado de pedidos, puede necesitar un pago significativo por adelantado o recaudar fondos para el aumento. Hasta la fecha, el mercado privado no ha ofrecido los tipos de facilidades de financiación a corto plazo para las ONG a las que las empresas acceden para financiar los aumentos de capacidad. No contamos con subvenciones condicionales o mecanismos de financiación anticipados que puedan activarse cuando se cumplen las condiciones predefinidas. Con pocas excepciones, de alguna manera los donantes no han podido establecer estos términos para sus receptores, pero, en cambio, esperan que las organizaciones puedan disponer de efectivo para enfrentarse al aumento de la capacidad necesaria para responder a una crisis.

Para ayudarnos a abordar estos desafíos, necesitamos nuevas ideas y soluciones innovadoras. Nunca hemos estado tan necesitados de colaboración intersectorial, aprovechando nuestros respectivos ámbitos de experiencia y capacidades en el sector privado, los gobiernos y la sociedad civil. La Plataforma de Acción COVID-19 del Foro nos brinda esta oportunidad de colaboración y una rápida movilización e intercambio de ideas innovadoras e identificación de soluciones creativas.

Entre las posibles soluciones se encuentran:

  • Un mecanismo de financiación anticipado para hacer que los fondos recaudados por adelantado estén disponible a escala para abordar las necesidades inmediatas y evolucionar y adaptarse a medida que las necesidades y los contextos cambien. Ya conocemos muchas de las soluciones clave que necesitamos implantar lo antes posible: desde educar a las personas sobre cómo detener la propagación de la enfermedad hasta obtener recursos para hospitales, pasando por la distribución de efectivo a los necesitados y el mantenimiento de la cadena de suministro de alimentos, entre otros.
  • El establecimiento de un vehículo de inversión de respuesta a COVID-19, por ejemplo, un modelo de financiación de resultados que apoye económicamente a hogares y comunidades en su distanciamiento social, vinculado a una reducción cuantificable a medio plazo de las consecuencias económicas de la pandemia.
  • Se ha hablado mucho durante años de la creación de un Fondo de liquidez para las ONG. Ahora más que nunca existe la necesidad y la oportunidad de crear un fondo de este tipo, que las ONG pueden utilizar para cubrir los gastos generales a corto plazo, y potencialmente devolverlos con el tiempo una vez que comiencen a recibir fondos de respuesta.
  • El desarrollo de un Mecanismo de marco de riesgos que suscriba los mayores riesgos a los que están expuestas las ONG. Necesitamos encontrar un modelo que permita un enfoque de riesgo compartido mucho mayor para que las ONG no carguen por sí solas con el riesgo financiero, pero que también sea aceptable para los donantes. Muchas empresas minoristas contemplan pérdidas de entre el 1 % y el 3 % por robo y destrucción. Crean procesos y procedimientos para mantenerse dentro de este umbral de riesgo aceptable predeterminado. La tolerancia cero de los donantes con respecto al riesgo de pérdida no está en contacto con la realidad y es un marco poco práctico para guiar las decisiones, especialmente para las organizaciones humanitarias que trabajan en los entornos más inestables y de alto riesgo, incluso cuando se aplican los controles más estrictos. ¿Qué nivel de riesgo es aceptable para las operaciones que salvan vidas en los entornos más inseguros y de alto riesgo del mundo, donde las necesidades humanitarias son considerables? ¿Podemos acordar un nivel posible y gestionarlo colectivamente dentro de un umbral consensuado?

La comunidad humanitaria mundial debe estar a la vanguardia para responder a unas necesidades humanitarias que aumentan rápidamente en todo el mundo, salvando vidas y mucho más, durante esta pandemia y en otras ocasiones. Como en cualquier crisis, existen oportunidades. Oportunidad para diseñar y desarrollar nuevas soluciones de financiación que podrían ayudar a encontrar nuevas y mejores formas de enfrentarnos juntos a los desafíos globales. Esto es ahora más necesario que nunca.