No es ninguna novedad que los niños faltan a la escuela; pero cuando faltan de a miles y todos los hacen por la misma causa, es hora de prestar atención.

El 31 de enero, decenas de miles de niños y niñas marcharon en Bélgica para exigir medidas urgentes contra el cambio climático. Esta es la cuarta protesta y se ha convertido en una rutina semanal. La mayor manifestación tuvo lugar en Lieja, con una convocatoria de 15 000 personas, entre padres y abuelos que se unieron a los estudiantes mientras marchaban hacia el municipio, al son de “a las armas”.

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Hubo más protestas en Bruselas y en Lovania. Los y las jóvenes manifestantes contaron con el apoyo de una coalición de 3450 científicos belgas, quienes redactaron una carta abierta en la que advertían que las políticas actuales provocarán un desastroso aumento de 3° Celsius en la temperatura global.

Otras manifestaciones escolares semejantes tuvieron lugar en Suiza y Alemania y convocaron a miles de estudiantes. Y el movimiento sigue creciendo. Bajo la pancarta #FridaysForFuture (viernes para el futuro), niños en Escocia, Estados Unidos y los Países Bajos también están tomando medidas propias.

El origen e inspiración de todo este movimiento es una niña sueca de 16 años, Greta Thunberg.

En agosto de 2018, durante el verano más caluroso en Suecia del que se tiene registro, Greta se negó a ir a la escuela. En cambio, inició una protesta solitaria en los adoquines frente al parlamento, en Estocolmo, con un mensaje sencillo: los adultos no saben cómo tratar el cambio climático con eficacia, entonces, la próxima generación tiene que hacerse escuchar.

Un mensaje que hoy sigue dando, en persona, a líderes mundiales y a las personas más influyentes del mundo empresarial. Cuando se dirigió al Foro Económico Mundial 2019 en Davos, Greta fue franca.

Imagen: La activista medioambiental sueca, Greta Thunberg, realizó una sentada en Davos. REUTERS/Arnd Wiegmann

“No quiero su esperanza”, les dijo a algunas de las personas más poderosas del mundo. “Quiero que sientan pánico. Quiero que sientan el mismo miedo que siento yo. Todos los días. Y quiero que actúen. Quiero que se comporten como si se estuviera incendiando nuestra casa. Porque así lo es”.

Greta enfrentó críticas por su declaración, fue acusada de fomentar el absentismo (hasta los padres creen que debería ir a la escuela), pero es inquebrantable y tiene un argumento convincente: o se toman medidas inmediatas para reducir las emisiones y limitar el calentamiento global o la mismísima supervivencia de la civilización estará en riesgo.

“Evitamos que la temperatura aumente por encima de 1,5 °C o no lo hacemos. Evitamos una reacción de destrucción de ecosistemas en cadena o no lo hacemos. Es blanco o negro. Ahora todos tenemos una elección: podemos desarrollar medidas de transformación o seguir con nuestros asuntos como siempre y fracasar”.

Su mensaje intransigente tocó una fibra en las personas jóvenes que aún no tienen derecho a voto. Tiene 141.000 seguidores en Twitter, y muchos responden a su llamado a la acción.

Son parte un grupo creciente de jóvenes activistas que acercan entusiasmo fresco y vigor a los esfuerzos para tratar con el problema más apremiante y más difícil de resolver del mundo. La Global Shapers Community (Comunidad global de formadores) está aprovechando esta energía para brindar el apoyo de las movilizaciones de masas Voice for the Planet (Una voz para el planeta) a los objetivos de la Iniciativa climática del Foro.

Mientras tanto, los niños y las niñas en Bélgica, Alemania y otros países dicen que seguirán presionando a los adultos, demandando acciones y no palabras.

Escrito por Alex Thornton, escritor sénior, Formative Content.