Al comienzo de esta década, el 20% de los empleos en los Estados Unidos requería conocimientos de alto nivel en ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas. Empoderar a los niños pequeños, y especialmente a las niñas, con habilidades y experiencias en estos campos puede tener un impacto positivo y duradero a lo largo de toda su vida. Yo soy un ejemplo de esto.

Crecer en la zona rural del centro de Pensilvania tuvo sus ventajas y desventajas. Una ventaja importante eran los cielos despejados, libres de contaminación lumínica, que me permitieron imaginarme explorando las estrellas. Es lo que sembró en mí el deseo de convertirme en astronauta.

Sin embargo, tuve una exposición limitada a las ciencias que me permitirían alcanzar esas estrellas. Con falta de medios económicos, un sistema educativo con problemas y escasez de carreras en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), mi ciudad natal supuso un desafío en el camino de mis metas. Afortunadamente, mis padres buscaron activamente programas educativos gratuitos que me abrieron una gran oportunidad en la vida.

La exposición adicional a las ciencias abrió mi mundo y, finalmente, me permitió asistir a la universidad, obtener un título en STEM y tener una carrera de ensueño en la NASA.

Imagen: La autora de niña en Saturday Science, un programa comunitario gratuito/ Grier Wilt

Saturday Science, programa comunitario de educación gratuito basado en la ciencia, tuvo un gran impacto en mi vida. Dirigido a estudiantes de entre 5 y 14 años, estos programas ofrecen la oportunidad de explorar temas de STEM un sábado a la mañana por mes en la Universidad de Susquehanna. Gracias a la firmeza y dedicación de su creador, el Dr. Jack Holt, profesor de biología en la universidad, el programa ya tiene 30 años de existencia.

A la edad de nueve años, estaba resolviendo ecuaciones de mecánica clásica, extrayendo ADN de los vegetales, diseccionando animales y discutiendo la teoría de la relatividad de Einstein. Si bien es posible que no haya comprendido todos los conceptos a una edad tan temprana, no importaba: estaba expuesta a la ciencia de una manera que lo hacía emocionante y accesible para mí.

A lo largo de mis años asistiendo a Saturday Science, gané la confianza necesaria para explorar más por mi cuenta. Puedo recordar mi primera experiencia con la codificación. Para experimentar, utilicé un sencillo editor de texto llamado bloc de notas, y una pantalla blanca con texto color negro, y fue mi puerta de ingreso a un mundo de creatividad e invención. Creé sitios web desde cero; con archivos de sonido, animaciones de una nave espacial volando por la pantalla, y mis experimentos y pensamientos científicos.

Era mi manera de conectarme con el mundo desde la sala de mi casa en una pequeña ciudad rural. Fue una forma creativa de expresarme, y un desafío que supe aprovechar. Escribía líneas de código, esperando un resultado determinado, y fallaba. Revaluaba mi código o probaba una nueva técnica hasta lograr el resultado que quería. La codificación era una habilidad sobre la que podía desarrollarme, aprender y ganar confianza; algo indispensable para el desarrollo de las jóvenes.

Más tarde, en la universidad, cuando me volvieron a presentar esos mismos temas, no me sentí intimidada. Recordé con cariño mi experiencia práctica con esos temas y supe que podría resolver con seguridad los problemas que tenía ante mí. A pesar de ser una de las únicas mujeres en el aula, lo que a veces hacía que me sintiera aislada, nunca cuestioné mi validez ni mi capacidad para estar en ese lugar. Ya me había demostrado a mí misma que poseía la competencia para aprender nuevos temas y la confianza para resolver problemas.

Imagen: La autora entrena a los astronautas en el laboratorio de flotabilidad neutral de la NASA/ Grier Wilt

Hacer una carrera en ciencias o ingeniería es algo natural cuando los estudiantes están equipados con habilidades en STEM desde una edad temprana. La educación práctica e interactiva en STEM es el equivalente deportivo de darle una pelota de baloncesto a una niña y enseñarle a driblar y disparar. Esta práctica es mucho más poderosa que la enseñanza de la teoría del deporte. Una vez que aprende cómo driblar y disparar, puede practicar sola, probar diferentes técnicas o expandir sus límites. Proporcionar a las niñas habilidades en STEM, como la codificación, les permite practicar por su cuenta y ganar confianza con la mejora continua. Desde un punto de vista psicológico, explorar y luego aprovechar un concepto es increíblemente gratificante.

Si bien no me convertí en una programadora de computadoras de clase mundial como resultado de mi educación temprana en STEM, gané la confianza necesaria para expandir mis habilidades y seguir una carrera como ingeniera. Eventualmente, esto me ayudó a lograr mi sueño de toda la vida de alcanzar las estrellas a través de mi trabajo en la NASA. Por eso me apasiona tanto animar a las jóvenes a explorar STEM, especialmente teniendo en cuenta que la sociedad no necesariamente las socializa para hacerlo.

De hecho, los logros de las alumnas en matemáticas y ciencias están a la par con sus homólogos masculinos, y sus tasas de participación en estos cursos son similares a las de sus compañeros masculinos, con una excepción importante: ciencias de la computación e ingeniería. Esta estadística debe cambiar.

Mi trabajo en la NASA muestra porqué. Trabajo como controladora de vuelo e instructora de actividad extravehicular, diseñando misiones espaciales para instalar o reparar herramientas a bordo de la Estación Espacial Internacional. Luego trabajo con un grupo de equipos de todo el mundo para apoyar a los astronautas mientras realizan sus paseos espaciales. Nunca hubiera pensado que codificar cuando era una niña sentaría las bases para las habilidades requeridas para mi función actual. Si bien los astronautas no ejecutan el código, sí trabajan a través de procedimientos que diseñé y programé para cumplir su misión. Fue la exposición a la ciencia e ingeniería que tuve cuando era una niña la que me dio la base técnica y la confianza para formar parte de este equipo mundial multicultural que trabaja en conjunto para ampliar los límites de la exploración humana.

Exponer a las jóvenes a la resolución de problemas analíticos y la experimentación práctica a través de programas como Saturday Science les da la base y la confianza para tener éxito en los campos de STEM; es una de las mejores maneras de crear equidad de género en esta área.

A través de la inversión en programas consistentes enfocados en habilidades como estas, podemos posibilitar que las generaciones futuras no se sientan intimidadas por los desafíos o las opiniones fuertes, sino que los vean como un problema a resolver, que sus voces sean escuchadas y que liberen su potencial con el fin de hacer un impacto increíble en el mundo.

Grier Wilt es instructora de caminata espacial y controladora de vuelos en el Centro Espacial Lyndon B. Johnson de la NASA.