La búsqueda de la verdad está en el corazón mismo de la investigación científica. Esto enfrenta a los científicos con una situación desafiante en tiempos en los que la "posverdad" (post-truth) es la palabra del año más reciente del diccionario de Oxford en inglés. En todos los planos, desde la negación del cambio climático hasta el movimiento antivacunación, estamos viendo las consecuencias de la incapacidad para comprometerse con la evidencia científica. Como científicos, es más importante que nunca defender nuestros valores y combatir la cultura de las noticias falsas con debates informados y basados en la evidencia.

En todos los planos, desde la negación del cambio climático hasta el movimiento antivacunación, estamos viendo las consecuencias de la incapacidad para comprometerse con la evidencia científica.

Durante el último año, he estado trabajando con mis colegas de la comunidad de jóvenes científicos del Foro Económico Mundial para redactar el Código Universal de Ética para Investigadores del Foro. Los principios esenciales de nuestro código son que los investigadores y las organizaciones que los representan deben comprometerse con el público, buscar la verdad, maximizar los beneficios y minimizar el daño, cooperar con los organismos que toman las decisiones, apoyar la diversidad, asesorar y ser responsables.

La importancia de los principios enunciados por nuestro código puede verse amenazada de forma rápida, impredecible y desde lugares inesperados. Durante el último año, el referéndum sobre el Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos causaron un cambio abrupto en el clima geopolítico. Aunque una reacción popular contra el consenso científico y la opinión de expertos amenazan los principios que proporcionan la base para nuestras actividades científicas, esto solo debe fortalecer nuestra determinación. Nuestro código nunca se debe dar por sentado; en ocasiones es necesario luchar por él y siempre, a cualquier precio, se debe respetar.

Algunos ejemplos muestran lo que está en juego cuando el código se rompe. Uno de los casos más notorios es el de Andrew Wakefield. En 1998 publicó un artículo en The Lancet en el que vinculaba el autismo con la vacuna triple viral (MMR por sus siglas en inglés) que ayuda a prevenir enfermedades como el sarampión, las paperas y la rubéola, y pidió que se suspendiera esta inmunización a fin de salvar vidas. La publicación inicial de Wakefield fue seguida por numerosos fracasos para reproducir sus descubrimientos —evidencia que claramente indica que falsificó de manera considerable la información del estudio original— la revelación de conflictos comerciales de interés y la retracción de su documento original y muchos otros.

A pesar de esta gran cantidad de pruebas, el mito del vínculo de la triple viral y autismo aún perdura. Es especialmente preocupante que el actual presidente de los Estados Unidos parezca estar de acuerdo con el movimiento contra la vacuna, que continúa vendiendo mentiras y falsedades. Esto es una burla al trabajo arduo que llevan a cabo expertos médicos y de salud pública que están tratando de prevenir y deshacer el enorme daño que causan estas falsedades, lo que incluye un brote importante en Minnesota. El sarampión es una enfermedad grave y potencialmente mortal que había sido erradicada de América. Nuevas infecciones y brotes importantes también están aumentando drásticamente en Europa, y se cree que las poblaciones de Francia, Alemania, Italia, Polonia, Rumania, Suiza y Ucrania han caído por debajo del umbral crítico de inmunización del 95 %.

Imagen: REUTERS/Brian Snyder

Otro acontecimiento preocupante en los Estados Unidos fue un reciente movimiento para restringir que los científicos que trabajan en agencias federales se comuniquen directamente con la prensa o con el público en los medios de comunicación social. Dado que el compromiso con el público es uno de los principios esenciales de nuestro código, esto representa un desafío considerable. Es fundamental que los científicos puedan comunicar importantes hallazgos al público sin interferencia; y estos movimientos recientes son una amenaza directa para ello.

Los investigadores deben promover la toma de decisiones basada en la evidencia y ayudar a traducir los resultados en un cambio social positivo.

Esto nos lleva a otro principio de nuestro código: la cooperación con los organismos que toman las decisiones. Los investigadores deben promover la toma de decisiones basada en la evidencia y ayudar a traducir los resultados en un cambio social positivo. Para esto se requiere confianza. Confianza de parte de quien toma las decisiones en que el investigador o la organización representativa presentará recomendaciones imparciales y, cuando sea posible, basadas en el consenso. Confianza de parte de los científicos en que quien toma las decisiones hará un buen uso de la información que le proporcionan. Cuando las acciones de los gobiernos contradicen la información que reciben no solo se rompe esta confianza, sino que también se niega a las personas la toma de decisiones basada en la evidencia que merecen de sus líderes.

Un ejemplo llamativo de ello es la decisión reciente de la administración Trump de retirarse del Acuerdo de París sobre el clima, que se remonta a años de escepticismo descontrolado e irracional sobre el cambio climático expresado por el actual presidente de Estados Unidos. Seamos claros, el consenso entre los científicos acerca de que las actividades humanas están cambiando el clima es de alrededor del 97 %, equivalente al consenso entre los profesionales de la salud de que el tabaquismo causa enfermedades pulmonares y cardiovasculares.

La negación del cambio climático por parte de las grandes organizaciones y los gobiernos debe interpretarse como lo que es: la negación de la información consensuada que los expertos comunican clara y exactamente. Superar esta negación se hace aún más difícil cuando las organizaciones de medios no representan con exactitud la opinión mayoritaria.

Si bien la diversidad no es deseable cuando se refiere a informes tendenciosos en los casos en que existe un consenso claro, se recomienda encarecidamente en un sentido más amplio en la ciencia. De hecho, la diversidad y la buena ciencia van de la mano. Por este motivo, otro principio fundamental de nuestro código es apoyar la diversidad. Los científicos y las instituciones científicas deben asegurarse de que todas las ideas se evalúen por igual sobre la base de pruebas. El establecimiento, el mantenimiento y la prosperidad de esta diversidad son muy cuestionados por la xenofobia que parece estar creciendo una vez más, especialmente en partes del mundo anglosajón.

El voto sobre el Brexit del Reino Unido ha llevado a una gran cantidad de científicos extranjeros a considerar irse del Reino Unido; muchos de ellos afirman que se sienten menos bienvenidos o que ahora ven mejores oportunidades en otros lugares. La evolución de las políticas en los Estados Unidos y Australia plantea una amenaza más directa a la diversidad de la ciencia, lo que podría impedir totalmente que algunos científicos extranjeros trabajen en esos países. La ciencia no conoce fronteras, ni raza, ni credo, ni religión, y estos desarrollos preocupantes amenazan esta diversidad que ha contribuido inmensamente a tantos descubrimientos importantes.

En definitiva, estos son tiempos difíciles para los científicos y los principios que nos guían. ¿Cómo buscamos efectivamente la verdad y comunicamos nuestras conclusiones al público en un mundo con cada vez más posverdad? ¿Cómo promovemos la toma de decisiones basada en la evidencia en una era en la que los líderes derriban verdades incómodas como "falsas noticias"? ¿Cómo podemos crear confianza entre los científicos y los organismos que toman las decisiones?

Los científicos no podrán resolver todos estos problemas, y ciertamente no lo podrán hacer solos. Lo cierto es que debemos permanecer firmes en la búsqueda de la ciencia. Estos son desafíos que los científicos han enfrentado antes, y que probablemente enfrenten de nuevo. Para mí, trabajar en este código de ética ha puesto de manifiesto la necesidad de que la comunidad científica se reúna solidariamente para reafirmar y defender los principios que no solo nos guían, sino que definen quiénes somos como comunidad en la búsqueda de la verdad y el mejoramiento del mundo.