El 2016 fue el año con las temperaturas más altas registradas en la historia. Los casquetes polares se están derritiendo a un ritmo alarmante y el nivel del mar está comenzando a subir, amenazando a las principales ciudades costeras de todo el mundo. La resiliencia es algo que está en la mente de todos y muchos gobiernos están pensando activamente en cómo cumplir con los compromisos asumidos en la conferencia COP21 de la ONU desarrollada en París.

Los seguros y un enfoque proactivo y holístico de la gestión del riesgo son herramientas fundamentales para que las ciudades y los gobiernos protejan y brinden oportunidades a sus ciudadanos. Las estrategias de resiliencia no pueden abordar solamente el cambio climático: también se deben contemplar factores como la brecha entre ricos y pobres, el crecimiento ecológico sostenible y el desarrollo sostenible de infraestructura.

Argentina, al igual que Perú y Colombia, ha sufrido cada vez más los efectos del cambio climático en forma de inundaciones

Latinoamérica es uno de los continentes más urbanos del mundo, en el cual el 80% de su población vive en ciudades y de ese porcentaje, casi una quinta parte lo hace en barrios de viviendas precarias. Las devastadoras inundaciones y sequías han aumentado considerablemente con motivo del cambio climático. Estos hechos profundizarán las vulnerabilidades ya evidentes en la infraestructura crítica y en la economía y, a su vez, socavarán la estabilidad social en aquellos asentamientos urbanos que están particularmente expuestos a riesgos en Latinoamérica.

Basta con observar las lluvias torrenciales que causan sufrimiento a tantos en Perú y más recientemente en Colombia. Las crecidas repentinas y avalanchas de arena y piedras se llevan por delante caminos y puentes críticos, perdiéndose muchas vidas y dejando a la población aislada de los servicios básicos. Incapaces de ingresar a sus hogares o mantener sus medios de subsistencia, las familias se hunden aún más en la pobreza.

Argentina, al igual que Perú y Colombia, ha sufrido cada vez más los efectos del cambio climático en forma de inundaciones. Hoy en día, una de cada tres personas vive en zonas muy expuestas a inundaciones, es decir, más de 14 millones de personas en todo el país. Por otro lado, 15 de los 25 principales parques industriales de Argentina están ubicados en zonas propensas a inundaciones.

Además de la amenaza que suponen para la vida y la salud de la población, el daño económico estimado también es grave, y asciende a alrededor del 0,15% de su PIB en lo que respecta únicamente a situaciones de inundación. Si bien esto puede parecer un dato menor, se suma a una pérdida económica total de alrededor de USD 700 millones al año.

Santa Fe, en el noreste argentino, ha sido duramente golpeada por estar situada cerca del cruce de dos de las principales vías fluviales de América del Sur: los ríos Paraná y Salado. Las fuertes inundaciones del 2003 y 2007 —y de este año también— han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la ciudad, tanto en términos de devastación física como del tremendo impacto para sus comunidades más pobres.

Con el fin de tratar de reducir las consecuencias que se puedan presentar en el futuro y ayudar a la ciudad y a su gente a ponerse de pie más rápidamente, Santa Fe se hizo miembro de la iniciativa 100 Ciudades Resilientes y hace poco nombró un director de resiliencia para la ciudad. Como parte de su estrategia de resiliencia, Santa Fe ha unido fuerzas con organismos gubernamentales provinciales y nacionales para mejorar el mantenimiento de su sistema de gestión del agua. La ciudad también está trabajando mucho para mejorar la comunicación, la educación y la conciencia comunitaria en torno a la prevención de riesgos. Es importante destacar que los funcionarios del sector público en Santa Fe han reconocido que la planificación de la resiliencia también puede ayudar a reducir la pobreza y la desigualdad de ingresos.

Las catástrofes afectan de manera desproporcionada a las poblaciones de bajos recursos y, como señala un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo, la gestión del riesgo logra una mejora directa en la resiliencia de los programas de bienestar social y la seguridad social. Esto alienta a ciudades como Santa Fe a encargarse tanto de la protección contra catástrofes como de la brecha entre ricos y pobres.

En un estudio reciente llevado a cabo por Swiss Re, El riesgo de inundación en Argentina, la mayoría de los dueños de locales entrevistados dijeron que consideran el seguro de inundación, combinado con ahorros personales y subsidios del gobierno, como medio valioso para superar la carga económica que ocasiona una inundación. Sin embargo, hasta ahora no ha habido ningún producto de seguro de inundación contundente disponible para pequeñas y medianas empresas en Argentina.

El vacío de protección ante inundaciones en todo el mundo ya es grande y sigue creciendo. Los avances tecnológicos, el conocimiento y las herramientas disponibles hoy en el sector de seguros demuestran que la creación de un mercado privado de seguros de inundación es una oportunidad de resiliencia. Ejemplos recientes en los que los gobiernos de otras partes del mundo han tomado medidas para mejorar la resiliencia a las inundaciones son Flood Re en el Reino Unido y el renovado Programa Nacional de Seguros de Inundación en Estados Unidos.

Básicamente, los gobiernos y las ciudades tienen un sólido argumento comercial en Latinoamérica y América Central y países aledaños, para considerar al seguro como herramienta en sus iniciativas de mejorar la resiliencia a las catástrofes y el clima. La colaboración es la forma más eficaz de impulsar nuestro esfuerzo común para dar forma a un mundo más resiliente y romper el nexo entre el clima extremo y la pobreza extrema.

Notas: Consecuencias del riesgo de inundación / región en Argentina en términos de vidas en riesgo, pérdida anual esperada y porcentaje del PBI

Imagen: Swiss Re