El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó un Decreto Ejecutivo que prohibió temporalmente el ingreso de refugiados sirios, suspendió por completo el programa de admisión de refugiados de EE. UU., redujo considerablemente la cantidad de refugiados que se podrán instalar en EE. UU. este año y detuvo toda la inmigración a EE. UU. proveniente de Irán, Libia, Somalía, Sudán, Siria y Yemen durante varios días.

El Decreto Ejecutivo recibió críticas de aliados, defensores de los derechos humanos y líderes comerciales, entre los que se destaca el director ejecutivo de Google, Sundar Pichai.

En consonancia con lo anterior y como copresidentes del Consejo Mundial Futuro sobre la Migración del Foro Económico Mundial, nos sorprende particularmente que la orden provenga de un exempresario. Más que poner a Estados Unidos como prioridad, como pretende Trump, limitar la migración y transmitir un mensaje contrario a la inmigración podría poner en riesgo el empleo, el crecimiento económico y la innovación en EE.UU.

Hace dos semanas, en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, escuchamos una y otra vez a los líderes del sector privado decir que la migración y la diversidad son buenas para los negocios. Sin embargo, también notamos reticencia a hablar en público sobre los beneficios económicos de la migración, por miedo a dañar las relaciones diplomáticas y el valor patrimonial.

Creemos que, en este contexto cada vez más tenso, debemos insistir en los beneficios comerciales de la migración sin miedo ni sesgo.

En primer lugar, existe evidencia clara de que la migración promueve el crecimiento económico. Por ejemplo, un estudio reciente en el Reino Unido reveló que, en la primera década del siglo XXI, los migrantes del Espacio Económico Europeo contribuyeron con 25.000 millones de libras a las finanzas públicas y pagaron en impuestos 34 % más de lo que recibieron a cambio. De acuerdo con el Banco Mundial, aumentar la inmigración en un porcentaje igual al 3 % de la masa laboral en los países desarrollados generaría un beneficio económico de 356.000 millones de dólares a nivel mundial.

En segundo lugar, los inmigrantes tienden a estar entre las personas más emprendedoras e innovadoras. En Estados Unidos, los fundadores de empresas como Google, Intel, PayPal, eBay y Yahoo! fueron inmigrantes. Los inmigrantes calificados son los creadores de más de la mitad de las start-ups y las patentes de Silicon Valley, a pesar de que representan menos de 15 % de la población.

En tercer lugar, los inmigrantes cubren brechas críticas del mercado laboral que no requieren mano de obra calificada, como los empleados domésticos o las niñeras. Dada la tendencia demográfica hacia el envejecimiento de la población en prácticamente todos los países desarrollados, se tornará más importante que nunca complementar la masa laboral con trabajadores extranjeros.

En cuarto lugar, en los países de origen, las remesas puede sacar a comunidades enteras de la pobreza y contribuir considerablemente con el PIB y las reservas de moneda extranjera, un hecho que se reconoce en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El Banco Mundial estima que, en 2016, los envíos de dinero de este tipo superaron los 600 mil millones de dólares.

Por último, un beneficio menos tangible pero no menos importante de la migración es que fomenta la diversidad social y cultural, que a su vez nutre las ciudades cosmopolitas y el multiculturalismo.

A pesar de todo lo anterior, está claro que la migración se debe abordar adecuadamente para desatar todo su potencial. La migración podría tener costos a corto plazo, pero dará sus frutos a largo plazo. Ciertamente no abogamos por una apertura indiscriminada de las fronteras, pero creemos que nadie que busque lo mejor para la economía de su país debería abogar tampoco por el cierre indiscriminado de las mismas.