Los colombianos jóvenes sólo conocemos un país en guerra. Tras más de 60 años de conflicto armado, hemos crecido en un país que lucha desesperadamente contra narcotraficantes, paramilitares de derecha y grupos guerrilleros de izquierda.

Bogotá está hace décadas en el centro del conflicto colombiano. Ya sea como víctima de ataques terroristas o como el epicentro de esfuerzos de seguridad para estabilizar el país.

Además, en Bogotá reside la mayor población de víctimas desplazadas por violencia en Colombia.

Luego de exitosas campañas de seguridad creadas por fuerzas del gobierno y varios procesos de paz, las FARC, el grupo guerrillero más antiguo del mundo, es el único ejército irregular que opera en el país. Por fin parece que la paz se puede alcanzar en estos próximos meses.

Cuando el proceso de paz sea una realidad, Colombia podrá escribir un nuevo capítulo de su historia. Sin embargo, no es tan sencillo como firmar un pedazo de papel. El proceso de reconciliación requiere una lucha aún más ardua.

2016 será el año de la paz para Colombia. Tendremos el Foro Económico Mundial sobre América Latina, y un evento de Global Shapers durante el año. Finalmente, la paz está próxima para Colombia.

¿Pero qué hay que hacer para darle alas a este proceso crítico de construcción de confianza y reconciliación? Las grandes mentes dicen que hay dos tipos de paz: la paz negativa, definida como la ausencia de guerra; y la paz positiva. Esta última implica una naturaleza social y educacional; se construye con el reconocimiento, la memoria y la compasión; pero, lo que es más importante, perdura en el tiempo.

Por un lado, la educación será decisiva en este proceso de paz. ¿Cómo educamos a los niños que viven en una sociedad postconflicto? Los niños que crecen en contextos violentos son más propensos a hacer legítimas creencias agresivas, tienden a ser menos empáticos hacia los sentimientos de los demás y son menos capaces de manejar sus emociones de manera constructiva. Entonces, estos niños tienden a ser más agresivos a corto y a largo plazo, y contribuyen con un ciclo de violencia dañino. Las escuelas tienen un papel importante en lo que se refiere a frenar este ciclo, ya que tienen el potencial de estar en ambientes seguros donde los niños pueden aprender a ser ciudadanos activos que conviven en paz con el prójimo.

Por otro lado, el papel de los negocios también será fundamental. ¿Cómo puede el sector privado impulsar el fin del conflicto, lograr la paz y mantenerla? La participación corporativa en centros de postconflicto es esencial para alcanzar la paz sostenible, ya que las víctimas y perpetradores de la violencia deben volver a incorporarse a la sociedad. Por esta razón, se necesitan alianzas sólidas entre el sector privado, el gobierno, las organizaciones internacionales y la sociedad civil. Para contribuir con la recuperación económica en nuestro país, Colombia necesita fomentar inversiones privadas en antiguas zonas de conflicto, y crear oportunidades de empleo para todos los ciudadanos afectados.

Se tiene que garantizar un modelo de justicia transicional ya que las partes interesadas del sector público y privado están dispuestas a acoger el proceso de paz. El modelo, formado específicamente para el contexto del conflicto en Colombia, necesita incluir actores nacionales e internacionales, de diferentes sectores como la academia, la justicia internacional, y las partes armadas y desarmadas del conflicto. Y, lo más importante: se tiene que hacer una distinción entre justicia y paz.

Por el lado legislativo del proceso, la ley también tiene un papel primordial en nuestro escenario postconflicto. Colombia ha vivido muchos conflictos en los últimos 60 años, y durante estos varios conflictos ha habido un factor en común: la víctima.

El país ha visto más de 200.000 muertes violentas; 4 millones de ciudadanos desplazados y los grupos armados han robado millones de hectáreas de agricultores.

Hasta el 2011, los varios intentos para construir la paz básicamente ignoraban a las víctimas y se centraban en los participantes armados. Hay que compensar a las víctimas y darles la oportunidad de empezar a realmente vivir después de la violencia que sufrieron. En este sentido, la inclusión social de aquellas personas con discapacidades también se convierte en un factor clave en una sociedad pacífica. Las pérdidas y los ciudadanos discapacitados son una consecuencia natural del conflicto, y una reintegración completa y efectiva de todas las personas debe ser un derecho de todos los colombianos.

El crecimiento económico sostenible sin duda va a contribuir a facilitar el proceso de paz, al ir desde la pobreza y la guerra hacia la prosperidad y el desarrollo económico. Pero, ¿cómo se puede innovar la economía colombiana para garantizar que se alcancen las metas de desarrollo sostenible post 2015? El proceso de paz en Colombia crea retos y oportunidades económicas para el país y la comunidad internacional. El gobierno ha estado invirtiendo 3% del PBI en defensa para combatir grupos ilegales. Con el actual proceso de paz, el gobierno podría transformar estos recursos en inversión productiva con un alto retorno para nuestra sociedad. Esta transición no es fácil ya que la innovación y la productividad son resultado de inversiones estratégicas.

Y por último, la pieza clave de nuestro sueño será la reconciliación en la sociedad. No hay paz verdadera sin perdón y sin reconciliación. El caos causado por esta larga guerra despiadada de seis décadas nos ha afectado a todos los colombianos, si no por una tragedia personal, por lo menos en forma de dolor compartido. Miles de madres, padres, hermanos, hermanas y amigos han muerto, han desaparecido, han sufrido, han sido abducidos y han sido desplazados. Durante más de seis décadas, millones de colombianos han vivido con miedo, rabia, resentimiento y dolor.

Hasta ahora la paz se ha reducido a una noción política, un mero concepto. Sin embargo, es un camino que requiere que la sociedad actúe, incorpore prácticas culturales no violentas y transforme las dinámicas psicosociales que validan y recrean conflicto. La paz no se trata de los camuflados, ni se trata sólo de armas. Se trata también de la desigualdad, los hambrientos y los apáticos. Es un proceso de construcción colectiva y no será una realidad hasta que no sea algo social. Antes de logrado, un tratado es apenas un pedazo de papel y la palabra “paz” no es más que una palabra.