¿Un robot podría reemplazar mi trabajo? Los temores acerca del impacto de la tecnología en el mercado laboral no son nada nuevo. Mucho antes de que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) naciera en 1919, los luditas fueron un grupo de trabajadores ingleses del inicio del siglo XIX que destruyeron máquinas textiles que reducían la mano de obra y que estaban reemplazando sus puestos de empleo.

La ansiedad de que las máquinas podrían eliminar millones de puestos en nuestros lugares de trabajo globalizados es verdadera, y llega en un momento en el que la economía mundial ya está enfrentando una importante crisis de empleo. La brecha del empleo en los países del Grupo de 20 es de aproximadamente 54 millones y podría aumentar hasta más de 60 millones para el año 2018, a menos que las tendencias actuales de crecimiento mejoren.

La tecnología ha reducido la labor requerida para la producción masiva y está vaciando el mercado laboral aún más al automatizar incluso tareas legales y de contabilidad rutinarias. La robótica está logrando grandes avances en la manufactura: cada año se incorporan 200,000 robots industriales y se espera que un total de 1,5 millones lo hagan este año (2015).

Tecnología digital, lugar de trabajo humano

Tanto como para las naciones desarrolladas como para aquellas en vías de desarrollo, está claro que la globalización adquiere velocidad, añadiendo más cadenas de suministro que operan en entornos normativos más complejos con borrosas fronteras geográficas, y que ningún país puede ignorar el mundo digital sin quedar fuera de la economía mundial. ¿Cómo podemos mantener la dimensión humana en un mundo de trabajo donde los robots están a cargo cada vez más? ¿Cómo podemos adaptar el mercado laboral de la mejor manera y crear trabajos dignos?

De manera esencial y crucial, debemos anticipar los cambios tecnológicos por venir y abordar el desajuste de la educación y las destrezas en los mercados laborales. Un tercio de los empleadores encuestados en todo el mundo se quejan de no poder conseguir a las personas con las destrezas adecuadas para ocupar las vacantes existentes.

Debemos construir puentes sólidos entre el mundo del trabajo y aquellos que proporcionan la capacitación, de tal manera que las destrezas correspondan a las necesidades del mercado. Esto no es sólo un asunto de política pública. Los empleadores y los sindicatos deben tener una mayor responsabilidad en la inversión en las destrezas al reunirse con capacitadores y legisladores. Sus charlas deben estar nutridas por la información del mercado laboral, los servicios de empleo y los exámenes de rendimiento.

La educación y las destrezas adecuadas para los países en todo nivel de desarrollo aumentan sus capacidades de innovar y adoptar nuevas tecnologías. Esto determina la diferencia entre el crecimiento incluyente y el crecimiento que deja fuera a grandes segmentos de la sociedad. Una fuerza laboral que se ha capacitado apropiadamente y que puede continuar aprendiendo aumenta la confianza de inversionistas y, por ende, el crecimiento de empleo.

La relación empleado-empleador ha cambiado

Los cambios son inherentes en la naturaleza misma de la relación que tenemos con un empleador. Cada vez más a los trabajadores que ingresan al mercado laboral se les ofrecen contratos a corto plazo o temporales, y a menudo se les obliga a aceptar empleo informal o a emigrar por cuestiones de trabajo. Esto está exacerbando las tendencias hacia las desigualdades de ingreso.

Más allá de capacitar a los empleados para la era digital, las economías sostenibles requieren protecciones para los trabajadores, tanto en los buenos como en los malos tiempos. Junto con sistemas adecuados de prestaciones de desempleo, las protecciones sociales, como la atención médica y las pensiones, forman la base de una seguridad general para el trabajador y para una economía saludable. Y, no obstante, hoy día sólo el 20% de la población mundial cuenta con una cobertura de seguridad social adecuada y más de la mitad no tiene cobertura del todo.

Se ha comprobado que la protección social puede funcionar como un amortiguador para mitigar los efectos de las crisis económicas. La OIT también aboga por niveles mínimos de protección social como aparecen en sus Recomendaciones 202 respecto al bienestar nacional de protección social.

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¿Valores posdigitales?

Los valores establecidos del “mundo predigital”, que están codificados en los estándares de trabajo de la OIT, siguen aún vigentes en la era posdigital. Se vuelven de hecho más relevantes si la relación tradicional de empleado-empleador se erosiona cada vez más en el futuro.

Estas complejidades en evolución del mundo laboral requerirán soluciones complejas. Es por eso que el año pasado lancé la iniciativa del OIT “el mundo del trabajo” para tratar de proporcionar un entendimiento basado en los hechos para definir las tendencias del futuro y para debatir sobre qué debe hacerse para establecer el mundo posdigital que todos queremos.

Nuestro mundo ha cambiado vastamente durante el último siglo y no sólo debido a la tecnología. Para 2050, la población mundial superará los 9 mil millones de habitantes. El número de personas de 60 años o más se habrá triplicado. Tres cuartos de las personas mayores estarán viviendo en los que son ahora países en vías de desarrollo y la mayoría serán mujeres.

Cerebro humano, fuerza humana

Este nuevo contexto demográfico tiene implicaciones profundas para los mercados laborales, los sistemas de seguridad social, el empleo y el desarrollo económico.

A pesar de todos los avances que hemos logrado desde la época de los luditas, estamos de regreso ante la simple verdad de que las máquinas fueron y siguen siendo construidas por el cerebro y la fuerza humanos. Ahora y en el futuro, la economía digital debe ser sostenible y debe construirse sobre el empleo decente que les ofrezca dignidad a los humanos. Dicho trabajo es productivo y ofrece ingresos justos, seguridad en el lugar de empleo y protección social para los hombres y mujeres y sus familias.

Autor: Guy Ryder es director general de la OIT.

Imagen: REUTERS/Rick Wilking