El rol que juega la libertad de expresión en el fortalecimiento de la democracia es indiscutible. Un ser humano que no tiene la posibilidad de expresarse con plena libertad, pierde elementos que son intrínsecos a su naturaleza como individuo y a su dimensión social para poder convivir en comunidad: su derecho a informarse, a conocer a profundidad, a debatir y a cuestionar o tomar posición frente a la realidad de su contexto.

En una región como América Latina, con conflictos en su mayoría históricos y continuos, la voz de los ciudadanos, capaces de controlar el ejercicio del poder y de garantizar procesos de fiscalización diferentes a los de los sistemas tradicionales, se convierte en un contrapeso necesario ante fenómenos como la concentración de poder y la corrupción.

En 2013, durante el foro organizado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en Bogotá, se hizo un especial análisis a la manera en la que algunos gobiernos de la región han quebrantado la libertad de expresión. Y aunque no pretendo ahondar en ejemplos puntuales, los resultados de estos análisis sólo pueden ser descritos como alarmantes: las acciones del crimen organizado, el narcotráfico, los gobiernos autoritarios y la impunidad, son las mayores amenazas a la libertad de expresión en Latinoamérica

Lo cierto es que, como lo explican los reportes de Comunicación e Información de la UNESCO, aunque nuestra región ha sido testigo en el último decenio de la adopción de leyes de libertad de información en un buen número de países, el caso de América Latina sirve para ilustrar las enormes dificultades con las que se encuentra la aplicación de la legislación sobre libertad de información, entre ellas el establecimiento de mecanismos adecuados que permitan el acceso a la información de manera oportuna.

Mucho más allá de las diferentes disposiciones constitucionales, legales y/o reglamentarias que protegen y regulan el ejercicio del derecho a la libertad de expresión y del acceso a la información, este es un tema complejo que no debe ser generalizado, ya que cada país enfrenta condiciones particulares conectadas a sus entornos. Sin embargo, y no es secreto que, en Latinoamérica se siente una pesada bruma al listar, incluso de manera general, las consecuencias de las mordazas que nuestros gobiernos imponen diariamente: jóvenes aprisionados por protestar; ciudadanos atacados por marchar; periodistas asesinados por preguntar; secuestros, persecuciones y amenazas: todo esto es el pan de cada día en nuestros países.

Toda moneda tiene dos caras, y en Latinoamérica somos justamente los jóvenes quienes hemos decidido, por convicción, por pasión y por nuestro espíritu transformador, poner en evidencia ante los ojos del mundo las realidades que los poderosos pretenden ocultar. Pero nuestra generación, emprendedora por naturaleza, curiosa e innovadora, ha buscado mecanismos pacíficos para generar cambios necesarios en nuestra región, teniendo como primer principio la transparencia. Así, utilizamos innumerables herramientas, como el arte y la tecnología, para alzar nuestras voces, buscando cumplir una de las tareas pendientes más importantes en nuestros países: la libertad que todo ser humano debe tener para expresarse.

Siendo uno de los brazos fundamentales de la democracia, es necesario que los gobiernos, los organismos de la sociedad civil y los ciudadanos en común, propendan por la estructuración de unas reglas claras y transparentes en torno al ejercicio de la libertad de expresión. Los derechos humanos no sólo se violan en épocas de conflicto: esto sucede también en el día a día. En Latinoamérica los autoritarismos continúan creciendo, y debemos hacerles frente inmediatamente. Poco importan los adelantos, de cualquier tipo, que una región pueda tener, si estos suceden en detrimento del bienestar de sus habitantes. Hoy y siempre esta debe ser la primera y más importante tarea.

Autora: Raaida Mannaa es periodista y productora. Con el respaldo de la Asociación International de Esfuerzos Volunatarios (@IAVE), Raaida lidera el desarrollo Global Youth Volunteers (@GYVolunteers) y es miembro de la comunidad Global Shapers del Foro Económico Mundial.

Imagen: REUTERS/Marko Djurica